Editorial & Opinion

Exceso de vehículos sin estacionamientos

Jaime Ulises Marinero / Periodista

jueves 8, agosto 2019 - 12:00 am

Encontrar estacionamientos públicos o privados disponibles en las principales ciudades del país es una verdadera odisea. La cantidad de vehículos supera con creces la disponibilidad de parqueos. Esta situación es aprovechada por muchas personas que se han apoderado de calles y avenidas para cobrar por permitir estacionarse. Algunas de esas personas están ligadas a mafias y hasta pandillas que viven a fuerza de quebrantar las leyes.

Estas personas que se creen dueñas de la vía pública cobran hasta dos dólares por supuestamente “cuidar los vehículos”, de lo contrario se corre el riesgo de encontrar el automotor dañado o con objetos hurtados.

Son verdaderas mafias. Familias enteras que viven de cobrar en lugares públicos, aprovechando que pocas instituciones ofrecen seguridad a los vehículos que se estacionan en los alrededores. Algunos se apoderan de cuadras enteras, sin que haya autoridades que intervengan.

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Algunas personas se han apoderado de sitios públicos que deberían tener seguridad permanente del Estado o de las instituciones visitadas, por ejemplo los mismos estacionamientos autorizados de los mercados municipales. Usted va a comprar al mercado San Miguelito, se estaciona en los sitios señalizados e inmediatamente se le acerca una persona que le cobrará por cuidarle el carro, sin importar si hay  elementos del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM). Si usted no paga se expone a que le pinchen las llantas o le arruinen la pintura de su automotor.

En los alrededores del Campo de la Feria, en los contornos del Cifco, en el Centro de Gobierno, cerca de las universidades, en el Centro Histórico, en los sitios de atracción y en muchos lugares de concurrencia masiva, se debe pagar a personas particulares por estacionarse fuera, eso sin contar que en cualquier momento los agentes de la División de Tránsito le pueden imponer esquelas y hasta decomisarle las placas por “estar estacionado en sitios prohibidos”.


El colmo es en el estadio Cuscatlán, pues el aficionado o la persona que lo visita cuando hay cualquier tipo de actividad deportiva o de otra variedad, paga por el parqueo a los propietarios, pero también debe pagar a personas que están adentro cobrando para “garantizar seguridad” del vehículo. Aún así muchos se quejan de encontrar sus autos abiertos, con daños u objetos hurtados, pero nadie se hace responsable.

En la mayoría de los grandes centros comerciales se cobra a los clientes por hacer uso del estacionamiento, lo cual es válido en cuanto a que garantizan que solo el portador del ticket puede salir del estacionamiento y que registran imágenes, horarios de salida y entrada, placas y otros elementos; sin embargo, en todos “la empresa no se hace responsable por los daños a su vehículo”. Uno paga, pero la empresa no responde por daños, lo cual no es una forma correcta de atención al público o de atender al cliente.

En el país se necesita una amplia visión para crear espacios de estacionamiento. Son cientos de edificios abandonados porque están dañados o inhabitables, igual hay muchos solares sin mayor uso, los cuales, mediante una legislación especial, pueden ser utilizados como parqueos públicos o privados. Los edificios inhabitados e irreparables hay que demolerlos, para construir nuevas edificaciones o para convertirlos en estacionamientos. Por ley las nuevas edificaciones deben construirse con suficientes parqueos.

También se necesita que el Estado garantice la seguridad en las calles y avenidas. Que desalojen a las personas que se han apoderado de los sitios públicos y que la Policía no solo se dedique a imponer sanciones sino también a proteger a quienes por necesidad se han estacionado en calles donde no afectan al resto de tráfico.

Las diferentes instituciones deben garantizar a sus usuarios sitios o áreas de parqueo o al menos disponer de personal de seguridad para proteger los contornos. Además debería haber una ley que prohíba a las empresas no hacerse responsables de manera subsidiaria por los daños que sufren los automotores dentro de sus instalaciones.

La población salvadoreña seguirá aumentando y con ella la cantidad de vehículos. En 1994 eran un poco más de 300 mil automotores, hoy ya superamos el millón de vehículos circulando y para todos ellos hay que encontrar estacionamientos. Nadie es dueño de las calles y avenidas, por lo tanto nadie debe cobrar por permitir que vehículos se estacionen donde no obstruyan el tráfico, pero el Estado y las instituciones públicas (y las empresas cuando somos sus clientes o usuarios) deben garantizar la seguridad de nuestros bienes, incluyendo los vehículos.




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