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Editorial & Opinion

La enorme responsabilidad de los candidatos

Jorge Castillo/Politólogo

lunes 15, octubre 2018 - 12:00 am

El Salvador atraviesa por uno de los períodos de mayor confusión en su historia. En casi todas las entidades y organismos públicos existe un desorden administrativo y operativo, producto de la ineptitud que produce el amiguismo, compadrazgo y los sesgos partidarios. El mérito se ha venido soslayando en la mayoría de contrataciones de funcionarios ejecutivos  durante las últimas tres décadas. Desde luego, hay honrosas excepciones, en quienes han hecho una carrera administrativa no salpicada por la corrupción. Desafortunadamente, son los menos.

Consiguientemente se observa una espantosa ineptitud en la prestación de los servicios públicos, lo que vuelve imperativa la realización de una reforma estatal integral, a efecto de que en todas las entidades bajo control operacional del Órgano Ejecutivo (y en los dos restantes órganos fundamentales de gobierno) se realice una verdadera e independiente auditoría de plazas, seguida de una evaluación del desempeño de los servidores públicos (jefaturas y colaboradores) para que la nueva administración gubernamental tenga posibilidades reales de realizar sus proyectos.

Surge entonces la pregunta ¿En realidad han tomado conciencia los candidatos presidenciales de la enorme responsabilidad que han adquirido y del país que recibirán, quienes pretenden arrogarse el legítimo derecho de hegemonizar el Órgano Ejecutivo mediante el voto democrático?

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La fórmula que resulte electa deberá saber, que los problemas que tiene el país son tan enormes su solución no depende de una sola administración presidencial, de ahí la necesidad que el nuevo Presidente lidere la cohesión de un país donde la polarización política ha logrado afectar e impedir, arribar a acuerdos para buscar juntos las mejores soluciones a las problemáticas graves de todos conocidas: inseguridad (física y jurídica) desobediencia legislativa, desempleo, temas fiscales, déficit educacional y de salud, atracción de inversiones, corrupción, impunidad, nepotismo, etc.

Se ha llegado al punto de tener que soportar el desvergonzado incumplimiento de deberes de la Asamblea Legislativa; cosas raras que ocurren en instituciones como la Interpol; los evidentes rencores que exhibe el funcionario que preside el ente que, ni más ni menos, organizará las próximas elecciones; la imparable “viajadera” de funcionarios de los tres órganos del Estado y de algunos organismos independientes del Órgano Ejecutivo; la peligrosa y loca ocurrencia de pretender amordazar (regular dicen) los contenidos de los medios de comunicación social que, como sabemos, son acciones previas que conducen a las tiranías; incluso, se ha llegado al extremo de ver la corrupción como algo natural y que, en ocasiones, solo se conoce por la presión de la sociedad civil organizada o por el torpe exhibicionismo de los nuevos estilos de vida de los funcionarios corruptos .


Los candidatos tienen la enorme responsabilidad de decirnos a los votantes, cómo encararán con sus equipos de trabajo tan graves problemáticas. De paso, aquellos candidatos que hacen uso de troles para desprestigiar a sus rivales, deben ordenarles (a los troles asalariados) y sugerirles (a sus seguidores fanatizados) que dejen de hacerlo. Eso en nada abona al debate serio, propositivo y constructivo que el país espera escuchar de quienes quieren alcanzar la presidencia de la República.

El populismo, la demagogia y promesas de un paraíso terrenal no sirven. Al contrario, esa ha sido la costumbre del político tradicional, o sea, regalar espejitos y dibujar espejismos. Lo que verdaderamente servirá, será escuchar a candidatos  presidenciales debidamente documentados, realistas y fundamentalmente propositivos. 1º) Que expongan la realidad y hagan propuestas serias y pragmáticas para decir cómo la enfrentarán. 2º) Que renuncien al neo mercantilismo, al neo marxismo y al populismo. 3º) Que se comprometan a fortalecer las instituciones, constitucionalmente  diseñadas para combatir la corrupción. 4º) Que sean humildes para aceptar que solo con su partido no podremos salir del perenne subdesarrollo; consiguientemente, comprometerse con desterrar los odios que impiden la cohesión del país.

Hago un respetuoso llamado a las cuatro fórmulas presidenciales, para que su discurso sea positivo, realista, propositivo y constructivo, para bien de nuestro querido El Salvador.

 




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