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Editorial & Opinion

Es precisamente en el campo de la ética

Aldo Álvarez / Abogado, catedrático, directivo del CD

viernes 15, marzo 2019 - 12:00 am

En el “feedback” que uno obtiene en el diario desempeño político uno se entera de cosas que dicho en forma directa y sincera, son las que le aclaran el panorama y le explican a uno, la realidad tal cual, digamos el saber “lo que está pasando” ¿Y qué es lo que está pasando entonces? Pues claramente estamos frente a una realidad en la que dos grupos económicos de poder –uno de corte oligárquico tradicional y otro de más reciente surgimiento-, perdieron el control de un sistema político diseñado para que sólo uno de los dos pudiera lograr el control del Estado, a veces aliándose con otros grupos “aliados” de poder económico con o sin expresión político partidaria o con expresiones partidarias mercantilistas, cuya mayor habilidad y experiencia ha sido en ver de qué forma lograban bancadas “bisagra”, para poder venderse mejor en la vieja política del dólar, de la cual aprendieron y en la cual se “entrenaron” y a la cual llegaron a considerar como la única forma de hacer y ejercer la política. La ética, sólo de nombre y simulación, la realidad la venta de voluntades y “apoyos” a cambio de dádivas y prebendas, y ahí surgieron todos los males: Maletines negros, sobres con dinero, sobresueldos, depósitos en bancos extranjeros, etc., etc., etc., ustedes saben cómo ha sido y como ocurrió. Ojalá no se rasguen las vestiduras ante la contundencia de la realidad.

Todo más o menos bien –para sus intereses claro-, hasta que llegó Nayib. Es cierto que su incursión política y su proveniencia es de un partido que un día enarboló banderas que pudiéramos llamar de izquierda –supongamos que alguna vez lo fue-, pero su vida empresarial y su concepción e ideología del mundo me parece que está fincada más en aspectos relativos a las libertades empresariales de mercado, pero con un marcado matiz hacia la justicia social y a la solidaridad.

Por ello para nadie debe extrañar que la praxis política del presidente electo pueda ser más o menos clasificada dentro de un sociocapitalismo democrático, más pro mercado que Estado, pero por una opción preferencial por la solidaridad por los menos favorecidos ¿Es esto de derechas o de izquierdas? Pues es evidente que lo situaría en un punto del espectro más hacia el centro-izquierda, pero muy, muy cerca de las posiciones de centro-derecha en muchos aspectos, por eso es que se le complica al presidente electo decir que no es de izquierda ni de derecha, porque su gran reforma, su gran revolución en la manera de hacer política se encuentra en el campo de la ética, que es en últimas adonde debe estar todo ejercicio del poder, más allá de las concepciones e ideología política, el fundamento último en el ejercicio del poder debe estar en el campo de lo ético.

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Quizá en su rancia y limitada capacidad de procesamiento y proyección política, el estamento –en una amalgama entre los llamados de derecha e izquierda- creyó que jamás se juntaría una masa crítica suficiente que pudiera lograr “alinear” las sinergias sociales para quebrar tal sistema político, craso y grave error.

Cegados por su malsana, sectaria y descarada codicia, pensaron que tenían “la sartén por el mango” y que el clientelismo político –comprado con base a dádivas y regalos a los electores- podía mantenerse como la adecuada “retranca” y dique a esa posible demanda más o menos generalizada de terminar con esa partidocracia mediocre que había cooptado el poder público y se había olvidado de los intereses de las mayorías. Hasta que llegó Nayib…


El gran “cortocircuito” que tiene ese estamento político derrotado, es precisamente el relacionado con la nueva forma de hacer política que destruye y demuele la vieja política del dólar que había imperado en nuestro país, casi que desde la fundación de la primera, maltrecha, falaz y cuasi-feudal república salvadoreña: Formalmente a la política se llega a representar para servir, materialmente a ver como se “componía” lo más que podía el funcionario actuante, desde el que presidía la República. Así durante toda nuestra historia política, hasta que llegó Nayib…

¿Qué encarna Nayib en su aplastante y demoledora victoria contra el estamento partidocrático nacional? La máxima y total convicción de una consistente mayoría de la población, de que ese viejo esquema de la vieja política se acabó ¡SE ACABÓ! Y si las máquinas electorales no logran comprender esta realidad y pretenden seguir por el camino de la vieja política, los que se van a acabar completamente son ellos ¡Y PARA SIEMPRE!




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