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Editorial & Opinion

La caravana de la tristeza

Jaime Ulises Marinero / Periodista

miércoles 7, noviembre 2018 - 12:00 am

Todos los seres humanos, por principio universal y desde los orígenes de la humanidad,  tenemos derecho a la migración ya sea por placer o en busca de mejores condiciones de vida. Sin embargo, toda migración se debe hacer en el marco de las normativas de la sociedad actual a escala mundial. Es decir, se debe hacer debidamente reglamentada respetando los principios universales de la legalidad.

La caravana salvadoreña que partió hacia Estados Unidos, emulando a la caravana de hondureños, es una caravana de tristezas que viene a llenar de vergüenza al país, pues el ser humano busca emigrar por aventura o por necesidad y es obvio que en este caso la emigración de los salvadoreños es forzada por la necesidad de ponerse a salvo ante la inseguridad en el territorio nacional y en busca de oportunidades porque en el país no hay suficientes.

Prácticamente los más de mil compatriotas que van sin rumbo definido, más que con el anhelo de abandonar este país que no les ofrece nada, son salvadoreños que están siendo expulsados por el Estado. Acá dejan a los suyos y se van exponiéndose al peligro de fracasar y acrecentar su frustración. Muchos ya se regresaron desde Guatemala, otros se quedarán en el camino, incluso, uno ya murió en territorio guatemalteco. Precisamente el compatriota que murió, con todo respeto para él y sus familiares, tenía su cuerpo tatuado aparentemente con símbolos pandilleriles.

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Los compatriotas no se han ido por su gusto. Se van porque, como lo han dicho, temen morir en el país por el accionar de los pandilleros y porque no encuentran trabajo o porque tienen salarios realmente miserables. Esta realidad contrasta con el discurso que recientemente brindó el presidente salvadoreño Salvador Sánchez Cerén, ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde dijo que durante su mandato había creado un país más seguro y con oportunidades para todos.

Allá en México les espera mucho sufrimiento e incertidumbre y si logran llegar a la frontera con Estados Unidos, lo más probable es que si pasan del otro lado los capturen y los deporten, tal como lo ha prometido el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien con amplio criterio xenofóbico, ha ofrecido recortar las opciones de asilo para inmigrantes, cárcel y balas para las caravanas de migrantes de hondureños y salvadoreños.


Desde luego, por muy indocumentados que sean los salvadoreños y hondureños, recibirlos con balas es antihumano, grotesco, condenable y repudiable. Literalmente es una acción terrorista. Estados Unidos que ya ha desplazado a más de 15 mil soldados en sus puntos fronterizos, tiene derecho a proteger su territorio y evitar el ingreso ilegal, pero jamás tendrá el derecho para disparar a matar a gente desarmada. Si lo hace seguramente se estaría ganando el repudio y la condena mundial.

Empero, nuestras autoridades no debieron permitir esa caravana. Tras ella seguramente hay personas malintencionadas (delincuentes) a quienes no les importa exponer a niños, jóvenes, mujeres y hombres. Puede ser que tras la caravana no haya intereses políticos, pero era más que evidente que se trataba de inmigrantes con un objetivo ilegal. Entrar a Estados Unidos sin tener la documentación en regla.

Seguramente la mayoría regresará deportada y lo que es peor, frustrada. El Estado salvadoreño debe acoger a nuestros compatriotas y generarles oportunidades, así como garantizarles la seguridad dentro del territorio. Muchos han expresado abiertamente que se van porque temen a las pandillas que controlan las comunidades donde viven porque les han amenazado o matado a familiares, lo que también contrasta con lo que periódicamente repiten nuestras autoridades de seguridad, quienes se jactan de tener control territorial.

Las caravanas mediáticamente reciben toda la atención, no así los constantes desplazamientos forzados dentro del territorio, como ha ocurrido recientemente en la zona rural de Zaragoza (La Libertad). En otras palabras, los desplazamientos forzados motivados por la crisis económica y la delincuencia, alcanzan hasta para montar caravanas y exponer a miles de salvadoreños que, engañados o no, van en busca de un sueño que los aleje de su pesadilla cotidiana.

Dios quiera que nuestros compatriotas vayan por buen camino. Que regresen al país sanos y que si llegan a la frontera y logran pasar a Estados Unidos, que se le ablande el corazón a Trump y los trate como a seres humanos. Realmente hay condiciones para que nuestros compatriotas apelen a un asilo para inmigrantes y nuestros gobernantes lo saben.




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