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Editorial & Opinion

El modelo de Vietnam

Carlos Manuel Echeverría E. / Exembajador de Costa Rica en El Salvador

sábado 22, septiembre 2018 - 12:00 am

El Foro Económico Mundial (WEF, siglas en inglés), recién publicó un artículo alabando el vertiginoso crecimiento económico de Vietnam (https://www.weforum.org/agenda/2018/09/how-vietnam-became-an-economic-miracle/), que me parece vale la pena comentar.

Ciertamente, el Vietnam después de la pavorosa guerra fratricida en la que al final terminó derrotando a los Estados Unidos, no porque haya sido más fuerte militarmente que éste -aún las potencias militares tienen límites en cuanto a la intensidad de su accionar y los costos que pueden asumir-, pero sí por su pundonor y capacidad organizativa. Para la guerra y para el crecimiento inicial, el modelo “dirigista”, de autoridad vertical, libertades severamente restringidas y planificación centralizada propio de los esquema leninistas (tengo mis dudas de que Marx hubiera apoyado ese tipo de modelos), funciona bastante bien, pues la economía es sencilla, no requiere mucha emprendeduría y siendo escuálida, solo para arriba puede ir.

Los vietnamitas comprendieron que para crecer es necesario el liberar las fuerzas creativas y el desarrollar la motivación necesaria en los agentes económicos privados, grandes y pequeños, acompañada aquella de una confianza recelosa pero confianza al fin, para que se convirtieran en la fuerza que dinamiza la economía en la construcción del progreso sostenible y sostenido, que es a lo que todas las sociedades conscientes y compactas han de apuntar.

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El estado con su aparato estatal y su capacidad de proyectar las variables de la acumulación y el ahorro, la producción, el consumo y el desarrollo científico y tecnológico, marca la pauta y da el soporte necesario, por la vía de sus empresas públicas y un aparato de planificación vigoroso y posiblemente, bastante intrusivo, lo que no es de mi agrado, debo confesar. Vietnam sigue siendo un país autoritario, lejos de ser una democracia.

Para sociedades como la salvadoreña o la costarricense, los dos países donde la democracia está funcionando mejor en Centroamérica, el reto está en lograr crecer 6-7%  respecto al PIB anual, como lo ha venido haciendo Vietnam, planificando estratégica y participativamente sí, pero además, en democracia pluralista, pues es ella la que respeta y promueve las libertades, la que le da al Ser Humano, educado y formado para ello, la posibilidad de desarrollarse plenamente como persona; para el Ser Humano, la oportunidad de ser dueño de su propio destino mediante el ejercicio pleno de sus derechos ciudadanos,  es fundamental dentro de esa lógica.


Cada día lo anterior lo entienden mejor y lo interiorizan más los ciudadanos, sean de izquierda, centro o derecha, aunque todavía quedan actores políticos, en la izquierda y derecha, que siguen pensando en esquemas autoritarios y verticalistas, así como corporativistas o de planificación centralizada en cuanto a la producción y las decisiones de consumo de bienes y servicios. Eso hay que irlo dejando atrás; no funciona cuando de construir una Nación, un Estado moderno, se trata. En una democracia funcional, sin embargo, los cambios de actitud deben darse por convicción, nunca por imposición y jamás ser cínico aprovechando para manipular la democracia, gracias a los espacios intrínsecos a ella.

Tengo la convicción de que los actuales candidatos a la presidencia de El Salvador, están comprometidos de todo corazón con la democracia occidental, con todo y sus defectos el mejor sistema, como decía Winston Churchill. El que sea presidente por la voluntad de la mayoría ciudadana, no dudará entregar el poder a quien venga, aunque sea de otro signo político, si así lo decide la ciudadanía y como decía Montesquieu: dará todas las facilidades a sus adversarios para que externen sus opiniones sin temor alguno y para ser analizadas.




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