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El pasado desconocido del payaso Pizarrín

ESPECTÁCULOS

jueves 18, octubre 2018 - 12:13 pm

Fotografía: Cortesía

El querido payasito que marcó- junto con sus compañeros Prontito, Chirajito y Tío Periquito-, la niñez de muchos salvadoreños, a través del programa Jardín Infantil, continúa en el hospital, luego de haber sufrido un derrame cerebral el pasado domingo 7 de octubre.

#Todavianotevaspapito es el hashtag con el que familiares y amigos están enviando sus mensajes de apoyo en redes sociales para Pizarrín, reconocido como “Distinguido Artista de El Salvador” por la Asamblea Legislativa en 2012.

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Heredero del don de hacer reír a las personas por parte de su padre, el payaso Pelele, que actualmente tiene 118 años y de su madre María Ester Muriel, de ascendencia guatemalteca, su infancia transcurrió entre risas y el olor a algodón, palomitas y churros españoles.

Sin embargo, según datos que maneja el Ministerio de Cultura, en 1979, Carlos Sandoval cambió de mentalidad. Su tierra empezó a convulsionar en el ámbito sociopolítico. Trabajó en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) y durante su estadía sintió la responsabilidad de defender los derechos de los salvadoreños. A él no le gustó ver cómo su gente sufría y era torturada, por ello quiso unirse a la guerrilla.


También, llevaba alegría a los centros escolares y cuarteles. Cuenta cómo en algunas ocasiones disfrazó de payasos a integrantes de la guerrilla y los ayudó a trasladarse por el país.

Sandoval se involucró en grupos, charlas y manifestaciones, hasta que en una marcha fue capturado. Estuvo dos semanas en un sótano, desnudo y con las manos atadas. Le preguntaron constantemente la ubicación de las armas de la guerrilla, pero él desconocía el dato. Golpes, sumersión en el agua y choques eléctricos fueron algunas de las torturas que sufrió.

El artista recuerda que en una ocasión, metieron su cabeza a un barril con agua y le preguntaron: ¿Dónde están las armas? y durante esos instantes, él pensó en un chiste: “Metan otro buzo, porque yo no las veo”.

Pero la experiencia que vivió en aquel oscuro sótano no lo debilitó. Sandoval sintió más fuerzas para luchar por su pueblo y sin embargo, Dios tuvo otro plan para él: Pizarrín venía en camino.

En ese andar, Pelele pidió a su hijo que le ayudara a formar el Sindicato Gremial de Artistas Circenses, por lo que una noche, los payasos del circo dejaron la función para formar el sindicato. Ese día en que los colegas de la risa se reunieron, el circo quedó vulnerable y la función debía continuar.

Al ver la necesidad de proseguir con el espectáculo, Sandoval tomó la decisión de salir al escenario como payaso.“El muerto” y “Por delante y por detrás”, fueron las actuaciones con las que Pizarrín despertó en Carlos Sandoval.

Antes de que la función terminara, Pelele, junto a Prontito, Pepe Calabaza, Chilillo, Frijolito y el payaso Cocoliche, llegaron al circo y vieron a Carlos Sandoval actuar: “Ya te quitaron el puesto viejo”, “Tú que decías que Calín no sería payaso”, fueron algunas de las frases que, entre risas, los colegas le dijeron a Pelele al cierre de la función.

Pero a Pelele no le pareció ver a su hijo en el espectáculo e hizo sentir su descontento a Carlos y a los demás payasos; sin embargo, los colegas carapintada se rehusaron a no nombrar artísticamente a Sandoval y propusieron varias opciones, entre esas, Guacalito y Pizarrín.

Sandoval pensó en toda la ropa y objetos que la gente lava en los guacales, por lo que con una voz firme manifestó que jamás se llamaría así y cuando el rey de la risa escuchó a su hijo decir con carácter “no” vio un futuro brillante en él y cambió de idea.

El 30 de noviembre de 1979, Carlos Sandoval nació como payaso luego de ser bautizado como Pizarrín por sus colegas. Él sintió cómo la vida fundió un maravilloso destino entre el personaje y su persona, destino que para Sandoval sería protegido por su ángel de la guarda, la alegría.

Tras ello empezó a buscar formas de hacer reír a la gente y así fue como imitó las expresiones que hacen los personajes de la película “El libro de la selva”.

Así también, en una de sus funciones en Guaymango, municipio del departamento de Ahuachapán, encontró la risa ideal para alegrar a los niños cuando escuchó a una mujer reír entre el público. Según Pizarrín, la risa de la señora era más graciosa que los chistes que contó.

Desde entonces, él se destacó por su versatilidad en el circo, aprendió malabarismo, a ser trapecista y, por último, a ser payaso.

Pizarrín dio un gran suspiro, previo a decir que en su formación le tocaron las peores cosas que le pueden pasar a un payaso, como: Estrellar huevos y pasteles a su cara, y mojarlo con agua. Además, solía madrugar a las cinco de la mañana para limpiar las gradas, tablas y el escenario del circo.

Unos amigos lo vieron en sus primeras funciones y le dijeron: “Los demás payasos bien vestidos y a vos solo lo malo te toca”. Sandoval sabía que era verdad, pero siguió porque le encantaba escuchar las risas de su querido público.

Aunque fue difícil, Pizarrín despuntó en lo que hacía. Pasó de dar función a 200 personas a presentarse frente a 35 000, recorrió toda Centroamérica, viajó a Venezuela, México y Estados Unidos, hasta que llegó una gran oportunidad a su vida, Jardín Infantil, el programa televiso al que muchos salvadoreños recuerdan con cariño.




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