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Editorial & Opinion

El voto: el poder y el tiempo de la ciudadanía

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / S. Enrique Anaya

viernes 1, febrero 2019 - 12:00 am

Aunque hoy día lo damos por asumido como un elemento consustancial a la organización política, no sobra recordar que uno de los pilares esenciales del Estado moderno –y El Salvador aspira a calificarse como tal– es el ejercicio del voto por parte de la ciudadanía. Un voto que, como declara el artículo 78 de la Constitución, es “libre, directo, igualitario y secreto”.

Y es que si bien la especie humana tiene, según estudios antropológicos, más o menos unos dos millones de años en este planeta, es impresionante pensar que el voto como mecanismo de elección de las autoridades estatales no tiene más de 250 años y, sorprende todavía más que el voto universal –esto es, el reconocimiento del derecho al sufragio a todos los adultos, sin discriminación de ningún grupo de población– apenas exista en el mundo desde hace poco más de 100 años.

Señalamos esa perspectiva histórica para llamar la atención sobre la importancia del voto: en la Antigüedad, la justificación del nombramiento y/o designación de los gobernantes se hacía acudiendo a explicaciones místicas (decisiones divinas, lectura de los astros, etc.) o, simplemente, el poder político era una realidad impuesta (por el conquistador, por el señor feudal, por el rey, etc.), pero fue la ideología del constitucionalismo, apoyada en las nociones de la libertad y de la igualdad de las personas, que al atribuir la soberanía al pueblo, impuso que el único método racionalmente válido para, entre otras cosas, elegir a los gobernantes, es la elección mediante el voto.

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Y así comenzó el camino para reconocer el voto a todos los ciudadanos, sin discriminación de raza, clase social, sexo, religión, ideología, estudios o capacidad económica, a extender la decisión sobre la elección de representantes políticos mediante elecciones: por ello, el ejercicio del voto o sufragio constituye un elemento esencial de nuestra incipiente democracia, es una de las vías más trascendentales mediante las cuales los ciudadanos expresamos nuestra voluntad. Y, por ello, en un sistema presidencialista como es la organización política salvadoreña, el ejercicio del voto es, si bien no el único, uno de los momentos vitales de la participación política y de la vida democrática de un pueblo; o, como dice la jurisprudencia constitucional, el ejercicio del voto es expresión del poder político con el que cuenta el ciudadano “para participar, configurar, incidir y decidir en la vida política del Estado”.

Es sumamente importante resaltar ese aspecto: el ejercicio del voto es expresión de poder por parte de los ciudadanos, y si bien lo que más notorio es la elección de la persona que ocupará el cargo de Presidente de la República, no podemos obviar que un voto representa mucho más que la simpatía por un partido político o por un candidato: implícitamente, cada voto también es expresión ciudadana premiando o castigando una forma de hacer política, conlleva un ánimo de superar los grandes retos que afrontamos como país (entre muchos, inseguridad ciudadana, pobreza, incertidumbre ante el futuro, etc.).


Por eso es importante que los ciudadanos ejerzamos ese derecho que tanto ha costado conquistar (en El Salvador, y en muchos otros países, miles de personas pagaron con su vida la conquista del derecho al voto): mientras mayor es la participación ciudadana, mayor legitimidad se confiere al proceso y al eventual ganador.

La preocupante situación nacional, la sensación que nada cambia para mejor, las quejas frente a los sucesivos gobiernos e, incluso, en ocasiones, la ausencia de entusiasmo frente a los candidatos, es causa –muchas veces- de desánimo en la ciudadanía, que se vuelve apática para acudir a votar; sin embargo, es precisamente ante tales circunstancias que se impone ejercer el voto, con la mente y con el corazón: votar es participar en la construcción del destino común como pueblo.

Por ello, como Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional –Sección El Salvador–, compartimos la siguiente reflexión y llamado: en el reciente proceso electoral, los partidos políticos y los candidatos presidenciales ya hicieron su campaña, ya divulgaron sus promesas, ya abrazaron niños y ancianos, pero ahora, al momento de votar, solos ante la papeleta, frente a la urna electoral, ese es el tiempo de las ciudadanas y de los ciudadanos. Ejerzamos nuestro poder.




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