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Nacionales

La familia que sobrevivió al desastre

Roxana Lemus

viernes 2, noviembre 2018 - 12:02 am

Bajo el puente de Chilanguera se observa ahora una pequeña poza que sirve de diversión a muchos habitantes de la zona. / Wilson Urbina

Cada vez que las lluvias azotan  al país sin clemencia se revive en Chilanguera, cantón de Chirilagua, en San Miguel, las heridas que dejó la tormenta tropical “Mitch”, el 31 de octubre de 1998. Muchas familias dejaron de habitar el caserío Hacienda Vieja, algunas se movieron hacia la Nueva Chilanguera, mientras otras optaron por reconstruir sus vidas más alejadas del afluente, el mismo que un día obligó a la comunidad a sacar fuerzas en medio de las flaquezas.

A donde quiera que ahora se llegue y se pregunte por la fatídica madrugada de aquel 31 de octubre, las personas inmediatamente dicen: “Tienen que hablar con la niña Lucía”.  Lucía Cabrera de Meléndez, que ahora tiene 60 años de edad, se muestra con entereza al conversar el tema. Su esposo, Santos Meléndez, la mira tranquilo mientras se mueve en una mecedora- una de las tantas sillas que debieron comprar después de 1998- tratando de omitir los recuerdos.

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“Nos encerramos en la noche y a las pocas horas me estaba gritando la vecina, que nos fuéramos para donde ella…Cuando ya se tiró recto el río lo primero que tiró fue las puertas, entonces le dijo mi esposo al varón más chiquito: ‘súbete, hijo, por ese lazo de la hamaca, rompe la regla porque nos vamos a subir al techo’, así le dijo y nos subimos”, detalla.

“Nos subimos uno por uno, colocándonos estábamos cuando un porrazo tiró la puerta; colocándome estaba yo, que había sido la última en subir, y ahí nos fuimos toditos, éramos nueve, los siete hijos y nosotros dos, hasta ahí (cuento yo) porque perdí el sentido”, dice.


“Solo recuerdo que iba un cipote mío más adelante y me decía ‘mamá agárrese’, yo no podía nadar, como pude me pegué a un palo y me monté, y me fue a dejar largo, en un cañal”, agrega.

La historia se completa con el relato de Santos, quien afirma que la corriente se llevó a su esposa aproximadamente tres kilómetros adelante del sitio donde habitaban.

Al recobrar el conocimiento, Lucía comienza a caminar buscando la casa de hacienda donde vivía, un fustán y un pequeño trapo le cubrían su cuerpo. Uno a uno aparecieron sus hijos. Todos llegaron antes que la progenitora.

Cuando apareció por la calle principal del cantón, caminó sin rumbo mientras los vecinos la llamaban para auxiliarla; su esposo, asustado por el desastre, ayudaba a sacar cuerpos de las entrañas del río.

Este mismo río lucía crecido, en 1998, con la tormenta tropical Mitch, según la fotografía proporcionada por los habitantes de Chilanguera.

Milagrosamente, asegura, todos sobrevivieron a la tragedia. Llegó a San Miguel con apoyo de un vecino, específicamente a una casa que tenían los dueños de la hacienda en la ciudad, llegaron ahí los hijos y posteriormente su esposo. “Ahí nos juntamos todos sin saber”, reflexiona.

Diez días después de la tragedia regresó al lugar a vivir de posada. Su esposo había encontrado la vaca y la ternera que tenían. Con la venta de los animales comenzó a construir la nueva morada, misma que fue edificada kilómetros después de la entrada principal al cantón, antes de llegar al río. Con piochas y palas, Santos y sus hijos tiraron un paredón, lo hicieron plano y comenzaron de cero a construir su hogar.

Habitantes de la comunidad afirman que muchas personas huyeron del río tras la tragedia. Algunos se movieron a Nueva Chilanguera, comunidad construida por la Asociación Nacional de la Empresa Privada (Anep) y la Cámara Salvadoreña de la Construcción (Casalco), mientras otros- que buscaban mantenerse en un espacio más grande-edificaron sus viviendas en la misma zona de los Meléndez.

Muchos muertos son enflorados el 2 de noviembre por personas de la comunidad, pues hubo familias que se fueron de la zona. / Wilson Urbina

Así fue como terminó de cambiar la geografía de Chilanguera. El río evocaba dolor, nadie quería regresar ahí.

“Hace poco que estuvo lloviendo, ahora con (la tormenta tropical) Michael, la gente se acordaba del Mitch, porque el río se creció bastante”, manifiesta Javier Cáceres, concejal de la alcaldía de Chirilagua, quien vive en la zona.

Aunque es joven, él afirma que conoce bien la historia de la tragedia, “porque todas las personas mayores la cuentan cada vez que llueve”. Quizá el trauma, quizá el miedo, o simplemente, el invierno evoca en Chilanguera recuerdos de dolor.




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