Editorial & Opinion

El matrimonio, una institución no sexual

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 21, agosto 2019 - 12:00 am

Los seres humanos somos gregarios, no está en nuestro diseño el vivir solos, aislados, necesitamos de los demás, se vuelve necesario unirnos y expresarnos con sentimientos y afectos, por ello cuando hablamos de unir a las personas existen diferentes lazos jurídicos voluntarios como las sociedades anónimas, las afiliaciones partidarias, las membresías de asociaciones, etc...

Todos tienen una base jurídica que norma, limita, establece lo que hará cada parte de esa unión respecto a la nueva figura jurídica, tanto para sostenerla como para mejorarla. Pero existe otro mecanismo, el matrimonio, uno muy particular de unión que sirve para unir a dos, ese es su diseño, el matrimonio une a dos por tiempo indefinido de modo tal que de esa unión pueda surgir la vida, se posibilite la mezcla genética y se desarrollen nuevos seres humanos, con características compartidas con sus progenitores, seres que prolongan dichas características en el tiempo y a su vez sean multiplicadores infinitamente de la raza y cultura humana; de tal manera que el matrimonio aunque tiene condiciones jurídicas que le dan soporte, es mucho más que solo la unión de dos que lo han decidido, que se han gustado físicamente o que se han disfrutado sexualmente, es más que la capacidad de trasladar beneficios financieros y de seguridad social.

En base a lo anterior se aclara que el matrimonio solo puede ser para unir dos: un hombre y una mujer así nacidos, que se unen frente al estado, primero para garantizarse mutuamente que la otra persona es apta, capaz y que no tiene otra responsabilidad previa, segundo ponen al estado como testigo y garante de que esa unión tiene fines positivos, que ninguno está violando la ley para tomar su decisión, los dos contraen en acto legal, compromisos como la fidelidad, el respeto, el cuido de los hijos y la administración conjunta de bienes y ganancias, de tal manera que la unión de dos se convierte en una institución que dirige el futuro de la sociedad, la unión de estos dos crea la familia y del conjunto de familias se conforma la sociedad, de tal manera que cualquier cambio en la institución del matrimonio impactará en la configuración de la sociedad, su comportamiento, su visión, sus valores, sus principios, su educación , trabajo, relaciones, por ende de ello dependerá el bienestar de todos sus miembros.

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El matrimonio tiene como punto de partida la atracción física, la relación de amistad, compañerismo y cercanía íntima entre el hombre y la mujer, pasa por la atracción sexual, el deseo, la necesidad y disfrute sexual de la pareja, para posteriormente establecido el matrimonio y atreves del tiempo concluir en que lo más importante es la relación humana entre los miembros de la familia, quedando lo sexual en un segundo plano, porque el compromiso ante la ley y ante la pareja es vivir y compartir en las buenas y en las malas, cuidar uno del otro en la salud y en la enfermedad, en la riqueza o la pobreza, etc..

Lo que implica que el sexo pasa a menos para que pase a más, esa unión íntima entre esposos e hijos, una vida de principios, de valores, de educación, de construcción de nuevos seres humanos que sean mejor que aquellos que les engendraron y que multipliquen los recursos de su nuevo ADN.


¿Pero y si son dos del mismo sexo los que se casan? Primero la multiplicación de la sociedad se detiene, no hay mezcla genética, no hay multiplicación de la herencia familiar, no hay mejora social, lo único que se valida es la unión de una pareja cuya atracción sexual los acercó, se legaliza una relación por preferencia sexual y se le da un derecho que no  llena lo que del matrimonio se necesita: crear nuevas familias, sostener principios, crear estructura social. Ante esa imposibilidad viene luego el “derecho de adopción” con el que parejas homosexuales exigen formar familias, desconociendo que el derecho real no es de ellos sino de los menores a tener una familia y a un padre y una madre reales, que les den no solo cobertura material sino ejemplo para formar luego nuevas familias, lo cual se pierde porque los roles son sustancialmente cambiados por hombres que pretenden ser mujeres y (o) mujeres que pretenden ser hombres o peor aun forzando por emulación a la homosexualidad a quienes deberían crecer con plenitud natural.

La homosexualidad ha existido siempre, por lo menos así parece, igual que la prostitución, el alcoholismo y los asesinatos, es una conducta que es presente pero no de forma general y aunque exista no se valida como una mejora social, al contrario convertirla en hecho general golpea la simiente social y pone en riesgo la perpetuidad de la humanidad y de la familia. El abrir el matrimonio a personas del mismo sexo abre además la exigencia de otros con otras preferencias a exigir el mismo derecho y pondremos albarda sobre aparejo a tan complicada sociedad del futuro.




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