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Economía

El trabajo infantil, la otra arista del bordado a domicilio

Maryelos Cea (Última de cuatro entregas)

jueves 23, agosto 2018 - 12:00 am

En el bordado también trabajan niños. /Laura Ortega

José Vicente Velásquez cree que “los niños son una de las más hermosas bendiciones en la vida”. Así inicia la presentación de su ropa infantil Anavini, en la página web anavini.com. Velásquez es el diseñador y cofundador de la marca, producida por la salvadoreña Jacabi S.A. de C.V., la empresa que posee con su madre, Ana de Velásquez. Esta es una de las compañías cuestionadas por emplear a bordadoras a domicilio en condiciones precarias.

Las creaciones de Velásquez se venden hasta en $200 en más de 950 boutiques de Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Noruega, Dinamarca y Japón, asegura el portal. Hasta esos países habrá llegado más de una prenda bordada por una niña o niño que no tenía edad legal para trabajar o cuya fuerza de trabajo se contrató sin cumplir la ley.

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ADEMÁS: ONU denunció condiciones del bordado a domicilio en El Salvador

En las casas de las bordadoras a domicilio “hasta los más chiquitos cosen”, dice Sandra, quien trabajó para Jacabi y Handworks S.A. de C.V., otra de las empresas cuestionadas. También sus hijos, desde temprana edad, contribuyeron para que estas empresas cumplieran con los pedidos de prendas infantiles que les solicitaban desde el extranjero.


13
Años
El rango de edad de las bordadoras a domicilio va de los 13 a los 58 años.

Es una especie de ley, dice esta bordadora. La necesidad de obtener más ingresos las obliga a heredar a sus hijos una labor precaria, al punto que algunas niñas ya tienen contacto directo con algún representante de las empresas textiles que demandan estos servicios, sostiene la organización Mujeres Transformando (MT).

El bordado a domicilio no tiene un salario fijo. Las empresas pagan un promedio de $2.11 a $2.27 por bordado. Es una tarea ardua y completar una sola pieza puede tomar hasta 15 horas. Para obtener más ingresos hacen falta manos. Las bordadoras se comprometen a entregar 10, 20 o más piezas a la semana, tarea que compartirán con sus hijos, sobrinos e incluso vecinas.

MT estima que la edad promedio de las bordadoras es 34 años, pero el rango de edad va desde los 13 a los 58 años. No obstante, la mayoría se ubica entre los 13 y 32 años. La mayor parte de personas que ayudan a las bordadoras son menores de 18 años, destacando niñas de 13 años y niños menores de 14. La organización incluso ha promovido demandas en la Procuraduría General de la República (PGR) por el despido injustificado de niñas de 14 años.

 

“Afecté a mis hijas”

Las tres hijas de Sandra lo vivieron y también su hijo, que empezó ayudarle a los 10 años. La mayor, hoy de 24 años, comenzó a los siete. “Entre todos traía 25 tiras, entre cinco personas y una sobrina que también me ayudaba. A veces las alcanzaba a sacar y otras veces no”, recuerda. “Al mes, si yo solita lo hiciera, no paso de unos $30 porque una solita, lo más que se hace, son siete (piezas) en ocho días”, calcula. Aun con el trabajo de todos, no lograba lo suficiente para sobrevivir, asegura.

Eventualmente, las niñas de Sandra dejaron de ayudar a su mamá en casa y se presentaron a la empresa para solicitar sus propias piezas. “De alguna manera afecté a mis hijas, porque hasta ellas se sentían mal cuando la señora (su supervisora) se ponía a regañarme y eso queda en la mente. Y a ellas también las regañaban cuando iban”, lamenta esta bordadora.

Al mes, si yo solita lo hiciera, no paso de unos $30 porque una solita, lo más que se hace, son siete (piezas) en ocho días”
Sandra (nombre ficticio)
Bordadora a domicilio

Las investigaciones de MT, publicadas en 2013 y 2014 con base en el testimonio de 183 bordadoras, identificaron a seis empresas que contratan a estas trabajadoras: Jacabi, Handworks, Industrias Margareth S.A. de C.V., Velásquez Soto S.A. de C.V., Creaciones Alejandrina y María Isabel Alonso Rochi de Vidrí. Esta última cerró en 2016. En años posteriores se sumó a la lista Excellent Seams S.A. de C.V. y Recursos Humanos de Latinoamérica S.A. de C.V., dedicada a subcontratar personal.

