Editorial & Opinion

Instrucción notoria

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / Hugo E. Fonseca A./Militar y abogado

viernes 18, enero 2019 - 12:00 am

Hace unos días leía en un periódico local una sección denominada Bolsa de Trabajo. En ésta aparecían una serie de avisos de trabajo de diferentes empresas, organizaciones no gubernamentales, organizaciones internacionales y firmas de reclutamiento.

Por curiosidad los revisé uno a uno y examinaba los requisitos que presentaban. Estos requisitos iban desde parámetros de edad, académicos, experiencia, lugar de domicilio, experiencia, dominio de idiomas extranjeros, etcétera. Eran un total de 74 avisos. De éstos, verifiqué que 61 % requerían estudios académicos de licenciatura, ingeniería o arquitectura y, además, en algunos avisos demandaban maestría relativa a un ámbito específico.

Esto es interesante, porque es posible acreditar que el ámbito laboral nacional es proclive a exigir profesionales graduados universitariamente, para cargos de dirección o técnicos.

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Ahora bien, nuestra Constitución establece que para los cargos de Presidente de la República, Diputados, Ministros o Viceministros, Juez de Paz y Gobernador, es requisito poseer instrucción notoria, aunque para los Magistrados de Sala y Cámara, así como Jueces de Primera instancia se exige competencia notoria.

Para el caso de la Presidencia de la República, el requisito de notoria instrucción nace en la Constitución de 1864, en su art. 15 y se mantuvo así en la Constitución de 1871, art. 20. En la Constitución de 1872, art. 85, se redactó como instrucción notoria, se mantuvo con esta expresión a través de las Constituciones siguientes: 1880, art. 79; 1883, art. 77; 1886, art. 83; 1939, art. 96; 1945, art. 83; 1950, art. 66; 1962, art. 66; y, en la Constitución vigente de 1983 art. 151.


Pero ¿Que es instrucción notoria? Conforme al Diccionario de la Lengua Española, instrucción es el caudal de conocimientos adquiridos. Notorio se refiere a la relevancia e importancia, así como el carácter de público y sabido por todos.

El requerimiento constitucional para ser Presidente de la República no puede considerarse un resabio histórico: Si bien la redacción puede ser la misma, en el fondo, el concepto ha ido variando de época a época, según las necesidades y requerimientos de la sociedad en su momento; pero la expresión no es arcaica ni vetusta, sino que es jurídicamente correcta e, incluso, exegéticamente se puede interpretar que instrucción notoria es “El cumulo de los conocimientos adquiridos en una ciencia o arte de relevancia o importancia, que es de conocimiento público”.

Si bien la expresión es prácticamente la misma desde la Constitución de 1864, ello no quiere decir que deba interpretarse de acuerdo a las realidades de hace más de 150 años, ya que el concepto de instrucción notoria no es estático, sino que es evolutivo, debe comprenderse acorde a la realidad y actualidad de la sociedad salvadoreña.

Por ende, la instrucción notoria para ser Presidente de la República debe ser conforme a esa realidad. No importa en qué ciencia o arte se hayan adquirido los conocimientos, lo esencial es estar preparado para conducir con lógica y coherencia un Estado: es indispensable tener en el bagaje personal la preparación, el conocimiento y el método científico; así como defender, debatir u oponerse a una tesis, de una forma científica.

En nuestro ambiente actual se requiere de profesionales. Personas con conocimiento y capacidad de análisis, dirección y trabajo en equipo, para establecer directrices claras y razonables de ejecución. En el Gobierno es similar. Se requiere un conductor con el conocimiento, experiencia y capacidad de conducir los designios del Estado. Para determinar las líneas estratégicas de conducción estatal. Con capacidad de crear un Plan de Gobierno para que las distintas Secretarías de Estado ejecuten su área de responsabilidad.

Desde 1864 El Salvador ha tenido 32 presidentes, entre constitucionales y provisionales; de los cuales 27 han sido profesionales en distintas ciencias, y cinco políticos sin instrucción notoria. De estos cinco, dos -que fueron presidentes en el siglo XXI- están siendo procesados actualmente por distintos delitos.

La exigencia de instrucción notoria en la Constitución no es baladí. Tiene asidero jurídico, histórico, práctico y ambientalmente evolutivo. Debe ser observado con gran detenimiento y crítico análisis, no solo para aquel que desee llegar al máximo mandato que la ciudadanía encarga.




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