Editorial & Opinion

En el 50 aniversario de la guerra de las 100 horas

Herard Von Santos / Capitán retirado, historiador militar

sábado 13, julio 2019 - 12:00 am

Hace 50 años que aquellos valientes pilotos, civiles y militares salvadoreños, emprendieran una de las acciones más osadas realizadas en una guerra, el ataque a las principales bases militares del ejército y la Fuerza Aérea hondureña, como represalia a la violenta expulsión de la minoría salvadoreña radicada en Honduras. Un hecho poco conocido de nuestra historia y que académicos y periodistas han banalizado a lo largo de la historia. Ya es tiempo de dejar atrás, por miopía, interés o vergüenza, los epítetos descalificativos de un acontecimiento que ha significado tanto en las relaciones de dos países considerados como la fiel representación de los anhelos unionistas de la patria centroamericana.

Un trozo de la historia de la guerra con Honduras es la que ahora presentó al lector, debemos recordar y agradecer a aquellos hombres que arriesgaron sus vidas para proteger a nuestros connacionales, como le explicaba a un diplomático hondureño, de la persecución violenta con apoyo o anuencia de su gobierno y autoridades.

Después que El Salvador rompiera relaciones diplomáticas con el gobierno hondureño del Gral. Oswaldo López Arellano, en junio de 1969, era claro que la situación conflictiva entre ambos países escalaría rápidamente. En ese contexto, muchos salvadoreños que no tenían formación profesional-militar pero amaban profundamente a la patria, decidieron presentarse a diversas unidades militares para sumarse al esfuerzo bélico.

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En la Guardia Nacional con el Gral. Medrano


Cómo siempre ha sido común en nuestro país, el acercamiento entre ciudadanos y el cuerpo militar salvadoreño se ha dado principalmente a través de las relaciones personales de amistad. Así fue como el ciudadano Miguel Alfonso Guerra Ayala, de 34 años, fue a presentarse al Cuartel General de la Guardia Nacional, donde su amigo, el Gral. Alberto Medrano era su Director.

Su amigo lo recibió efusivamente, sabedor que Guerra Ayala era un consumado cazador y por lo tanto, experto tirador que además llevaba su propio fusil con mira telescópica para sumarse a las filas de la Guardia. No se diga más, de inmediato quedó adscrito a la fuerza que se estaba organizando y que pasaría a la historia con el nombre de Fuerza TACO de la Guardia Nacional, prestaría servicio nada menos que en el propio Puesto de Mando del Gral. Medrano.

La fuerza TACO estaba conformada por tropas de la Guardia Nacional, que bajo las órdenes del enérgico Gral. José Alberto Medrano (su Director), era la unidad en la cual descansaba una maniobra estratégica de gran importancia. Su progresión a la Labor, se convertiría en la amenaza mayor para las unidades hondureñas presentes al norte de Nueva Ocotepeque.

Cuando esta fuerza alcanzó el caserío de Llano Largo, a tan solo dos kilómetros de La Labor, esta maniobra estratégica estaba por cumplirse. Pero fue precisamente en este pequeño villorio, que los hondureños se enfrascaron en un enconado combate con las tropas de la Guardia. El Gral. Medrano, como era su costumbre, estaba desde el frente, dirigiendo los combates de sus hombres y con él, su Plana Mayor, incluyendo a Guerra Ayala.

Con su confiable fusil Remington 7600, calibre 30-06 se dispuso a combatir al lado de su amigo. El Gral. Medrano no era un hombre que huyera del peligro, al contrario, siempre estaba al pie del cañón y en Llano Largo no sería diferente. Mientras repelía el ataque hondureño, junto a su Plana Mayor combatió desde las líneas y como no podía ser de otra forma, acometió arriesgadas acciones de combate, protegido por sus oficiales y tropas.

En una de ellas, confiscó un Jeep a dos oficiales hondureños que se atrevieron a acercarse a sus líneas defensivas. Guerra Ayala, debió disparar, junto a los demás, certeramente sobre aquellos hondureños, que cayeron abatidos por el fuego de las balas salvadoreñas.

Cazador de profesión, visitó los campos de caza de varios países en Centroamérica, sin saber, que su afición a la caza le ayudaría en los fieros combates que sostuvieron contra los hondureños en Llano Largo. Este valiente salvadoreño, originario de Sonsonate, falleció este 9 de julio, rodeado de su familia. Como él, muchos de los héroes de julio de 1969 han quedado en el anonimato, es hora de recordarlos y honrar su memoria.




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