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Editorial & Opinion

El presupuesto

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 29, noviembre 2018 - 12:00 am

Se supone que no es un mero trámite o un requisito de la burocracia, es una ley, es el compromiso que adquiere ante la nación la administración pública sobre los recursos que el pueblo entrega para que sea administrado por toda la institucionalidad. El presupuesto por ello se necesita que esté bien financiado y bien estructurado, de tal forma que todos los gastos previstos estén respaldados por ingresos previstos.

Esta ley es la que por los próximos 12 meses debe guiar el gasto público, es la guía para el Ministerio de Hacienda y es una ley que todos deben respetar, mientras más clara y explícita sea sobre el ingreso que sostendrá los gastos podríamos decir es un mejor presupuesto, también lo sería si contemplara las realidades económicas del país, no solo en función de expectativas de gasto, sino en cuanto a lo tangible, esto es lo que aparentemente está haciendo falta y hemos estado los ciudadanos en los últimos años, financiando gasto que no corresponde con lo real de la capacidad de nuestra economía.

El gasto proyectado para 2019 sobrepasa los $6 mil millones, es el equivalente casi a una tercera parte del total de nuestra productividad, nuestro PIB; es decir, que lo que produce el país en un 30 % va para el sostenimiento de la burocracia, entiéndase oficinas, empleos, bienes e insumos para la operación del estado salvadoreño. Lo anterior es una muestra de cómo el tema presupuestario en poco respeta la realidad económica del ciudadano, que en los últimos cinco años ha recibido más de 20 nuevos impuestos para apuntalar dicho gasto, sin que hasta hoy haya una forma de evaluar los resultados obtenidos contra dicha inversión. El presidente Salvador Sánchez Cerén en sus logros 2018 dice que 450 mil personas salieron de la pobreza extrema, pero no dice si pasaron a la clase media o simplemente a una condición de menos pobreza; pero más importante que eso es si la calidad de esa gente podrá seguir mejorando o podrá sostenerse en el tiempo, ya que mucho depende del costo de vida, la inflación y la capacidad de sostenibilidad propia de dichas personas y a decir verdad en relación al empleo generado, es posible que este dato sea solo un espejismo; pero traigo a cuenta esto porque los presupuestos del gobierno tampoco tienen ese sustento, solo se sostienen bajo la premisa de aumentarlo cada año, en un 10 o 20 % cómo que si igualmente nuestro ingreso per cápita creciera en la misma proporción.

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Es lastimoso ver cómo, cada año, el presupuesto aumenta y no hay más excusa en eso que la necesidad de “sostener el gasto social”, es decir, el populismo; tratar de sostener a esas personas que reciben subsidio por la vía de un respirador artificial, ya que no son subsidios con límite y mucho menos focalización. El país está a las puertas de aprobar el presupuesto del próximo año con una deuda acumulada de $18 mil millones y con un déficit de $1,200 para alcanzar el gasto propuesto, es decir, desfinanciado y debe recurrir a más deuda para llenar lo que no puede con el ingreso regular; nuevamente, el Ejecutivo nos entrega un presupuesto que no tiene o que no alcanza a cubrir, pero nos motiva a endeudarnos para no parar la fiesta, igualmente como el alcohólico que sigue la parranda con la tarjeta de crédito cuando ya su salario se lo gastó completo y sus hijos no tienen para comer; pero él sigue prestando y gastando en lugar de frenar su vicio y sus conductas improductivas para darle a sus hijos lo que es realmente importante.

Los salvadoreños debemos tener conciencia que aprobar un presupuesto es condenar nuestro futuro si ese presupuesto es inadecuado, porque lo vamos a pagar nosotros, no ellos; los funcionarios saldrán de casa presidencial el 1 de junio, pero las deudas quedarán para los próximos 20 años cuando menos y, lastimosamente, será pagada con intereses por beneficios no recibidos o ¿puede alguien realmente sentirse beneficiado por la inversión anual que ha hecho cada gobierno en los últimos 50 años? Considerando los niveles de corrupción y el mal uso de los recursos y la poca capacidad de ejecución de los mismos presupuestos en definitiva no.


El presupuesto no puede seguir siendo engañoso, se supone que tenemos otra ley aprobada para que dicho gasto esté mejor controlado; debemos por ello exigir una aprobación consciente de la realidad de los ciudadanos, del crecimiento de la economía y preferiblemente a la baja, porque considerando el resultado del gasto hecho en cada rubro y tomando en cuenta el crecimiento del país, no estamos, como dice el dicho: para tafetanes.




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