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Economía

El Salvador, sin capacidad para suplir demanda china

Maryelos Cea

jueves 18, octubre 2018 - 12:03 am

 

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Dejando de lado el debate político, parece natural que El Salvador decidiera establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China. Con sus más de 1,300 millones de habitantes y una producción nacional que según el Banco Mundial alcanzó $12.238 billones en 2017, China es hoy en día la segunda economía más grande del planeta.

“Los grandes números chinos atraen, pero hay una diferencia entre soñar y la realidad”, afirma Evan Ellis, experto en relaciones de Latinoamérica con China, del Colegio Nacional Militar de Estados Unidos. ¿Y qué sueña El Salvador con el gigante asiático? Suponiendo que las aspiraciones son solo comerciales, las oportunidades son limitadas, concluyen especialistas y empresarios consultados en las últimas tres semanas por Diario El Mundo.


Ellis participó ayer -se cuidó de aclarar que lo hacía a título personal- en un foro de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), en donde se analizaron los eventos que rodearon la sorpresiva cadena nacional del 20 de agosto, cuando el presidente Salvador Sánchez Cerén informó que abrían relaciones con Pekín y cortaban los lazos con Taiwán.

El experto estadounidense considera que los chinos son comerciantes agresivos que utilizan como anzuelo la posibilidad de entrar a su mercado. Y solo los países que tienen la casa en orden, afirma, logran hacer negocios sin perder la camisa. También lo logran aquellos con un plan claro de qué vender, qué sectores estratégicos impulsar con la inversión china y cómo hacerlo.

OFERTA PEQUEÑA Y POCO DIVERSA

Ante la avalancha de críticas por el anuncio del 20 de agosto, la defensa del Gobierno se ha centrado en resaltar las oportunidades de negocios para El Salvador, pero los empresarios conocen sus limitantes. Silvia Cuéllar, directora ejecutiva de la Corporación de Exportadores de El Salvador (Coexport), afirma que China no es un mercado despreciable y no se cerrarán a la posibilidad de hacer negocios. “Pero no es así nomás”, dice.

Una de las primeras barreras, señala Cuéllar, es el desconocimiento del consumidor de ese país y los chinos también lo saben. “Las empresas y el pueblo chino no están familiarizados con productos salvadoreños y por eso es importante reforzar lazos”, dijo Shao Yingjun, subdirectora general de América y Oceanía del Ministerio de Comercio de China Popular, en una conferencia de prensa que ofreció en Pekín, a finales de septiembre, para periodistas salvadoreños.

Luego viene una traba cuya raíz está en problemas estructurales que no permiten a El Salvador aprovechar ningún mercado. Ni el taiwanés, ni el chino: una oferta exportable pequeña y poco diversa.

“Usted piensa en China y empieza a pensar en los volúmenes. El problema de El Salvador es que nuestra oferta exportable no es tan grande”, señala Cuéllar. “Apenas estamos aprovechando el 8 % de nuestros tratados comerciales. Sin incluir China”, indica. O como lo dijo Ellis ayer, los productores salvadoreños no alcanzan a cubrir el mercado chino.

El azúcar es el producto que más se exporta a Taiwán y también a China Popular, representando el 85 % de las ventas en el caso del primero y el 90 % en el segundo. “No hay muchas opciones”, dice Carlos Pérez, asesor de la Fundación Nacional para el Desarrollo (Funde). “A pesar de que China Popular es grande, ya tiene una canasta definida que está compuesta principalmente por materias primas, pero eso no lo produce El Salvador: aviones, minerales, hidrocarburos. Hay algunos productos alimenticios, algunos los produce pero en cantidades pequeñas, que no son atractivas”, explica.

Las estadísticas del Banco Central de Reserva (BCR) revelan que las prendas de vestir han dominado la lista de los 50 productos más exportados en los últimos 20 años, y la estrella es la camiseta de algodón. En 2017, el 51 % de los ingresos generados por el “top 50” provenía del sector textil: $2,386.47 millones de $4,643.77 millones. El 17 % correspondió a los $760.08 millones que aportaron las camisetas de algodón.

El dominio de la camiseta de algodón y el sector textil, así como de productos de madera, papel y cartón, demuestra que El Salvador se ha especializado en productos de bajo valor agregado, señala Pérez.  Si bien son bienes manufacturados, no requieren de personal altamente calificado para producirse y “esto hace que la oferta exportable no se diversifique”, añade.

El asesor de la Funde señala que esto es reflejo de un país con baja inversión en infraestructura, trabajadores poco calificados y con estas condiciones “El Salvador no aprovechará ningún mercado incluso con Estados Unidos, el Cafta (el tratado de libre comercio entre Centroamérica y esa nación) no fue un ‘boom’”, dijo.

De ahí que las exportaciones salvadoreñas se hayan estancado en torno a los $5,500 millones en la última década, asegura Rigoberto Monge, coordinador general de la Oficina de Apoyo al Sector Privado en las Negociaciones Comerciales Internacionales ().

“Sin duda, el país necesita prioritariamente fijar sostenidamente su atención en políticas internas que presten un mayor apoyo al desarrollo, modernización y crecimiento de la producción nacional para aprovechar de mejor forma los tratados comerciales vigentes y cualquier otro acuerdo, como el que se habla con China”, indica.

La oferta exportable de El Salvador no es compatible con los productos que demanda China.

El Salvador tiene un problema estructural que le impide aprovechar los mercados.

 

¿QUÉ HICIERON LOS QUE TUVIERON ÉXITO?

La clave, dice Ellis, es tener un buen plan. El Gobierno salvadoreño debe trabajar en crear una marca país fuerte, que le permita posicionar sus productos, pero también ofrecer valor agregado.Y se pregunta por qué China pagaría por el traslado de una mercancía que tardará en llegar 45 días y probablemente necesite refrigeración durante todo el trayecto; por qué, si el mismo producto está en Filipinas, por ejemplo.

“Algunos países con buena gobernabilidad -subraya- han aprovechado el mercado chino con productos que se venden como mercancía de lujo”, dice refiriéndose a las cerezas chilenas. La misma fórmula ha aplicado Jamaica, con su café Blue Mountain.

Ese plan estructurado debe determinar qué sectores productivos se impulsarán y también requiere definir cómo se ejecutarán los proyectos de inversión con una contraparte china.

Pero El Salvador, señala José Ángel Quirós, director ejecutivo de Fusades, “está haciendo las cosa al revés. Ni hay un plan de desarrollo que capitalice la inversión que venga, sin importar si es de China, Japón o Corea del Sur. Ese plan nadie lo conoce y asusta porque parece que todo se está manejando debajo del agua”.

 




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