Editorial & Opinion

La comunicación es como el sistema circulatorio humano

Sherman Calvo / Empresario

viernes 24, mayo 2019 - 12:00 am

Es imposible hacer un producto de excelente calidad sin tener a la vez un entorno de trabajo de mucha calidad. Todo está ligado: producto de calidad, servicio al cliente de calidad, puesto de trabajo de calidad y calidad de comunicación interna.

La comunicación en cualquier organización, privada o pública, es como el sistema circulatorio del ser humano. Si hay bloqueos arteriales es posible que se produzca un infarto. De la misma forma, un bloqueo de la comunicación en la organización, merma el desempeño y destruye el clima de trabajo. “El respeto aumenta el respeto, creando la armonía esencial”. Lao Tze.

Para entrar de lleno en el tema, imagínese la siguiente situación en la que un subordinado le entrega al jefe un informe, un concepto de una campaña, un plan de medios o cualquier trabajo que le ha tomado mucho tiempo y esfuerzo. El jefe lo empieza a revisar y a la segunda página, le grita al subordinado que es un inepto, que el trabajo no sirve para nada. El subordinado mira al jefe en silencio y no le dice nada. Sale de la oficina y lo primero que hace es contarle a todo el personal lo injusto que es el jefe. Luego empieza a sabotearlo disimuladamente de muchas maneras y manipula al personal para que desconfíe de él.

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Esta situación, frecuente en el mundo empresarial, muestra dos estilos de comunicación: agresivo y pasivo. Las personas con un estilo agresivo explotan ante los problemas. Suelen menospreciar el trabajo de los demás, piensan que ellos siempre tienen <el monopolio de la razón>, son dominantes, invaden el espacio de las personas y les gusta ser el centro de atracción.

Haciendo una analogía automovilística, imaginemos un conductor que ve salir humo del motor, se detiene en una estación de servicio y se da cuenta que el problema es el radiador. Al abrir la tapa de éste, sale despedido un líquido marrón hirviendo. El agresivo es como un auto con el radiador bloqueado: camina un poquito, se recalienta y explota en cada esquina, y cuando explota mancha y puede dañar muchas personas.


Las personas que tienen el estilo pasivo, en cambio, no explotan; agreden de una forma más sutil pero igual de dañina. Suelen esconder sus verdaderas emociones e intenciones, buscan la aprobación de los demás con “agenda oculta”.

Volviendo al ejemplo del auto, las personas pasivas son como un automóvil cuyas llantas tienen pequeños cortes. Aparentemente no hay problemas, el auto puede caminar, pero poco a poco las llantas van perdiendo aire hasta que el auto queda botado. De la misma forma, el “pasivo” le hace perder aire a la cultura organizacional.

Tanto el pasivo como el agresivo, son estilos de comunicación en los que se presenta un déficit de respeto. En el caso del agresivo, le falta respetar a los demás. En el caso del pasivo, le falta saber respetarse a sí mismo. El mejor estilo de comunicación es aquel en el que la persona respeta a los demás y se respeta a sí misma. Éste es el estilo <asertivo>.

Las habilidades de comunicación son vitales para cualquier lugar de trabajo, y deben encontrarse en todos los niveles. Una encuesta de LinkedIn encontró que, según los 291 gerentes de contratación encuestados, las habilidades de comunicación son la habilidad blanda más demandada. Cuando los empleadores dicen que la comunicación es una necesidad, es mejor que tengan gerentes y supervisores que puedan comunicarse.

Desafortunadamente, los empleados de alto nivel a menudo se quedan cortos. Resultados significativos de un estudio informal recientemente hecho por Comparably, revelan que la comunicación es lo que los líderes necesitan para mejorar en la mayoría.

No hay razón para mantener a los empleados en la oscuridad, y aun así sucede. Un estudio de Leadership IQ encontró que menos de la mitad de los empleados saben si están haciendo un buen trabajo. Cuando los empleados no están seguros de dónde están, pueden ponerse estresados ​​e incluso empezar a desentenderse.

Una buena regla en general es nunca asumir que los empleados saben lo suficiente y evitar ocultar la información importante. Consejo: Crear una cultura de transparencia. Ser claro con todos. Articular lo que se espera del personal y proporcionar descripciones detalladas al asignar tareas.




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