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Editorial & Opinion

Garantías en un evento electoral

Ruth Eleonora López / Máster en Derecho Societario y en Derecho Electoral

martes 29, enero 2019 - 12:00 am

Para este domingo están convocados 5,268,411 electores que podrán expresar su voluntad en 9568 Juntas Receptoras de Votos, instaladas en 1596 centros de votación, para la elección de un nuevo presidente de la República para los próximos cinco años en El Salvador.

Cuatro fórmulas presidenciales son parte de la contienda electoral y los partidos a los que pertenecen forman parte de la estructura de control de las actuaciones del Tribunal Supremo Electoral (TSE), que tienen su expresión más cercana a los electores en la integración de las Juntas Receptoras de Votos (JRV); y en las que además de proponer a sus miembros tienen un vigilante que directamente les representa durante toda la jornada electoral y que al finalizar recibe como premio mayor una copia del acta de los resultados de la mesa en la que fungió.

Esta joya denominada Acta de Cierre y Escrutinio es esencial en la transparencia del proceso, ya que permite a cada uno de los partidos efectuar sus propios controles y a la población posteriormente contrastar con las copias de éstas y los consolidados de los resultados publicados por el TSE.

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Para los propuestos a integrar las mesas el TSE instaló 288 centros de capacitación, con 690 facilitadores electorales, previamente capacitados por la Unidad de Capacitación del mismo Tribunal, que incluyeron tanto personal propuesto por CONAIPD como por las asociaciones LGTBI, inclusión en la que el TSE ha avanzado progresivamente.

Desde el 8 de diciembre hasta el 27 de enero se habían realizado 3726 jornadas de capacitación y con una asistencia de casi 90 mil personas, lo que evidencia el despliegue del TSE y el involucramiento de los llamados a asistir, tanto de los miembros de JRV como vigilantes, que antes solo eran capacitados por los propios partidos. Los resultados electorales en nuestro país cada vez han sido más ajustados pero la despartidización de los organismos electorales temporales es definitivamente una garantía del sistema, pues casi el 28 % son ciudadanos designados por sorteo para cumplir esa función.


Es evidente que tres fuerzas políticas de las cuatro en la contienda tienen posibilidades de alcanzar una posición para la segunda elección, a celebrarse el próximo 10 de marzo, por lo que la sociedad debe estar muy atenta a los resultados, y especialmente a los múltiples mecanismos de auditoría que poseemos como electores para verificarlos.  Será esencial para la estabilidad de nuestro país que dejemos a un lado las vísceras y se reconozcan los resultados, favorezcan a quien favorezcan.

Los electores tendremos una vez más la posibilidad de revisar los datos acta por acta. Ya hemos dicho que en cada mesa de votación para la elaboración del acta de cierre y escrutino habrá representantes de los partidos en contienda y una copia es entregada a cada partido o coalición participante, por lo tanto ese instrumento tiene un enorme valor y es garantía del resultado de la voluntad de los votantes. Si una copia del acta entregada a los partidos o coalición no se correspondiere con la publicada por el TSE, ésta será modificada en el escrutinio final, etapa que mientras no concluya no hay resultado firme y por tanto no hay ganadores, ni perdedores.

Los partidos además, a través de la Junta de Vigilancia Electoral por el derecho de vigilancia que les otorga la Constitución, poseen múltiples mecanismos de información directa e informática como garantía de los procesos y los resultados.

También, el acompañamiento institucional de la Fiscalía General de la República, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, la observación nacional e internacional, pilares de trasparencia de cualquier proceso electoral -y que El Salvador tiene ampliamente desarrollado por la concepción abierta del evento-, son garantía para la ciudadanía y los contendientes de que el resultado final será la expresión de la voluntad de los electores.

El desafío mayor para el TSE es la celeridad para brindar resultados o abrir los resultados en línea desde las primeras actas, y culminar con este primer proceso electoral para dar inicio cuanto antes al segundo, pues la logística nuevamente se pone en marcha.

No es difícil prever que si los resultados entre el segundo y el tercer lugar son ajustados la facultad jurisdiccional del TSE será puesta a prueba una vez más a través de los recursos electorales; sin embargo, el TSE tiene suficientes precedentes en este sentido que han fortalecido su actuar, reconociéndole  la victoria a quienes los electores hayan elegido, aun cuando la diferencia sea de un voto.

Los medios de comunicación deberán garantizar a la población su derecho a la recibir información de calidad y no generar incertidumbre y la ciudadanía deberá actuar de forma responsable ante lo inevitable: la tendencia maligna de todo candidato perdedor de gritar “fraude”; porque después de cada elección siempre sale el sol.




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