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Editorial & Opinion

La confesion.com

Jaime Barba / Región Centro de Investigaciones

miércoles 22, agosto 2018 - 12:00 am

La confesión del expresidente de la república Elías Antonio Saca no deja dudas acerca del momento crítico que vive este pequeño país periférico llamado, no sin eufemismo, El Salvador.

Se trata de una auténtica joya política, no por su escritura ni por la dicción como fue expresada, no, lo que allí está contenido es una fotografía instantánea del sistema político vigente.

Cuando en 2014 el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, habló del Estado fallido, voces grandilocuentes y gangosas le salieron al paso tratando de desautorizar sus palabras. ¡Estaba dando en el clavo el arzobispo!

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Es bastante lo que dijo Saca en su confesión, y sin embargo es mucho más lo que no expresó pero que puede colegirse a partir de lo dicho y de los personajes que aparecen señalados.

El sistema político ha sido sacudido, aunque muchos querrán hacerse los desentendidos mirando para otro lado o haciendo veloz mutis.


Lo que la Fiscalía General de la República exigió a Saca, para hacer el proceso abreviado y disminuir la pena, es que se auto inculpara. Lo hizo sin ambages, pero también trazó la ruta, los modos y los destinatarios, y en todo eso bastantes personas e instituciones salen pringadas de diverso modo.

Son varios retos los que se desprenden de esta extraordinaria confesión.

En primer lugar, uno de ellos le pone una presión impresionante al titular actual de la Fiscalía. Vaya, Saca habló y dijo lo que dijo, entonces, ¿seguirá adelante hasta llegar al otro lado de la pita? Aquí está el quid del asunto. Si no procede contra todo el engranaje que ha hecho posible esto, pues, la ciudadanía estaría siendo timada, como en un reality show. Con la confesión de Saca es posible también volver a ver hacia atrás, hacia las otras gestiones gubernamentales de la posguerra y plantearse indagaciones y procedimientos. Ponderado lo de Saca es posible presumir que de aquellos lodos vienen estos polvos.

En segundo lugar, después de este destape no hay que seguir titubeando más: resulta imprescindible tomar estrictas medidas para bloquear de forma definitiva y radical tales procederes ilícitos. Si todo queda en la nebulosa y en la indefinición, pues la bancarrota del sistema político estaría siendo certificada por el silencio ominoso. ¿Pero podrán emprender esa increíble tarea los actuales actores políticos que han estado bajo el techo de todos estos hechos reprochables?

En tercer lugar, y es aquí donde habría que prestar mucha atención en este momento, porque resulta que tal y como la confesión de Saca lo ha dejado establecido, lo que él hizo fue trocar en más sofisticado un modus operandi que de hecho se venía practicando. Pero no solo en las altas esferas del poder gubernamental (léase, la presidencia de la república), un poco más abajo también todo este tiempo se han materializado acciones inadecuadas por parte de funcionarios que han creído que sus puestos son una suerte de llave para abrir la puerta y sacar parte del botín. Y es que habría que salirles al paso y repetirles lo que dice Quinto Horacio Flaco: ¿Quid Rides? Mutato nomine de te fabula narratur, esto es: ¿De qué ríes? Si cambias de nombre la historia habla de ti.

Hay que aprovechar que una administración pública está por cerrar, en mayo de 2019, para que la Fiscalía General de la República, de oficio, realice exhaustivas auditorías en instituciones autónomas y en ministerios (comenzando por los de mayor presupuesto; donde incluso hay algunas denuncias que hasta ahora han sido desestimadas). Las auditorías realizadas por la Corte de Cuentas, como ya está claro para todos, son superficiales e inefectivas. Muchas sorpresas podría encontrar la Fiscalía, puesto que jamás se ha hecho tal cosa. Pero hay que apresurarse, porque personas desesperadas e involucradas en procesos irregulares podrían en este momento estar tratando de borrar huellas o deshaciendo evidencias (¿incinerando?).

La corrección de todas estas anomalías pasa por una profunda reforma del aparato del Estado (no solo el gubernamental). ¿Las actuales candidaturas presidenciales hablarán acerca de esto o como siempre en las campañas electorales malbaratarán recursos en insulsas peroratas que aburren a la ciudadanía consciente?




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