Editorial & Opinion

Falta de liderazgo para la integración

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 24, diciembre 2019 - 12:00 am

Culminó en El Salvador con más pena que gloria la LIV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, convocada durante los días 18 y 19 de diciembre. El evento estuvo precedido por la reunión de cancilleres de la región y por la cumbre de Vicepresidentes, consolidándose el interés en temas prioritarios como: acciones concertadas para enfrentar los efectos del cambio climático y vulnerabilidades; crisis humanitaria por razones migratorias y la necesidad de posturas comunes;  coordinación de políticas y acciones en materia de seguridad pública; facilidades necesarias para agilizar el comercio regional, incluyendo la unión aduanera; y las reformas al tratado constitutivo para otorgar facultades vinculantes al Parlamento Centroamericano que le permitan ejercer potestades legislativas en la esfera de sus competencias, así como el control y vigilancia sobre el resto de organismos de la integración.

De junio a diciembre, el presidente Bukele -en representación del país- ejerció nominalmente la presidencia pro témpore de esta máxima rectoría del sistema de integración -única efectiva durante su mandato-; sin embargo, el desaire de su ausencia en la asunción de tal responsabilidad en junio en Guatemala, puso en evidencia la falta de un programa y visión política integracionista; elemento agravado con sus reiterados ataques a otros mandatarios de la región.

Al final, como era de esperar, ningún jefe de Estado o de Gobierno asistió a la cumbre en El Salvador, tan siquiera su anfitrión, el presidente Bukele, perdiendo de esta manera la preciada oportunidad de utilizar constructivamente el amplio respaldo otorgado en las urnas, para liderar y hacer avanzar el proceso de integración regional; esfuerzo que tanto sacrificio ha costado a nuestro pueblo, al que siempre se le ha reconocido una clara vocación integracionista.

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El país necesita una política exterior coherente y con un rumbo definido que tome en cuenta tanto la necesidad de mantener buenas relaciones de respeto mutuo con Estados Unidos, principal destino migratorio y del 42% de nuestras exportaciones, como con la región SICA, donde va el 40% de nuestras exportaciones y por ende constituye nuestro segundo socio comercial. Por nuestras raíces históricas y culturales de vecindad nos unen lazos ancestrales, no solo económicos, sino  de intercambio social, migratorio y ambiental. Por lo tanto, cualquier desatino, vacío, desaire, incoherencia, confrontación estéril, tendrá consecuencias inmediatas que afecten la correcta marcha del proceso de integración que tanto necesita nuestro país y que nunca se ha caracterizado por la arrogancia.

En la región existen dos modelos diferentes de integración: un modelo, el de los grandes conglomerados económicos regionales y extra regionales que ponen énfasis y tienen fuertes intereses en facilitar y agilizar el comercio,  garantizar la seguridad de sus inversiones y la libre movilidad de capitales. Muchos de estos conglomerados financieros, bancarios, inmobiliarios, de minería, transporte aéreo, marítimo, no tienen el menor interés en la existencia de mecanismos institucionales de legislación, vigilancia y control regional, y solo ven a una región en crecimiento, cercana a uno de los mayores mercados del mundo, puente entre el sur y el norte del continente, un canal interoceánico y la potencialidad de al menos dos canales más, un área común de ocho países, un mercado creciente de sesenta millones de habitantes y más de medio millón de kilómetros cuadrados.


El otro modelo de integración regional pretende construir los mecanismos institucionales que vigilen y potencien los derechos humanos, sociales y culturales regulando los derechos de consumidores, protegiendo la diversidad ambiental, fomentando la libre movilidad humana en el área, transparente el ejercicio de la gestión pública comunitaria, desarrolle plenamente de las libertades democráticas en el marco de un modelo de desarrollo justo, equitativo y sustentable. Por estas y más razones es necesario el fortalecimiento de los órganos regionales de la integración y las facultades vinculantes del PARLACEN.

Avanzar en el proceso de unidad regional requiere liderazgo, principalmente de los ejecutivos debido al carácter marcadamente presidencialista de nuestros sistemas democráticos. Un liderazgo efectivo no depende solo de un elevado aval en las urnas o del habilidoso manejo de la comunicación y las redes sociales, y menos estar dominado por los intereses de los grandes grupos económicos regionales y foráneos; requiere sabiduría, prudencia, coherencia, pensamiento estratégico, capacidad de diálogo e interlocución, dominio de la historia y agenda de temas regionales y sobre todo genuino compromiso con el proceso de integración social. Parece que nos alejamos de algo semejante.




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