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Editorial & Opinion

La horrenda cifra de feminicidios en El Salvador

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 20, noviembre 2018 - 12:00 am

El  24 de marzo de 2012 Lida María Huezo de Gutiérrez, supuestamente fue asesinada por su esposo. La muerte de esta mujer se convirtió oficialmente en el primer caso de feminicidio procesado en los tribunales, desde que en el país se creó la figura del feminicidio, sancionado con una pena de prisión que oscila entre 30 y 50 años.

La creación de la figura penal del feminicidio permitió visibilizar esos horrendos crímenes (como todos) que con demasiada frecuencia ocurren en nuestro país en todos los estratos de la sociedad. Este año el país ha sido golpeado por muchos casos, algunos muy mediáticos como los feminicidios de la periodista Karla Turcios, la agente policial Karla Ayala, la doctora Rosa María Bonilla y otros más.

La semana pasada la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) rindió un informe en Santiago (Chile), donde señaló que durante 2017 El Salvador encabezó “sobradamente” la tasa de feminicidios en Latinoamérica, ya que por cada 100 mil mujeres ocurrieron 10.2 muertes violentas de mujeres. A El Salvador le siguen Guatemala, República Dominicana y Bolivia, donde ocurren dos feminicidios por cada 100 mil mujeres. La diferencia es abismal y terrorífica. 10.2 mujeres asesinadas por cada 100 mil es una cifra horrorosa e  indicativa de que somos un país excesivamente violento, donde hace falta un proceso profundo para erradicar esa forma de violencia.

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Los datos de la CEPAL son coincidentes con la denuncia que hiciera la Asociación Movimiento de Mujeres Mélida Anaya Montes (Las Mélidas) que reveló que en 2017 se registró un homicidio cada 18 horas y 46 minutos. Estamos hablando de unos 460 feminicidios en el año.

La CEPAL ha calificado a los feminicidios como la expresión más extrema de la violencia contra las mujeres. Dicho fenómeno ocurre en todos los estratos sociales y tiene variopintas formas y orígenes, pero generalmente comienza con el maltrato verbal o físico y con el concepto arcaico de que el hombre es superior a la mujer.


Cada año un promedio que oscila entre 25 mil mujeres acuden a los juzgados del país a interponer denuncias contra sus parejas por violencia o maltrato. Sin embargo, la cifra de mujeres que no acuden es mucho mayor. La mayoría de los feminicidios son antecedidos de violencia doméstica y pudieron evitarse si existiera una cultura generalizada de la denuncia a tiempo.

Muchísimas mujeres no buscan auxilio judicial ni de ningún tipo, porque tienen miedo o porque consideran normal el hecho de sufrir maltratos. Algunas han recibido una formación conformista y tradicional y han asimilado como propio y cotidiano ser objeto de agresiones de cualquier forma. Una psicóloga del equipo multidisciplinario del Órgano Judicial, me contaba que es muy común que las mujeres se sientan culpables por ser maltratadas ya sea porque son sugestionadas o por convicción religiosa. Algunas iglesias enseñan valores anticuados a sus feligreses, al hacerles creer que por obra divina y al haber sido “creadas a partir de una costilla del hombre” son inferiores y por lo tanto deben aguantar el machismo. En las escuelas es poca la formación sistemática para crear conciencia en las mujeres sobre la obligación de hacerse respetar. En ocasiones es en el mismo seno familiar donde los padres forman a sus hijas sumisas ante la voluntad del hombre.

Los feminicidios son, en ocasiones, predecibles, pues van antecedidos de maltratos o conductas inapropiadas (hombres mantenidos por sus mujeres, drogas y delincuencia, por ejemplo), pero deben ser denunciados. Las mujeres no tienen porqué quedarse calladas. Cuando hay violencia intrafamiliar o malos tratos entre parejas de novios, el silencio es el camino directo al feminicidio.

A los juzgados llegan mujeres a denunciar a sus parejas y piden medidas de protección, las cuales les son concedidas por los jueces, pero luego se presentan a intentar retirar la denuncia alegando cualquier argumento, desde que el hombre ya cambió (en apenas una o dos semanas) o que prefieren ser agredidas para seguir recibiendo la ayuda monetaria que les proporciona su agresor. Una vez se denuncia no hay marcha atrás, pero son las mismas denunciantes las que luego no se acercan a avisar cuando su pareja violenta las medidas de protección. Evitar los feminicidios es posible si eliminamos el silencio. Cualquier forma de maltrato debe ser denunciada. Es posible que una denuncia a tiempo sea un feminicidio menos.




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