Editorial & Opinion

El giro chino

Jaime Barba / REGIÓN Centro de Investigaciones

martes 10, diciembre 2019 - 12:00 am

Aunque el primer movimiento de las relaciones con China lo realizó el gobierno anterior, un año antes de su cierre, ha sido la presente gestión gubernamental la que ha capitalizado con creces los beneficios de aquella iniciativa. Y siempre, como ya es habitual, al mejor estilo pugilístico-político que bien podría calificarse como de rabitt punch.

¿Ha sido oportuno y beneficioso el periplo presidencial por el mundo-mundial? Por supuesto que sí. Sin embargo, hay que ver con detenimiento, más allá del sempiterno efecto publicitario del asunto, cómo es que se ha dado este giro chino y sobre todo las implicaciones que comporta.

Lo cierto es que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, que estuvo 10 años al frente del Órgano Ejecutivo, debió haber arrancado en junio de 2009 con esto de las relaciones con China y no como lo hizo, al final y en un marco de desgaste político. Ahora le tocará ver de lejos el jaleo.

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Lo que debe señalarse, para comenzar, es que, en 2018, por estas fechas, la posición del aquel entonces candidato presidencial, era muy distinta: cargada de epítetos ofensivos y adornada con retórica de la guerra fría. Solo la mala memoria ciudadana y la premeditada sordera diplomática de la parte china han obviado este pequeño detalle que, sin embargo, retrata el proceder político de quien ahora, por voto popular, conduce el presente gobierno.

Un año después, ambas partes están, como se dice, con los cachetes embarrados, lanzando elogios y ditirambos, que son parte de un protocolo rutinario más que una genuina admiración mutua. Quizás ya nadie recuerda cuando el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, en 1972, fue recibido por las autoridades chinas, encabezadas por Mao Tsé-Tung (después la grafía se cambió por Mao Zedong), y fue colmado de halagos y rendibúes, sin saber que el 9 de agosto de 1974 renunciaría a la presidencia de los Estados Unidos al reconocer su participación en el escándalo de Watergate.


No es solo un asunto de soberanas relaciones diplomáticas el que está puesto en escena. Sería una imperdonable ingenuidad creer que un pequeño país periférico, como es El Salvador, pueda establecer vínculos en términos de igualdad con una gran potencia mundial, ‘la gran potencia mundial de nuestro tiempo’, si cabe, como China. Como quiera que se le vea entre El Salvador y China prima el dilema del prisionero, y lo que hay es un cuadro de toma y daca (que viene de su expresión original en inglés: ‘tir for tat’, y que significa más o menos eso de toma y dame acá).

Que El Salvador reciba la cooperación no reembolsable anunciada más otros apoyos técnicos no es a cambio de reconocer que solo hay una China. ¡Es que solo hay una China! Además, China no necesita el respaldo político de El Salvador. El proceder de una gran potencia mundial es geoestratégico, y paremos de contar.

Lo otro que debe anotarse es que la actual agenda del gobierno norteamericano para América Central tiene a la cuestión migratoria y al tema de seguridad como sus prioridades, y no hay margen, por ahora, para otra cosa. De hecho, los dos Fomilenio que en estos últimos 10 años materializaron la cooperación norteamericana no reembolsable han llegado a su fin. Por mucho que el presente gobierno salvadoreño exprese su alineamiento político sin tapujos con la gran potencia del norte de América (no es el primero, claro, el 14 de octubre de 1987 el presidente demócrata cristiano, José Napoleón Duarte, besó la bandera norteamericana en los jardines de la Casa Blanca, y en presencia de Ronald Reagan) y se tire al lance, quizá sin que nadie se lo pida, contra el régimen venezolano, lo cierto es que los Estados Unidos no están en condiciones de revalidar su cooperación no reembolsable para El Salvador.

Si se examina con cuidado el presupuesto general de la nación para 2020 (que por cierto aún no ha sido aprobado por la Asamblea Legislativa), resulta que no hay ninguna inversión estratégica en infraestructura, y lo que ahora implementará la cooperación no reembolsable china viene a complementar el quehacer gubernamental. Empero, hay que advertir que no se trata de algo instantáneo. Debe haber estudios previos de factibilidad, diseño de las obras, análisis de suelos, estudios medioambientales, proyecciones de suministros de materiales, entre otros aspectos, antes de comenzar a poner la primera piedra. Y después vendría la parte constructiva (del nuevo estadio, de la nueva biblioteca nacional…), y esto podría demorar un año y medio o tal vez más. En fin.

¿Y mientras tanto qué?




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