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Editorial & Opinion

Elecciones 2019: sobredosis de amnesia

Ana Cevallos / Economista investigadora Icefi @Cevallob

jueves 10, enero 2019 - 12:00 am

En El Salvador nos encontramos a pocos días de elegir a las personas que estarán a la cabeza del órgano ejecutivo por los próximos cinco años. Por tanto, aunque parece una obviedad, no está de más recordar que se trata de cargos públicos y que quienes los ocupan deben estar al servicio del país y de toda la población.

Lamentablemente parece que esto se olvida y, lo que es peor, que se trata de una especie de amnesia selectiva y colectiva. Así, mientras en los periodos de contienda electoral vemos cómo las personas candidatas se esmeran con discursos y promesas que apelan al servicio público como finalidad principal; posteriormente, cuando asumen el cargo, observamos todo lo contrario.

En este marco la ciudadanía no se queda atrás, con lo cual la amnesia adquiere un alcance colectivo. Esto se afirma por lo observado en la actual contienda electoral, donde una buena parte de la población se dedica a diseñar memes, reproducir noticias falsas, asignar apodos, insultar y cuestionar la vida privada de las personas candidatas, entre otros menesteres, en lugar de exigirles propuestas y principalmente la viabilidad de las mismas considerando el estado actual de nuestras finanzas públicas que, valga recordar, se encuentran en números rojos.

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De ambos lados de la fórmula (candidatos y ciudadanía) pareciera que se olvida lo fundamental, que es el hecho que el margen de maniobra que tenemos para atajar los problemas del país resulta cada vez más estrecho y, por tanto, en esta elección lo que está en juego es la viabilidad económica, fiscal, social y política de El Salvador. En otras palabras, no tenemos ni más tiempo, ni tampoco más recursos financieros para continuar postergando la resolución de los principales problemas que afectan a la población, especialmente a la de menores ingresos. Sobre todo si se considera que los problemas no resueltos son dinámicos, es decir, mutan y se vuelven cada vez más complejos.

De esta cuenta, no debe perderse de vista que el próximo gobierno se enfrenta a desafíos de una mayor envergadura, con lo cual resulta demagógico recurrir a los mismos discursos y a las mismas medidas del pasado. Como ciudadanía, debemos evitar permanecer en estado letárgico, o lo que es peor, aceptar la misma mona vestida de seda.


El llamado es a eliminar los elementos distractores de nuestro principal cometido que, en primera instancia es elegir a los servidores públicos, no a deidades, que ocuparán los cargos más altos en el Estado. En consecuencia, como pequeñas acciones para fortalecer nuestro ejercicio ciudadano, cuando toquen nuestra puerta para pedirnos el voto recordémosles que dicha acción no se trata de ningún “acto de humildad” (como lo han llamado varios de los postulantes), sino lo mínimo que deben realizar siempre, no solo en contienda electoral. Especialmente si se encuentran postulando a un cargo de elección popular, que será remunerado con nuestros impuestos. Si además, nos ofrecen un “regalito” a cambio de nuestro voto, alimentos o una cachucha por ejemplo, recordemos que el ejercicio del sufragio es secreto, y que el valor de nuestro voto tiene que ver más con desarrollo y bienestar que con el regalito.

En segunda instancia, recordar que mientras la contienda electoral dura un periodo corto de tiempo, las consecuencias de lo que decidamos dejará una huella para la historia de nuestro país y para nuestro futuro. Por tanto, nuestro objetivo y compromiso ciudadanos no termina con el ejercicio del voto, sino que apenas empieza. En consecuencia, debemos elegir personas que nos demuestren apertura para trabajar de forma conjunta y transparente a favor de nuestro país, y que además tengan claros sus principales desafíos y soluciones. El resto, si cumplen o no, si dan o no la talla, también debe ser parte de nuestra responsabilidad ciudadana, manteniéndonos vigilantes y condenando cualquier acto que afecte el bienestar de las mayorías.

A este respecto, en tercera y principal instancia, debemos exigir respuestas por parte de los aún candidatos sobre ¿qué pretenden hacer en materia económica, social y fiscal? ¿Cómo lo piensan financiar? ¿Qué garantías nos ofrecen de que se trata de las medidas más adecuadas? ¿Son acciones inclusivas? ¿Alteran el status quo?

En definitiva, hagamos valer nuestro voto y recordemos a los postulantes que nada se puede hacer sin nosotros. Como potenciales servidores públicos deben demostrarnos que lograrán una administración pública capaz de romper la tendencia a la barbarie que provoca la pobreza de muchos en medio de la ostentación de muy pocos.




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