Las empresas suelen alquilar viviendas cerca de los lugares donde residen las bordadoras o bien utilizan los parques municipales para entregar indicaciones y material, revisar las piezas y efectuar los pagos. Los estudios de MT calculan que hay al menos 300 bordadoras en el país, quienes residen en comunidades pobres de Rosario de Mora, Panchimalco, Santo Tomás, en San Salvador, Santa Cruz Michapa, en Cuscatlán, y Coatepeque, en Santa Ana.

950
Tiendas
La marca Anavini, según su página web, se vende en 950 boutiques alrededor del mundo.

Cuando rondaba los 13 años, la hija mayor de Sandra trabajó en una de esas viviendas. Se dedicaba a reparar bordados. “Me la hostigaban -resume su madre- , a veces ni venía a almorzar porque le decían que querían para ya el trabajo”. Sandra asegura que en ese lugar carecía de las condiciones adecuadas, Si no tenían $0.25 para comprar una bolsa de agua purificada, se veían obligadas a beber del lavamanos. La supervisora, afirma, religiosamente se tomaba una hora para almorzar, mientras las bordadoras seguían con su tarea.

MT concluye, en los dos estudios que ha publicado sobre el bordado a domicilio, que esta práctica existe en El Salvador desde hace más de dos décadas y durante este tiempo no se ha cumplido el mandato de la Constitución de la República y del Código de Trabajo, que exigen para el trabajo a domicilio los mismos derechos que goza el resto de modalidades de empleo. Las bordadoras no ganan ni un salario mínimo, carecen de contratos por escrito, de prestaciones laborales y trabajan más de las ocho horas establecidas en la ley.

Aunque sus hijos no encuentran un empleo fijo, pese a haber logrado completar su bachillerato, Sandra decidió romper el ciclo de la explotación del bordado a domicilio. Prefiere lavar y planchar ropa ajena, afirma. “Yo les digo a ellas (a otras bordadoras) que es de decidirnos porque mientras estuve trabajando me hicieron bastante daño psicológicamente”, asegura.

 

Derechos violados

Las empresas textiles que demandan los servicios del bordado a domicilio de infantes y jóvenes menores de 18 años también estarían violando las disposiciones del Código de Trabajo sobre las condiciones en las que pueden emplearse a estas personas.

El artículo 114  señala que los 14 años es la edad mínima para trabajar y autoriza a emplear personas mayores de 12 años cuando se trata de tareas ligeras que no afecten su salud y su desarrollo, que no perjudiquen su asistencia a la escuela, su participación en programas de orientación o formación profesional. El Ministerio de Trabajo y Previsión Social (MTPS), añade dicho artículo, podrá otorgar permisos especiales para menores de 12 años – previa consulta con las organizaciones de empleadores y trabajadores interesados – cuando se traten de actividades como representaciones artísticas.

 

14
Años
Las leyes laborales salvadoreñas establecen que la edad mínima para trabajar son los 14 años.

Aunque la edad mínima para trabajar son los 14 años, el Código establece una serie de requisitos para que las empresas puedan incorporarlos a su fuerza laboral. Por ejemplo, deberán contratarlos por medio de los representantes legales y, a falta de estos, por medio de las personas de quien los jóvenes dependen económicamente o bien vía la Procuraduría General de la República (PGR).

Además, las empresas que empleen a menores de 18 años deben tener un registro de todos ellos donde se reporte su fecha de nacimiento, la clase de trabajo que desempeña, el horario y salario pactado. También se prohíbe admitirlos sin que se les realice “un minucioso examen médico” que los declare aptos para el trabajo que desempeñarán.

Como ya comprobaron las inspecciones del MTPS, las empresas no solo niegan la existencia de las bordadoras a domicilio, también carecen de contratos por escrito y la mayoría no está inscrita en el registro que debe llevar la Dirección General de Inspecciones de Trabajo.

El Código de Trabajo también regula la jornada laboral para los menores de 16 años. Esta no podrá ser mayor a las seis horas diarias y las 34 semanales, no podrá trabajar más de dos horas extraordinarias al día ni realizar labores que requieran un gran esfuerzo físico.

PRIMERA ENTREGA: Estado mantiene incentivos fiscales a empresas que violan derechos laborales

SEGUNDA ENTREGA: Fondepro entregó más de $120,000 a empresas con bordadoras a domicilio

TERCERA ENTREGA: Bordando con los hilos de la explotación




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