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Editorial & Opinion

La displicencia

Carlos Alvarenga Arias/Abogado y MAE

martes 9, octubre 2018 - 12:00 am

La riqueza de los migrantes a estas regiones es que nos enseñaron lo que es trabajar. No en balde las mayores fortunas amasadas están en gran medida en manos de descendientes de personas que vinieron huyendo de Medio Oriente, Europa, China, cansados de tantas guerras, de territorios que sufrieron sequías desastrosas, epidemias que diezmaron su población y tantas calamidades más, humanas y naturales.
Me gusta la frase que he acuñado: “El sueño americano es posible en toda América”, inspirada en lo que esos inmigrantes, ahora sus descendientes, lo han demostrado.

Hay diferentes formas de ver el tiempo, hablando de cumplimiento de metas, sea circular o lineal. El primero es el que aplican nuestros políticos, el segundo es el que observan las personas con metas y con disciplina para alcanzarlas, como los inmigrantes y sus generaciones que tanto han enriquecido nuestro país. ¿Qué sería de nosotros sin ellos? Pues tal vez seríamos un país aún más pobre.

Hemos dicho muchas de las cosas que esperamos que hagan los políticos, nuestros políticos, más a los candidatos a la presidencia. Nos vamos y volvemos, vemos que no hacen lo que les sugerimos, y les repetimos que lo hagan. Y así pasan los años y nada. Vamos caminando por pura inercia.
Nuestros políticos ven el tiempo como algo circular, es decir, que si no se alcanzan las metas, va a volver a venir otra oportunidad para intentarlo. O si salió todo mal, no importa, vendrá un nuevo período como diputado, como alcalde, como ministro, como partido político para que suceda.
En la empresa privada eso es inconcebible, o sucede o no sucede, y si no se alcanzan las metas se dirimen responsabilidades y va para afuera el que no cumplió.

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¿Será que los votantes salvadoreños somos muy malos patronos? ¿Seremos muy alcahuetes con nuestros políticos? Bueno, tampoco es que haya mucho de dónde escoger. Ya son varios años de bipartidismo. Desde 1994 hasta 2019 estaremos ante una situación de dos partidos, a menos que suceda un milagro (que de milagro no tiene nada), y surja una tercera y real opción fuerte, inteligente, seria, pero no la veo por ningún lado.

Serán seis elecciones presidenciales con solo dos partidos realmente como opción. Esto confirma: no tenemos muchas opciones. ¿Cómo le hacemos?
La irresponsabilidad de nuestros políticos debería ser sancionada como se sanciona a un ejecutivo irresponsable en una empresa privada, y en determinados casos, como el actual en el que con total incumplimiento a sus deberes como funcionarios públicos, no eligen a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Deberían ser procesados penalmente por infringir la ley. Pero no, al fin y al cabo, no sucede nada, y la procrastinación, sigue siendo la regla: “Dejemos eso para más tarde, al final y al cabo este pueblo aguanta.”


No estoy diciendo que votemos por un ascendiente de inmigrantes, no, para nada, estoy diciendo que teniendo tan buenos ejemplos de personas exitosas en el país, nuestros políticos no pueden adoptar esa filosofía de trabajo, ese tesón inagotable para alcanzar las metas de forma eficiente y efectiva. Por qué no pueden cumplir con sus metas si tienen todos los recursos a la mano para lograrlo, tienen el poder, así, a secas, sin más, el poder para hacerlo.

¿Por qué la delincuencia no disminuye? ¿Por qué los índices de crecimiento económico no suben, ¡es más!, se estancan? ¿Por qué la educación no mejora? ¿Por qué?

Yo, que los he visto de cerca y vengo analizándolos de décadas, diría de manera simple y sencilla: son displicentes.

Déjenme buscar la definición de displicencia en el diccionario. ¡Ya! “Actitud indiferente y de desagrado hacia algo o alguien.”

Esta clase política ve con desgano e indiferencia a este pueblo. Son políticos chamberos, buscan una chamba para tres o cinco años y si te vi, no me acuerdo de vos.

¿Qué podemos hacer con esa realidad ya por demás confirmada? Reinventar la relación pueblo–representantes. Esto es tema de reformas electorales.




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