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Editorial & Opinion

La campaña negra ya está en boga

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 8, enero 2019 - 12:00 am

Cuando cursábamos la asignatura Propaganda en la Universidad Nacional Autónoma de Mexico (UNAM), aprendimos que todo cierre de campaña electoral debe ir acompañado de una táctica de avanzada marcada por una estrategia negra, porque no hay marcha atrás y en política el fin justifica a los medios.  Pedro Torcado de Silva, una especialista portugués nos decía que solo quien no hace campaña negra tiene asegurada la derrota.

Así es la comunicación política, cuyos componentes son las propuestas, las antipropuestas y los ataques viscerales por “debajo de la mesa” o “servidos en la mesa” contra el rival ideológico o el oponente circunstancial. En política partidaria no hay oponente incondicional, porque en ocasiones los rivales se vuelven aliados estratégicos coyunturales.

Como parte de la propaganda o campaña negra es válido y necesario hacer uso de la rumorología, la desacreditación, el manipuleo de las masas, las acusaciones sin fundamentos, las hipótesis trasnochadas y los camuflajes del talante. De tal manera que se busca ningunear al oponente y hacer de su imagen un poco menos que un mamarracho.

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Lo malo de todo cierre de campaña electoral es que todos los partidos políticos y sus candidatos saben qué es lo que se debe hacer. Y lo hacen. Los partidos y sus equipos de campaña (desde los activistas, pasando por los asesores y el mismo candidato) le apuestan a la campaña negra y hacen acusaciones sin ningún tipo de argumentaciones o se inventan cualquier escenario, sabiendo de antemano que sus incondicionales fanatizados no repararán en razones y darán como valedero cualquier  argumento. Verbigracia, el candidato habla de un fraude y sus seguidores, cegados por la falta de análisis o anteponiendo la emoción a la razón, saldrán a las calles a gritar o a efectuar cualquier acción autómata dirigida por algún estratega de la campaña.

El uso de la propaganda negra, desde repetir una mentira mil veces hasta que se vuelve “verdad” o inventar un problema para encontrarle solución, es un método o una práctica tan antigua, que ha permitido a los manipuladores de las ideologías y  a los sedientos de poder, jugar con la conciencia de sus adeptos que sin importar su condición económica, social  y académica o su edad o sexo, se vuelven algo así como marionetas sin conciencia. Tropicalizando, hay quienes creen a fe ciega en Hugo Martínez, en Carlos Calleja, en Nayib Bukele y hasta en  Josué Alvarado. Algunos de ellos ni siquiera tienen propuestas concretas o han sido llevados a los altares de los ídolos aprovechando el contexto.


En estas tres últimas semanas los salvadoreños veremos como todos los partidos y sus candidatos, por estrategia electoral entrarán a una campaña negra más abierta. La tal campaña negra ha sido permanente desde un principio, aprovechando las redes sociales (que permiten el anonimato y los efectos contagios en los públicos) y la inmunidad e impunidad que gira alrededor de la cosa política y partidaria.

Los partidos y sus candidatos despotricarán contra sus rivales, buscarán crear divisiones a partir de las simpatías de cada ciudadano, inventarán problemas, harán mediciones del nivel de fanatismo de sus seguidores, ofrecerán redenciones y “por debajo de la mesa” atacarán como fieras ensangrentadas sedientas de venganza, odio y pasión desmesurada por el poder.

Los candidatos se mostrarán ecuánimes en los debates, en las entrevistas periodísticas y frente a la sociedad organizada, pero en campo traviesa mostrarán su verdadera imagen, atacando a sus rivales. Así se diseñan los finales de las campañas electorales. La primera fase es el enamoramiento de las masas, la segunda es la conquista y/o consolidación de adeptos, la tercera es el fingimiento de las propuestas y la cuarta el ataque visceral, utilizando cualquier método y aprovechándose hasta de las “piedras del camino”.

Los salvadoreños tenemos que ser fuertes y resistir hasta que pase la campaña. Por sanidad mental hay que tener el control remoto a la mano y cambiar de canal cada vez que aparezca un spot electoral. Si ingresamos a las redes que sea socializar y aprender, evitando tanto mensaje tóxico propagandístico. Una vez pasen las elecciones, gane quien gane no debemos convertirnos nunca en enemigo de quien votó diferente a nosotros. Votar es un derecho y pensar diferente es una forma de convivencia.

Estamos advertidos, la campaña negra ya está en boga y la mejor forma de resistir es siendo tolerante, ignorando la misma o resignándonos a sufrir (así decía Torcado de Silva). Menos mal que el 30 de enero se acaba la campaña.




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