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Editorial & Opinion

La corrupción, el cáncer que debilita el país

Jaime Ramírez Ortega/Consultor legal y de negocios.

viernes 19, octubre 2018 - 12:00 am

El Salvador ha caído en manos de unos cuantos políticos pícaros, un grupo de malos ciudadanos y de algunos empresarios sin escrúpulos que han debilitado la estructura jurídica y económica del Estado, con el fin de sustraer fondos públicos, por varias vías ilegítimas y otras las han construido para que parezcan legítimas como la malversación de fondos, corrupción directa e indirecta, licitaciones amañadas, distribución de dádivas, compra de voluntades, sobresueldos, plazas fantasmas, nepotismo, contratación de testaferros que desvían fondos públicos, entre otros.

Así que, bajo este escenario, se elegirá en febrero 2019 al nuevo presidente que gobernará un quinquenio; de modo que se debe escrutar el ayer y el ahora de cada candidato y su discurso, para minimizar los errores que se han cometido en el pasado al elegir fantoches que solo han llegado a darse la gran vida, mientras el pueblo sufre miserias y calamidades. La historia reciente nos ilustra que El Salvador adolece de una cultura de combate a la corrupción, y las leyes penales, solo sirven para perseguir al hambriento y al ladrón de gallinas.

Dado que ha quedado en evidencia la fragilidad que tiene nuestro sistema de justicia, al no prevenir, advertir, ni combatir la corrupción descomunal que se dio en la administración Saca, teniendo este individuo dos calidades irregulares,  la de presidente del país y de ARENA, pero esa misma historia se vuelve a repetir con idéntico patrón en el caso “Saqueo Público” en la gestión del FMLN, liderada por Mauricio Funes, donde le fue legada la misma estructura de corrupción, porque, a la vista de todo mundo, se sacaron millones de dólares de las arcas del Estado, sin que nadie viera ni dijera nada.

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Es decir, que, a estos malos políticos, se les debería dar cadena perpetua, borrarlos de las páginas de historia de nuestro país, ya que a ellos les importaron poco las necesidades del pueblo, o que los hospitales se estuvieran cayendo o no tengan medicamento, mientras ellos y sus familias comían y bebían como la Reina Isabel. Es un escándalo moral que una de las amantes de un expresidente vivía una vida llena de lujos, haciéndose cirugías, usando carteras y relojes, con los cuales se pudo haber construido una nueva escuela, casas para los más necesitados en las zonas vulnerables del país.

Es un descaro saber que a uno de estos expresidentes en su casa se encontraron 10 botellas vacías de Johnnie Walker Blue Label con un valor aproximado de $200 cada una; 80 pares de zapatos nuevos con un precio de $300 cada par.  Este sujeto hizo viajes con su grupo familiar y amigos hasta por un valor de $4 millones, y daba emolumentos mensuales de $17,000 para que le cuidaran a su hijo. Todo ello salió del erario público, pero lo que sí rebalsa la gota del vaso, es que dio orden para le emitieran un pasaporte diplomático a su amante.


Así que, el balón está en la cancha de los votantes, para que razonen su voto y no se dejen llevar por vendedores de espejos que ofrecen combatir la corrupción, pero cuando han tenido la oportunidad de administrar fondos públicos, han demostrado que sus intenciones no son ayudar al pobre, sino favorecer sus empresas y amigos; por lo tanto, se debe escrutar desde la infancia del candidato, hasta su último trabajo, para saber si no ha metido mano oscura.

Abramos bien los ojos, los tiempos son difíciles y siempre hay lobos vestidos de ovejas, ofreciendo el cielo y las estrellas, y cuando están en el puesto, ya no quieren ir a echar tortillas a las calles, ni abrazar a las viejitas de los cantones. Por ello se deben analizar bien las propuestas, así como descifrar la personalidad del candidato, para establecer si es confrontativo, ególatra, si le molesta que lo critiquen, si su discurso lleva odio, todo lo anterior son señales de un populista.

De modo que los verdaderos enemigos a vencer, son: la corrupción, el nepotismo, la falta de rendición de cuentas, la pobreza, la desigualdad, el antagonismo de clases, la injusticia, la inseguridad, la ausencia de oportunidades, la carencia de empleo, el pírrico crecimiento económico, el derrumbe de los índices de competitividad, el mal clima de inversión, el gasto superfluo del Estado. Por lo que el enfoque de cada candidato debe estar en construir soluciones a esos problemas, y todo ello se puede visualizar en su plan estratégico de gobierno.

Así que no es problema de derechas o izquierdas, o ensaladas ideológicas, sino de quien presente una mejor propuesta que sea medible, mejorable y ejecutable.




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