Editorial & Opinion

Incentivos más que castigos

José Luis Chávez Rivas / Ingeniero Civil

lunes 19, agosto 2019 - 12:00 am

Los movimientos conservacionistas del medio ambiente, han llenado cantidad de espacios en los medios de comunicación, publicitario, foros y otras actividades. Con resultados muy modestos para esa titánica labor.

Existe una cultura que debemos modificar mediante la educación ambiental – pero como todo proceso tomara más del tiempo deseado. Lo positivo es que hemos emprendido ese camino – con el propósito de preservar el futuro de todos.

Se escuchan los diversos sectores y parecería que en el fondo – todos coincidimos en lo esencial. Es en el cómo hacerlo que no logramos acuerdos – y surge la figura coercitiva de LA LEY DEL MEDIO AMBIENTE.

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Sin embargo, es deber de todos los involucrados – el proporcionar un instrumento legal que por un lado proteja nuestros recursos ambientales, pero por el otro no paralice el desarrollo de los proyectos – para satisfacer necesidades tan esenciales como la vivienda, lugares de trabajo, obras de infraestructura, etc.

Un sistema combinado en que abunda el incentivo y en donde el castigo sea la última opción.


Convirtiendo la  ley en un eficiente motor del desarrollo sostenible.

Para ilustrar con algunos ejemplos:

  • El gobierno pregona que la solución del problema de vivienda es construir apartamentos de varios niveles en lugares donde ya existe infraestructura. Que por un lado optimiza e intensifica el poco suelo urbano con que contamos, por el otro mantendría mayores áreas de infiltración en el suelo al aumentar la resiembra de especies vegetales escogidas por su capacidad de atraer especies vivas. Recuperando nuestros mantos acuíferos con más y mejores Bosques.

Y muchos compartimos ese pensamiento.

Pero ¿qué constructor en su sano juicio se aventura contra nuestra cultura ancestral salvadoreña: en la cual cada quien prefiere tener un jardín – por pequeño, que este sea en donde pueda sembrar su aguacate y su limón. Compitiendo en condiciones normales con las viviendas en una planta, con el agravante de experiencias históricas conocidas?. ¿Que ocurriría si se incentivara al constructor con bajas tasas de interés, sin comisiones onerosas, con financiamientos con mejores flujos de efectivos para los procesos, etc.? Y al cliente con subsidios y más amplios apartamentos.

  • ¿Qué ocurriría si se fomentara la reconversión industrial con incentivos a la inversión en equipos, o se introdujeran medidas de seguridad industrial que resultaren atractivas a las empresas? ¿Y que fueran incentivadas por vías fiscales o financieras?.
  • ¿Qué ocurriría si a las panaderías, ladrilleras, tejeras, y al consumo doméstico de leña – se le incentivara con pequeñas “gangas” que les permitan ser coherentes con el espíritu de la ley-pero sin chocar con la realidad del Mercado?

¡Seguramente tendríamos mejores resultados!

De no incentivar las actividades productivas, la Ley del Medio Ambiente convertirá a la Policía Nacional Civil y Juzgados Ambientales en  órganos represivos actuando dentro de la legalidad.

Y probablemente las energías que el Estado deberá utilizar para supervisar el cumplimiento de una Ley del Medio Ambiente, será en términos económicos mayores que el costo de los incentivos  a conceder por la vía de estimular, de crear buena voluntad y soluciones de largo plazo. Sin detener el desarrollo.

Hagamos políticas públicas serias, que permitan desencadenar las energías positivas de los emprendedores y beneficiar a Juan Pueblo-el Soberano-Jefe Supremo de todos los políticos salvadoreños sin excepción - ¡a quien se deben!




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