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Editorial & Opinion

Fortalecimiento de la institucionalidad

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

sábado 23, febrero 2019 - 12:00 am

Después del anuncio oficial del triunfo del señor Nayib Armando Bukele, las páginas periodísticas y otros medios de difusión, comenzaron a recibir múltiples opiniones que no vamos a subestimar, pero encuentro algunas que, por su demasiado entusiasmo, pierden la óptica fundamental en la sana y correcta conducción del Estado para los próximos cinco años.

Para los que ya peinamos canas y hemos visto pasar muchas correntadas claroscuras bajo los puentes, consideramos normal que con cada cambio de gobierno, los salva­do­reños quisiéramos refundar el país de la noche a la mañana. Y de este entusiasmo reformista, tampoco se escapan los nuevos dirigentes que, con el pasar del tiempo, se han venido sucediendo en el poder, ya sea desde el ejecutivo, el legislativo o el judicial. Cada uno ha dicho que lleva un plan de acción mejor que el anterior titular, pero, la experiencia nos sustenta que, aunque en sus inicios digan que no harán lo mismo de siempre, los resultados históricos indican que siempre han incurrido en lo mismo. Con algunas variantes, pero iguales resultados.

Por ejemplo, correspondió primero a los hermanos guatemaltecos, pelear a brazo partido, porque la ONU les creara una “Comisión Internacional contra la Corrupción e Impunidad” porque, según sus apreciaciones, la institucionalidad de justicia conformada por fiscales y juzgadores, no era digna de confianza. Pero, al pasar de los meses, la entidad redentora de la honestidad y la justicia, también fue acusada de lavar su ropaje con el mismo jabón sucio de quienes supuestamente combatiría. Y como lo que hace Tancho, también lo quiere Pancho, desde hace varios meses, comenzaron a escucharse voces en nuestro patio criollo, sugiriendo y proponiendo que también los salvadoreños necesitamos (con urgencia para colmo), la creación de una CICIES, justamente alarmados, no lo niego, por los casos escandalosos de las diversas manipulaciones aviesas y traviesas que con los fondos estatales hicieron, por lo menos, las últimas cuatro administraciones gubernamentales, incluyendo funcionarios y empleados de todo rango, color y sabor, supuestamente comandados por el presidente de la república de turno en los momentos de cometerse dichos ilícitos, cuyos montos millonarios ahora estarían siendo utilizados en obras de bien común como lo pide, domingo a domingo, nuestro apreciable Arzobispo Metropolitano. Por no ser parte en ninguno de esos casos, ignoro en realidad el dato exacto de los dineros substraídos ilegalmente del erario nacional, de los dineros del pueblo, cuyo correcto manejo y protección está encomendado, constitucionalmente, a una entidad supuestamente contralora, denominada Corte de Cuentas de la República, cuyo mal desempeño me hace pensar, por momentos, que talvez una CICIES nos caería bien, por aquello de probar honestidad con algo nuevo…

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Sin embargo, ruego me disculpen quienes proponen al nuevo gobernante la creación de esa comisión, pero soy de la opinión que la mira principal debe estar enfocada en aspectos más viables, como sería mejorar la capacidad y calidad de nuestra institucionalidad nacional, sin recurrir a instancias nodrizas internacionales, muchas veces, poco o mal conocedoras del entorno patrio, como si nuestra república fuera una criatura recién nacida en el centro de las selvas indonesias y, además, huérfana de sus padres legítimos. En nuestro país tenemos muchas gentes capaces, bastantes personalidades de notoria instrucción y moralidad, centenares de profesionales y empresarios con visiones amplias y futuristas, incluso, muchos jóvenes que se preparan ardua y conscientemente para el advenimiento indetenible de la cuarta revolución industrial, que ya toca a las puertas de nuestras instituciones atrasadas. La lucha debe centrarse en que cada gobierno no sea la puerta que se abre únicamente para sus correligionarios, seguidores obsesivos, lacayos y aduladores, como suele suceder en esta novela sarcástica que todo gobierno escribe, a su manera, cada cinco años.

Un gobierno electo democráticamente es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no es exclusivo de facciones partidarias efímeras y contraproducentes. El gabinete ministerial, la Asamblea Legislativa, Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público, etc., deben estar integrados por personas de capacidades comprobadas, que posean calidad intachable de estadistas y de conducta honesta de los asuntos públicos. Confío nos escuchen.





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