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Editorial & Opinion

Habemus Sala de lo Constitucional

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 22, noviembre 2018 - 12:00 am

La elección de la Sala de lo Constitucional y de la Sala de lo Civil, ha sido un tema muy álgido y desgastante para cada uno de los juristas que dispusieron participar, lo cual sin duda provocó stress y ansiedad, dado que expusieron sus vidas en las redes sociales. Y en cierto modo, la guerra sucia que ahí se maneja se ha salido del control de todos, porque la opinión pública, lamentablemente, puede cambiar a favor o en contra, por la rumorología, la presión de los troles, y el Fake News; en otras palabras, fue escandalosa la cantidad de energías negativas que se le dedicó a despotricar a ciertos candidatos.

A lo mejor el método de elección por los diputados no fue el más acertado, ni la forma en la que lo hicieron, ya que la elección fue a puertas cerradas en un salón en el que votaron por el decreto, pero no lo hicieron de forma nominal y publica; además de ello, designaron a los suplentes de manera arbitraria y no como lo establece la Constitución; de tal suerte que son estos detalles los que hacen que la Asamblea Legislativa se vea mal ante la población que desea que los procesos sean éticos y transparentes;  no obstante, es positivo que finalmente se tenga Sala de lo Constitucional, después de tanta presión ciudadana.

Ante tal escenario, se deben hacer un par de valoraciones: la primera es que cuando el pueblo se une para hacer presión a las autoridades públicas, surten efectos, tal vez no los deseados; sin embargo, se provocó que los diputados eligieran en este contexto y no como quizás lo pretendían hacer “después de las elecciones”. La otra valoración es que ciertas fracciones políticas no lograron imponer a sus candidatos que desde las gremiales y desde el CNJ trataron de impulsarlos, para luego hacer la designación de dedo, ya que se mejoraron los filtros, aunque siempre existieron inconsistencias, las que al final premiaron a unos participantes más que a otros en el proceso, tanto en la elección de las gremiales, como en la selección y votación que se dio en el CNJ, dado que hubo juristas que no fueron tomados en cuenta, pese a que obtuvieron mejores calificaciones que otros; aunque uno de los aspectos preponderantes era verificar la desvinculación partidaria y la independencia; pero cuando se dio la votación en el CNJ, se vio una fisura recurrente de bloques de tres y cuatro magistrados. Excepcionalmente se votó de forma unánime.

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En consecuencia, no hubo en el CNJ una discusión y deliberación pública del porqué se les daban los votos a unos aspirantes y porqué se les negaban a otros; creo que en aras de transparentar los procesos y fortalecer la institucionalidad, éstas son las cosas que se deben señalar y mejorar en futuras selecciones. En ese sentido, se debe destacar la participación loable a la que se sometieron una gran cantidad de juristas, que, sin tener vinculación directa e indirecta con ningún partido político, se mantuvieron al margen del proceso de selección.

Quienes confiaron únicamente en la voluntad de Dios, en sus cualidades y capacidades, en su trayectoria profesional y académica, que al final, aunque estos aspectos fueron tomados en cuenta, no necesariamente se decantaban por ellos; de modo que el proceso de selección y elección no fue el más acertado o perfecto.  Aun así, a los juristas que resultaron elegidos para formar la Sala de lo Constitucional, se les considera personas muy capaces, técnicas y con una gran trayectoria jurídica que no dudo, harán su trabajo de forma independiente y desvinculados de cualquier presión fáctica que se quiera tomar a la CSJ.


De manera que la primera presión de fuego que tendrán los nuevos magistrados no será resolver la mora judicial acumulada, sino votar a favor en Corte Plena, para que se procesen civilmente a todos aquellos funcionarios que están siendo investigados por enriquecimiento ilícito, y que no pueden probar el origen del crecimiento descomunal de sus riquezas, aquellos que pasaron de vivir en una zona popular a vivir en mansiones con estilos de vida suntuosos.

Por lo tanto, no les debe temblar la mano, en los casos donde existan indicios fuertes que el funcionario no puede justificar el crecimiento de sus riquezas,  ya que tan delincuente es aquel que roba un banco, como aquel funcionario que, valiéndose de la impunidad, comete actos de corrupción para su favorecimiento y el de su familia; es hora de poner un alto a los abusos de malos funcionarios públicos.

 

 

 

 

 

 




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