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Editorial & Opinion

El poder de los indecisos

María Alejandra Trujillo M. / Experta en Gerencia de campañas

lunes 11, febrero 2019 - 12:00 am

La elección presidencial en El Salvador no fue ninguna sorpresa para los observadores de este proceso democrático, el resultado del pasado 3 de febrero ya se había anunciado seis meses antes. En mayo del 2017, recuerdo que analicé el comportamiento de los votantes donde referían que tenían un 39 % de indecisos, 33 % de votos independientes y solo el 1.7 % del nuevo partido GANA.

El panorama del 2018, luego de las elecciones primarias del partido ARENA cambió, el empresario Carlos Calleja abría la puerta a una nueva generación con visión para retomar las banderas del partido de derecha, que estaba huérfano de nuevos liderazgos y con sed de justicia, reclamando a gritos una reivindicación contra el mayor flagelo de la década: La corrupción.

Ni el candidato ni el partido que contaba con un 35 % de intención de voto consolidado en ese momento, supieron leer -entre líneas- la estrategia clara de llegarle a nuevos votantes. Y  para Hugo Martínez, candidato del FMLN, el panorama no era más alentador, su propuesta de oportunidades para los jóvenes no era coherente con la imagen que proyectaba el presidente Salvador Sánchez Cerén, donde todas las encuestas apuntaban a los altos indicadores de insatisfacción, tanto de  gestión como de  liderazgo, techo creado para que cualquiera que fuera por el frente no tuviera ninguna oportunidad.

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Todo esto dio paso a una opción diferente, a un candidato que entendió lo que la gente estaba buscando, una campaña que construyó el arquetipo de candidato ideal para los votantes insatisfechos y que se enmarcó, en una propuesta alternativa, dinámica y joven.

Su primer movimiento estratégico fue desligarse bruscamente del partido que lo llevó a la alcaldía; acción muy bien planeada para generar la percepción que convenía en ese momento, dando el salto a la independencia.


Desde octubre de 2018 las encuestas mostraban una tendencia mínima de crecimiento para el candidato del FMLN , de estancamiento del candidato de ARENA  manteniéndose sobre su voto de base y  con una tendencia de  crecimiento exponencial  del actual presidente electo.

En América Latina, el comportamiento de las últimas elecciones ha demostrado que los ciudadanos no quieren más de lo mismo, ni campañas prototipo; desean encontrar que la comunicación sea bidireccional, emotiva, simple y que el candidato no sea el centro de atracción. La estrategia en una campaña ganadora es hacer que el electorado sea la prioridad.

 

EL “OUTSIDER”

Cuando se concibe la creación de una campaña, lo primero que se realiza durante el planeamiento es saber qué quiere el electorado, cuáles son las realidades y las percepciones de las personas, y encontrar el canal de difusión óptimo.

La manera de hacer política en nuestros países ha cambiado, ya no se imponen las ideas ni se toleran los egos de poder que se elegían bajo la premisa de la obligación de un color o una ideología; es por eso que ahora se deciden los votantes por candidatos y no por el color que lo acompaña, es como el simil de tener novio uno se fija en el que le gusta, en el que le dice lo que quiere escuchar, en el que lo hace sentir especial y todo eso logra en la mente, que sin importar virtudes o defectos, uno se enamore.

El electo presidente Nayib Bukele conectó fácilmente y no fue al azar, fue una campaña metodológicamente programada y ejecutada para ser una campaña para la gente. Usó la principal herramienta de comunicación que se tiene hoy en día y en donde se genera la percepción: el celular. En esta era digital donde se nos permite una comunicación inmediata, no podemos dejar de hacer uso de su facultad y esto con un territorio planificado e innovador , consolida una campaña exitosa.

En las redes sociales el éxito es “conectar”, y sin importar la guerra de noticias falsas constantes, en esta campaña presidencial, la comunicación del Presidente electo fue acertada y se reflejó en las urnas; demostró que el papel preponderante de los seguidores, fue hacerlos parte de la causa y esto solo se consigue hablándoles como ellos hablan, conociendo sus intereses, generándoles emociones, sensaciones, gustos y disgustos.

Mi lectura de la campaña ganadora fue que volvieron a un candidato de izquierda, con un pasado revolucionario en un perfecto progresista de centro, que logró reunir a los votantes indecisos, robarle los votos a los de izquierda y dividir los votos de la derecha.

Y el mejor análisis que se puede hacer de esta contienda electoral es que ganó la insatisfacción de la gente por las malas prácticas de gobiernos incapaces de entender su realidad.

Perdieron tanto los partidos tradicionales que no entendieron la importancia de reinventarse de una forma innovadora para ofrecer espacios incluyentes y con equilibrio, como los candidatos que no supieron conectar con los votantes de una manera efectiva.

Ganó la democracia que en las urnas demostró, que: “En la jungla de cemento no gana el más fuerte sino el más inteligente”, y como diría el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, “Crónica de una muerte anunciada” para los partidos políticos tradicionales en la pasada elección presidencial de El Salvador.




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