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Editorial & Opinion

“El odio de clases”, creo que ya lo entendí

Dr. Eduardo Lovo / Médico neurocirujano

jueves 7, febrero 2019 - 12:00 am

Los cuarentones para arriba, o sea los de Facebook, parecemos estar en un luto colectivo después del 3F y con justa razón, se siente que vino una ola y nos condujo a la obsolescencia política. “PXPL y El Pueblo Unido Jamás Será Vencido” son ahora parte de la historia, cualquier cosa que resurja de ellos será diferente a lo que conocimos. Pero no es del fenómeno sociológico político del que quiero hablar sino del “odio de clases”.

Yo nací creyendo que los de izquierda (guerrilleros o terengos como les decían) promovían el odio de clases, una especie de enemigo inserto en el pueblo, gente mala que quería adueñarse de los que otros habían trabajado (llamaré esto visión de arriba-abajo), por supuesto habían otros que lo veían igual solo que al revés: gente que se quiere adueñar o explotar lo que otros han trabajado, pero de abajo-arriba refiriéndose a la oligarquía o a los ricos. Al final una trampa filosófica, que ayudó a alimentar el miedo entre nosotros, dos visiones completamente distintas sobre un mismo fenómeno. El miedo conduce al odio y el odio genera más odio.

Esta trampa filosófica son los comentarios sobre cómo el próximo presidente dentro de los muchos males que traerá al país, promoverá “el odio de clases” y a ellos les ruego por la futura paz en El Salvador y si gozo de alguna credibilidad entre ustedes: Deténganse inmediatamente.

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El sentido de pérdida para nosotros los cuarentones nos esta llevando al “odio de clases” de arriba-abajo, el creer que casi un millón 400 mil salvadoreños votaron engañados, son tontos o ninis, jóvenes que no conocen de esforzarse y otros calificativos es simplemente arrogante y discriminatorio como muchas actitudes que solemos tener los viejos a pesar de que se supone hemos de ser más sabios.

Jamás he experimentado humillación o enojo de aquellos que económica o intelectualmente se podrían catalogar más bajos a mí; sin embargo, yo sí he humillado y actuado mal en contra de aquellos a los cuales les he llevado alguna ventaja. He sido testigo toda mi vida de deformaciones mentales de creerse más que los demás, llamar a alguien “indio” para insultarlo, gabana, cholera, pareces marero, nannys, cachimberos para referirse a los empleados o hablar en otros idiomas frente a ellos como si no entendieran o peor, como si no existieran. De acá surge el “odio de clases” de los cuales algunos temen. ¿Ahora qué? ¿Veremos a los jóvenes como culpables de nuestra inacción, de nuestra ineptitud o complicidad con todo aquello que ha dañado a El Salvador en los últimos 30 años?


Yo no pretendo sentarme a ver qué hace el nuevo presidente, deseando que fracase. Ya he perdido muchos años haciendo eso y no me estoy poniendo más joven, en cinco años seré cincuentón y si no llega el que quería en las próximas ¿Esperar otros cinco más? Pues mucho ayuda el que no estorba, si no estamos dispuestos a construir un país buscando tender puentes con los que son diferentes a mí, por lo menos dejemos de insultar, hay mucha brecha por cerrar y un presidente, no lo podrá hacer solo.

Para aquellos que creen que con generar trabajo y pagar impuestos hacen bastante, esto lo hacemos muchos ya, pero nuestro país nos está pidiendo más, nos pide humildad y sacrificio hacia los demás.

¿Y qué pasa si el presidente se corrompe? Lo dije en TEDx: “Queramos tanto, tanto a nuestros vecinos para no quedarnos callados y seamos ‘incómodos’ como miles de astillas entre sus manos”.




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