Editorial & Opinion

El glorioso 10 de agosto 2019

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 20, agosto 2019 - 12:00 am

El 10 de agosto de 2019 no fue un día cualquiera para El Salvador. Ese día fue histórico porque  tres salvadoreños se vistieron de gloria y llenaron de orgullo a todo un pueblo que de vez en cuando nos merecemos estar felices en medio de tanta inseguridad. Hicieron sonar el Himno Nacional en tierra extraña para que lo escuchara el mundo entero.

Roberto Hernández, Yuri y Rodríguez y Paulina Zamora ganaron sendas medallas de oro en los Juegos Panamericanos Lima 2019, en las disciplinas de tiro con arco y físicoculturismo, respectivamente. Aquel sábado lamayoría de salvadoreños estuvimos frente al televisor para ver en vivo la gesta de Hernández. Más tarde nos dimos cuenta que también Rodríguez y Zamora se bañaron en oro y nos hicieron subir hasta el puesto 15 de la competición.

Días antes Bryan Pérez, en la disciplina del Surf, nos había dado la enorme felicidad de una medalla de bronce. Los cuatro medallistas salvadoreños ganaron en deportes que debutaban en los juegos panamericanos, lo cual es trascendental y nos lleva a la reflexión que en el país, pese a las dificultades, hay talento.

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Antes que estos cuatro atletas ganaron medallas, El Salvador poseía 25 medallas en la historia de los Panamericanos. Apenas una de oro que fue lograda por la marchista Cristina López, en los juegos de Río de Janeiro 2007. Hoy ya son 29, de las cuales cuatro son doradas, nueve de plata y 16 de bronce.

Los próximos Juegos Panamericanos se celebrarán en Santiago, capital de Chile, en 2023. El reto salvadoreño es superar los efectuado en Lima 2019 y no solo en deportes debutantes, sino en aquellos tradicionales y en los deportes de equipos.


Desde luego, ganar no es nada fácil, especialmente si se carece de apoyo institucional  y se entrena diariamente sin las condiciones necesarias para un atleta de alto rendimiento. Puede haber voluntad individual en cada atleta o repentinamente puede surgir un fuera de serie (como el “Mágico” González en el fútbol o el “Famoso” Hernández en el boxeo), pero preparar atletas competitivos de alto nivel implica un proceso sistemático que a la vez requiere apoyo financiero e interinstitucional.

Por eso no sería nada malo que en agradecimiento  y reconocimiento a los cuatro medallistas de Lima 2019, especialmente a los ganadores de las medallas de oro, la Asamblea Legislativa, por iniciativa popular, declarara el 10 de agosto como el Día Nacional del Atleta Salvadoreño. Sería una manera de rendirles, tributo y  gratitud y de inmortalizar la gesta deportiva, pero sobre todo sería una forma de comprometer al Estado a apoyar al atleta nacional en todos sus niveles, especialmente al de alto rendimiento.

Lo logrado en Lima 2019, casi que fue el esfuerzo individual de los atletas que lograron las medallas. Viajaron con el mínimo apoyo, pero demostraron pundonor y se tuvieron fe. Desde lo más profundo de su ser sacaron la casta y el amor por la patria.

Hernández, Rodríguez, Zamora y Pérez ya cumplieron con creces. Han pasado a la historia y en competencias venideras pueden bañarse de más gloria. El objetivo lo alcanzaron, pero el ciclo olímpico continúa y para ellos está permitido soñar con triunfos mucho mayores. Nunca hemos ganado una medalla en Juegos Olímpicos, pero si el Estado, la empresa privada y las federaciones se unen al ímpetu y la voluntad de los atletas de alto rendimiento, todo es posible. Si nuestros hermanos centroamericanos han ganado medallas olímpicas, por qué no también nosotros.

Declarar el 10 de agosto como el Día Nacional del Atleta Salvadoreño debería ser mucho más que un homenaje protocolario. Debería de ser una carta de compromisos para apoyar al atleta de alto rendimiento y una responsabilidad de masificar las disciplinas deportivas. Tanto Estado, como empresa privada, dirigentes y deportistas, suman un todo cuyos resultados son los triunfos o la masificación.

A través del deporte (cuerpo sano) los jóvenes desarrollan una mente sana. Se proyectan como ciudadanos de bien y cultivan valores como la limpia competencia, la solidaridad,  la amistad, el respeto y la honradez deportiva. Si queremos alejar a nuestros niños y jóvenes de los malos caminos, fomentemos el deporte con más y mejores canchas y el apoyo incondicional desde el Estado.

Roberto, Yury, Paulina y Bryan ya aportaron lo suyo a la patria… Hoy los demás aportemos al deporte de alta competencia y a su masificación apoyando a nuestros atletas en todos sus niveles.




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