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Editorial & Opinion

Esperanza para Mesoamérica

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 4, diciembre 2018 - 12:00 am

El pasado primero de diciembre asumió el sexenio del gobierno de México Andrés Manuel López Obrador, destacado y persistente luchador social, con suficiente experiencia, formación intelectual, habilidad política y sobre todo sensibilidad social y humana. Fue investido en medio de gran alegría y expectativa para los mexicanos, refrescando y fortaleciendo la esperanza de un mejor futuro para nuestra América.

AMLO, como es conocido, es el primer gobernante de izquierda en esa hermana nación azteca de más de 132 millones de personas que ocupan un rico territorio con extensa diversidad cultural, cercano a los dos millones de km2; con una compleja frontera de más de tres mil km con su difícil vecino EE.UU., país donde reside un estimado de 35 millones de mexicanos que aportan más de $24 mil millones anuales en remesas. Llega al poder después de tres intentos y con la solvencia de ser el presidente electo más votado en la historia de su país y cuenta con mayoría en el Congreso, Senado y  gobiernos estatales.

México, con limitaciones institucionales de desarrollo y liderazgo, cuenta con todas las condiciones para superarlas y convertirse en una mayor potencia económica, que junto a la visión latinoamericanista que le caracterizó en otras épocas deberá aportar contrapeso a las desiguales relaciones internacionales.

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La mayor oferta política que engloba sus iniciativas es la “Cuarta Transformación” del gobierno. De lograrse, sería la continuidad histórica desde su gesta de independencia culminada en 1821, considerada la primera; siguiéndole “La Reforma” de los liberales encabezados por Benito Juárez contra conservadores que determinó la separación de la Iglesia del Estado. En este mismo hilo histórico, el tercer capítulo fue la Revolución Mexicana que dio origen a su vigente fundamento constitucional. Por lo tanto, el reto asumido por el presidente López Obrador es de gran magnitud, considerando que: todavía la mitad de esa sociedad vive bajo la línea de pobreza; la violencia del crimen organizado y el narcotráfico ha cobrado proporciones colosales; y que la corrupción e impunidad son graves males que frenan el desarrollo de esa gran nación.

Paralelo a esta buena noticia, en Argentina se clausuraba una Cumbre más del G-20, foro que tras una década de convocatoria a jefes de estado y de gobierno, por primera vez tuvo por sede Sudamérica. Este cónclave convoca a las economías más prósperas del planeta que cuentan con la articulación financiera del gran comercio mundial; naciones con suficiente estabilidad política e influencia estratégica en sus regiones sobre los grandes temas de la agenda global.


Sin embargo, desde el principio fueron grises las expectativas de sus resultados: tanto el severo retroceso al proteccionismo económico de Estados Unidos con su guerra comercial contra China; la suspensión del encuentro bilateral EE.UU./Rusia bajo el pretexto del tensionamiento en el Mar Negro; los graves hechos en torno al asesinato del periodista Khashoggi en el consulado Saudí en Turquía -sobre el cual la administración Trump continua sin adoptar una respuesta diplomática aceptable-; el retroceso de la administración Trump con los acuerdos de París respecto al cambio climático, como una Europa debilitada por el BREXIT y el surgimiento de corrientes nacionalistas contrarias al espíritu integracionista de la unión, socavan las bases de esta alianza.

Si bien México, Brasil y Argentina son parte del G-20, los dos primeros tuvieron una ambigua participación, debido a sendos procesos de transición de gobierno. En el caso de Argentina son limitadas sus posibilidades de liderazgo en función de una agenda latinoamericana debido al internismo y conservadurismo ideológico y a su profunda crisis económica, elevada agitación social debido a una de las inflaciones más grandes del mundo, así como el desplome del PIB y empleo. Su extraña pertenencia, en semejantes condiciones a este exclusivo club, probablemente la hicieron acreedora a uno de los mayores rescates financieros del FMI por $57,000 millones, de grandes consecuencias para estas y futuras generaciones.

Por lo tanto, el impulso de una agenda latinoamericana para el establecimiento de reglas justas de intercambio comercial, reglas de control sobre capitales especulativos, estrategia alimentaria para el efectivo combate a la pobreza, mejor plataforma de transferencia tecnológica, interconexión eléctrica, modernización de infraestructura y acuerdos sobre flujos migratorios tendrán que esperar al surgimiento de un liderazgo regional que asuma la promoción de estos intereses; en consecuencia, el ascenso de AMLO representa una importante expectativa en la articulación de liderazgos latinoamericanos que representen nuestros intereses, es momento de una mayor articulación centroamericana con México.




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