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Editorial & Opinion

Injerencia del embajador alemán en nuestras leyes

Evelyn Sol / Colaboradora

sábado 5, enero 2019 - 12:00 am

Por similar corriente de pensamiento, impugnaré dos artículos publicados en los medios. Uno de una  salvadoreña abortista publicado recientemente en Diario El Mundo acerca de Imelda, joven acusada de intentar matar a su bebé recién nacido; y otro como repuesta a un escrito del embajador alemán Bernt Finke, objetando su injerencia en nuestras leyes y soberanía.

La salvadoreña manifestaba incomprensión ante  “la jactancia de nuestra sociedad de poseer valores pro-vida”. Crudo contexto de lo que es para ella matar bebés adentro y afuera del vientre materno. Sugería que por este –¡falso!– aborto espontáneo, el derecho a abortar debía ser discutido “de forma madura y democrática”. ¡Así de trasnochada está parte de nuestra juventud! Cómo si matar indeseables seres indefensos tiene algo de maduro y democrático y el poseer valores morales provida contra éste y cualquier asesinato, es harto censurable. Ignorancia crasa ante el máximo derecho humano de todo individuo, la vida, contemplado así en el artículo 3, antes de la mayoría del resto de derechos plasmados en la “Carta Universal de los Derechos Humanos de la ONU”.

Igual que ella, otras féminas aquí, algunas de  índices culturales superiores al vulgo (ya sea por privilegiada cuna o estatus profesional) ¿en posible aspiración de protagonismo progresista-izquierdista?, batallan para la despenalización del aborto, cuando siendo muchas de alta estirpe podrían crear fundaciones de verdadero beneficio para nuestras mujeres agredidas, violadas, abusadas, pues tienen sobrada plata para pagar abogados e investigadores que persigan no al bebé sino al violador, el criminal, especialmente para conseguir leyes de ejemplarizantes castigos que los pudran en las cárceles o los castren. Un castrado… y el terror machista liquidó el problema. ¡Esta iniciativa sí ayudaría a la mujer indefensa!

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Imelda fue víctima de un padrastro que la violó desde los doce añitos hasta que dio a luz a los 20. Con este continuo criminal abuso desde niña, es razonable sufrir trastornos síquicos. Cualquier jovencita en su perturbada mente repudiaría al bebé procreado con el violador, ¿lanzándolo o abandonándolo en la letrina llena de heces donde dijo haber alumbrado? –pero ojo– también cubriéndolo de cal.

Esto indicaría que alguien trató de ocultar el mal olor del cadáver al morir. Pero no murió. Es dudoso que una muchacha de 20 años por enloquecida que se encuentre, ignora que “ese algo” que cayó en la letrina, como dijo, era el bebé que nacería y rechazaba ¿Por qué entonces no se investigó su estado mental, absolviéndola por locura? En otra instancia, ¿por qué no se investigó al padrastro pues él pudo arrojar a la letrina al bebé (cuerpo de su delito) y lanzó la cal para ahogarlo también?  Lo más importante aquí es el intento de asesinato contra una víctima que debió morir. Porque, entonces, ¿qué hay del derecho del bebé a la justicia?


Es en este gravísimo desafuero donde los comentarios del Embajador Finke se vuelven injerencistas, inaceptables y atroces en cuanto a que a él y abortistas, importó queso la vida del recién nacido, considerando el embajador Finke esta injusticia contra este bebé, –¡OJO!: SALVADOREÑO–, un triunfo del Estado de Derecho, cuando se hizo todo para matarlo. ¡Ah, pero eso sí!, ese intento de asesinato será destinado a presionar para despenalizar el criminal aborto, no teniendo NADA que ver este homicidio fallido, con el absolutorio fallo del FALSO aborto espontáneo.




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