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Editorial & Opinion

Empatía y justicia

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 20, diciembre 2018 - 12:00 am

Dicen que en los procesos penales cuando se aplica la empatía se desecha la justicia, porque no necesariamente una está vinculada a la otra. Así  podríamos tener empatía con aquella persona que atormentada por los celos o por los abusos de su pareja en un arranque de cólera asesina a su abusador, esta persona incluso podría justificar su acción como defensa a una situación repetitiva y constante, nos podríamos también hasta identificar con su malestar o con su sufrimiento, pero a nivel de justicia penal correspondería aplicar una pena por asesinato,  entonces es donde nace el dilema sobre la justicia, sobre si la empatía puede ser un elemento a considerar o por justicia debe castigarse el hecho punible según la ley.

Esto es parecido al caso Imelda donde un juez ha dejado en libertad a la acusada de tentativa de homicidio, quien dio a luz en una letrina y en lugar de salvar al recién nacido le echaron cal y lo dejaron ahí a su suerte.

El juez ha dictaminado que no hubo dolo en lo sucedido y que en todo caso fue un “abandono de menor” por lo que la falta ya había sido castigada con el año y meses que Imelda estuvo en prisión preventiva.

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Los que celebran hablan de justicia, ya que Imelda fue víctima de su padrastro quien la habría violado reiteradamente desde los 12 años y fue este quien la embarazó, por tanto es justo que quede en libertad porque antes que nada ella es víctima de un proceso social de poca educación, familia disfuncional, pobreza, etc…

Se aplica a ella la empatía porque nadie puede creer que la vida de Imelda es de plena felicidad, realmente es así, ella es una víctima pero en su proceso se convirtió en la abusadora y victimaria de ese bebé tirado a las heces y suciedad, quien aunque recién nacido es también un ser humano, pero para este por no poder hablar por no saberse su historia y su sufrimiento en aquella letrina donde en lugar de recibir amor recibió cal en su cuerpo, un ambiente apestoso, oscuro y miserable, nadie aplica la empatía porque es hijo de un abuso, porque es no deseado, simplemente por su pequeño tamaño y porque aún no puede defenderse nadie lo considera persona, entonces ¿hay justicia?.


Esto es lo que sucede con el tema de la legalización del aborto, que parece se convierte en una forma de hacer  justicia por cualquier causa, pero esa “justicia” afecta a otra persona, a la más vulnerable a la que no puede defenderse, la que no tuvo culpa alguna de las circunstancias pero se le fuerza a morir y de la peor forma, cortado a pedazos o desecho en ácido, lanzado a la basura simplemente porque alguien decidió sobre su destino.

Ser empático con los adultos y no serlo con los pequeños no nacidos o con los recién nacidos es abusar de ellos, de su condición porque la Constitución los reconoce como personas y ciudadanos desde el momento de la concepción por tanto no hay ninguna justificante para atentar contra la vida ajena por muy empáticos que podamos ser con las dificultades y limitaciones de vida de esos adultos, o por muy difícil que sea el origen de esa nueva vida, siempre debería ser nuestra principal preocupación llevarla a feliz término y desarrollo.

El mismo caso Imelda nos devuelve lecciones importantes en ese sentido ya que la niña no murió, ahora es parte de la familia y me imagino una parte importante, que tendrá oportunidad de perdonar y de reencontrarse con su madre y su familia, si es bien manejado el caso podrá ser una ciudadana ejemplar, con capacidades que no imaginamos, capaz de cambiar el mundo y la vida de su propia madre, es ahora una bendición que al no morir le ayudó a su madre a no ir a la cárcel, un verdadero milagro que debemos rescatar no como ejemplo para promover el aborto sino para promover el amor incondicional que debemos tener los adultos para con los niños y niñas, con las vidas inocentes que vienen al mundo esperando amor, apoyo, una familia y una vida feliz.

La justicia no puede basarse en la empatía, la justicia debe ser igual para todos, ricos y pobres, hombres y mujeres,  y su aplicación debe basarse en la prueba, en la investigación y debe ser en procesos claros y rápidos, porque si algo seguimos haciendo mal es empujar la impunidad ahora vestida de privilegios y derechos, la justicia debe aplicarse a todo aquel que cometa delito y transgreda la ley independientemente de si hay o no una historia triste detrás del indiciado.




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