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Editorial & Opinion

El Sica en un momento difícil

Carlos Manuel Echeverría E. / Exembajador costarricense en El Salvador

sábado 27, octubre 2018 - 12:00 am

El 14 de octubre de 1951, se suscribe la llamada Carta de San Salvador, que creó la ODECA; fecha grata para celebrar y que nos debe hacer reflexionar a quienes creemos en la integración centroamericana. Hoy el Sistema no está bien, situación de la que no pueden abstraerse los países miembros, en este caso, los seis firmantes de la segunda Carta de San Salvador, suscrita en Panamá, 1965.

Conozco bien el SICA; fui miembro de su comisión preparatoria por designación de la reunión de Presidentes. Desde el Gobierno de Costa Rica, como viceministro, posteriormente director de Política Exterior, Director de Cooperación Internacional y recientemente como Embajador en El Salvador y representante ante el SICA, he tenido relación con el Sistema. Así mismo, entre el 2010 y el 2014, serví con pasión y honra, a dos distinguidos secretarios, en calidad de asesor y Director de Comunicaciones.

La integración hasta donde se pueda llevar, es necesaria. Por su medio se abre la posibilidad de lograr las economías de escala y nivel de cooperación comprometida y de alto nivel, imprescindible para superar retos y aprovechar oportunidades, en ambos casos desafiantes y que de otra forma, no se podrían enfrentar adecuadamente; así mismo, nos fortalece para negociar internacionalmente. Aunque este servidor cree que la integración política federativa no será posible en el futuro previsorio, ayudaría mucho un mejor ambiente, para lo que deberíamos llamar integración posible, en los cuatro subsistemas que la componen, interaccionando por supuesto, como por definición, el orden sistémico intrínseco al SICA lo promueve y enraizado en los ocho países miembros.

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Como la integración europea nos lo enseña todos los días, no siempre el camino es favorable y no siempre se marcha hacia adelante. Sin embargo, existen condiciones fundamentales para avanzar y una de ellas es que los países miembros deben disfrutar de sistemas políticos congruentes con lo que profesa el marco legal integracionista y aunque no idénticos, similares entre sí, con objetivos cercanos y actuaciones que faciliten un mínimo de confianza entre aquellos.

Por otro lado, es difícil que países con síntomas de desintegración social a su interior, puedan integrarse holísticamente entre sí. Es difícil que el emprendimiento SICA cuaje, si no cuenta con los recursos financieros y humanos adecuados, aportados por la membresía, de todos los países sin excepción; se puede depender de la cooperación extra regional para financiar proyectos de envergadura, pero no para financiar los gastos operativos, como hoy en día sucede, con consecuencias negativas que frecuentemente se manifiestan. Hacia afuera, la percepción de esta generalizada falencia, aunque no absoluta, es que no hay compromiso de la membresía con el emprendimiento, con algunas contadas excepciones.


Por primera vez tenemos a un expresidente y distinguido por lo bueno y no por lo malo, como Secretario General del Sistema. Su gestión, apoyada por la Secretaría General, se desglosa en cuatro dimensiones: servir como secretario a la Reunión de Presidentes, reuniones de Consejos de Ministros y del Comité Ejecutivo; gestionar el cumplimiento sistémico de las decisiones de las mencionadas instancias; asegurarse de la buena marcha del Sistema y representarlo en la Región y allende. Esas funciones no las puede realizar con efectividad, si no se dan las condiciones mínimas expresadas en los párrafos anteriores.

En el entendido de que el marco de acción del Secretario General está actualmente restringido, le sugiero respetuosamente que, independientemente de las valiosas gestiones que realice a nivel de la membresía para coadyuvar a corregir la problemática vigente, se empeñe en comunicarle a la ciudadanía centroamericana la situación actual de la integración, así como de la necesidad de contar con las condiciones mínimas, como las que arriba se mencionaron, todo con el fin de crear conciencia ciudadana, para ir a poco construyendo la visión que nos señala la Carta de la ODECA, cuya suscripción hace 67, nos debe regocijar a todos. Si nuestras democracias funcionan y el mensaje es práctico y claro, el clamor ciudadano debería contribuir al progreso del SICA, como medio para desarrollar la integración o al menos preparar su relanzamiento cuando las condiciones sean más favorables.




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