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Editorial & Opinion

¿La corrupción es el problema principal del país?

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 14, noviembre 2018 - 12:00 am

Todas las encuestas afirman que para la mayoría de salvadoreños el principal problema del país es la delincuencia, la violencia y las pandillas; en un segundo lugar está la situación económica, la falta de empleo, el alto costo de la vida y en un lejano tercer lugar se encuentra la corrupción.

Es cierto que la corrupción ocupa hoy un lugar  relevante, en la realidad jurídico-política del país  y en los espacios de los medios de comunicación, pero en general, para la población, el tema corrupción no aparece en las encuestas como una de las principales preocupaciones.

Que estamos atrapados por la corrupción no tiene ninguna discusión, la corrupción es nauseabunda, un mal endémico, no es un tema de un funcionario, es estructural. Una muestra palpable de ello son los escándalos recientes que involucran a los últimos tres expresidentes de la República. La corrupción es una enfermedad terminal que no contribuye en nada a que el país salga adelante y se superen la pobreza y la exclusión social.

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El Salvador sigue a la baja en el índice de percepción de la corrupción, ha caído 17 posiciones el año pasado en comparación con 2016. El país ocupa la posición 112 de 180 países evaluados, cuyo parámetro de medición es desde la calificación número uno como la mejor hasta la 180 como la peor. En 2016, El Salvador se situó en la posición 95, pero en 2017, según los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción, ha bajado hasta colocarse en el número 112.

La corrupción es uno de los factores que más daño hace a la democracia: genera desconfianza de la población en los políticos, pervierte el funcionamiento del aparato estatal, y desvía recursos que se podrían utilizar para mejorar la seguridad, los hospitales, y la educación.


En una campaña presidencial, hay que entender la eficacia de los temas. En términos de rentabilidad electoral: un tema de campaña, un hecho político generado por un candidato es rentable si suma votos.  Es triste, pero hay que tomar en cuenta que para mucha gente votar por corruptos les da igual, si consideran que votarlo, les va a ayudar a tener menos miedo y salir de la pobreza. A estas alturas no parece estar muy claro que, en estas elecciones, la corrupción desbanque a la inseguridad y a la economía como los temas de más interés entre los votantes.

El dime que te diré, de acusaciones y contraacusaciones sobre corrupción de los candidatos y/o sus partidos, devienen en una confrontación estéril, de la que la gente está harta y no gana votos.

Si usted, amigo lector, está cenando con su familia en un restaurante y dos personas se agarran a trompadas, lo más probable es que sienta rechazo por el pleito, no va a tomarse el tiempo de averiguar quién de los que pelean tiene la razón o los motivos de la pelea. Lo más probable que su actitud sea irse del restaurante.

Cuando se produce una confrontación permanente en una campaña es un desgaste y con frecuencia los electores rechazan el pleito, especialmente si la pelea tiene aspectos desagradables y violentos. Los electores están cansados de los insultos. Cuando hay disputa y un candidato acusa a otro de algo, la gente ya no cree ni en el que denuncia ni a los denunciados, cuando dos candidatos se enfrentan de manera encarnizada, los electores los ignoran.

Los candidatos deben tomar nota de la indignación de los electores por la corrupción, que le cuesta al país solo en los casos de Antonio Saca y Mauricio Funes, más de $650 millones. Nayib Bukele, Carlos Calleja, Hugo Martínez y Josué Alvarado deben comprometerse a  tomar medidas drásticas para terminar con la impunidad, y trabajar porque se meta a la cárcel a los culpables de corrupción y forzar que los fondos públicos que están en manos de los corruptos se recuperen para la hacienda pública.

Los aspirantes a la presidencia deben presentar propuestas más estructuradas en materia de corrupción. Señores candidatos comprendan que no es realista pensar que las personas se olvidarán de todo y al llegar a las urnas van a dejar de lado sus necesidades, problemas, resentimientos y votarán en contra de algún candidato solamente porque es corrupto.

Mejor ocupen su tiempo en proponer medidas para fortalecer las instituciones, garantizar que al frente de la Fiscalía y Corte de Cuentas estén personas capaces e independientes y comprométanse en gobernar de manera transparente.




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