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“Estaba corriendo con mis metas y el doctor dice: tienes cáncer”

Yessica Espinoza

jueves 8, marzo 2018 - 12:01 am

“Vamos a ser comerciantes mamá”, dijo con firmeza Blanca Estela Montepeque cuando apenas tenía nueve años de edad. “Cuando yo crezca no quiero ser pobre”, se repetía a sí misma al ver la situación de su hogar. La comida no siempre se servía en la mesa y la televisión que tenían en la casa era una ventana que daba a la calle, donde solían concentrarse comerciantes. “¿Somos bien pobres, mamá?, creo que sí hija”, eran las conversaciones que mantenía con su madre.

Su éxito lo comenzó a construir vendiendo litros de leche de las vacas que tenía su abuela. “Ese fue mi primer negocio. Un día me apunté con los vendedores y mi abuela creyó en mí; mis hermanos varones me apoyaban, ellos cargaban los cántaros de leche porque yo estaba chiquita”, recuerda. Blanca es la tercera de un grupo de ocho hermanos. Cuando su mamá y papá murieron, ella tomó las riendas del hogar, siendo una adolescente.

La venta de leche comenzó a crecer “tanto” que al poco tiempo empezaron a vender pollos, hasta tener su propio gallinero. Su mentalidad de empresaria estaba comenzando a dar frutos, por lo que decidió vender todos los pollos para comprar cerdos.  “Compramos unos cerditos del dinero que nos quedó de los pollos y comenzamos a destazar cerdos; ese es el negocio que hasta el día de hoy tengo en el mercado central”, afirma con una sonrisa de satisfacción. A este negocio se le suman un salón de belleza y un spa.

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Pero llegar hasta ahí fue difícil. Cuando tenía 29 años, sus sueños y aspiraciones, por un momento, se esfumaron. “Yo estaba ya corriendo con mis metas y de repente el doctor dice: tienes cáncer de mama y es invasivo y que solo había seis meses de vida. Por un momento dije: se acabó”, relata con voz suave. La muerte era un proyecto que no figuraba en su lista y decidió combatirlo bajo una única visión: ganar.

“¿Me voy a dar por vencida? si yo soy guerrera”. Intenté por lo que la ciencia ofrece, operación, quimios y decía: ‘si muero, moriré luchando’ y gracias al padre celestial, lo vencí y he vivido más feliz, creyendo que tuve un nuevo saldo”, expresa entre risas.

El cáncer desapareció para no volver jamás pero se llevó consigo su deseo de ser mamá. Se casó con un hombre que no le reprochó su situación y la apoyó. Ahora tiene tres hijos adoptivos: dos varones que ya son adultos y una bebé de un año y medio.

El primero llegaba al puesto de carnicería vendiendo dulces y le decía que le comprara, si no, su padrastro no le daría de comer. Blanca un día le dijo que si no tenía comida, ella siempre le iba a dar. Al siguiente día, el niño, de seis años, llegó con la poca ropa que tenía y le dijo que viviría con ella, porque en su casa lo maltrataban.




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