Editorial & Opinion

La importancia del 2020

Armando Rivera Bolaños-Abogado y notario

sábado 28, diciembre 2019 - 12:00 am

Llegamos a las postrimerías del año 2019 y las expectativas se vuelcan, incontenibles y esperanzadoras, hacia el nuevo año que se avecina a pasos rápidos. Es el momento realizar un balance tanto de lo que se hizo, como lo que se dejó de hacer por mil y una razones. De hecho, el 2020 llega a nuestro país con grandes inquietudes con el arribo de un nuevo gobernante que, durante sus primeros seis meses del mandato conferido por la voluntad popular, ha efectuado una serie de actividades positivas, algunas inéditas en el quehacer y manejo de la cosa pública y que, por lo mismo, están presentes en el ánimo de quienes estamos siempre interesados en que, cada año de su gestión, sea en provecho del desarrollo nacional y el bien común.

No podemos obviar, como prioridad, que el aspecto más relevante para la gran mayoría de la sociedad salvadoreña, lo constituye la economía y la generación de empleos en todos los niveles y áreas empresariales. El último censo, que publicara recientemente este apreciable rotativo, es bastante significativo, cuando   vemos las estadísticas referidas al sector juvenil, entre los rangos cronológicos de los dieciocho a veinticinco años de edad, que ya supera el millón de ciudadanos, resaltando los departamentos de San Salvador, La Libertad, Santa Ana, San Miguel y Sonsonate, como los centros poblacionales con mayores cantidades de jóvenes de uno y otro sexo, que aspiran no solo a cursar carreras profesionales y técnicas, sino también a la obtención de una plaza laboral, ya sea en el campo de la actividad estatal, como en el sector privado.

Las condiciones demográficas, de no ser atendidas con esmero e interés, podrían generar situaciones indeseables que ningún gobierno puede soslayar, o quererlas remediar con medidas superficiales que, a la larga, solo agravarían esta condición que también incide en otros rubros coincidentes tales como la educación, la salud, migraciones masivas y la misma seguridad pública. No es factible desatender este rubro y encararlo únicamente como una fuente segura de votos electorales, habida cuenta que, de un modo generalizado, la juventud de ahora es mucho más receptiva y analizadora, que la etapa que vivimos los entonces jóvenes de hace cinco o seis décadas atrás.   

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Como corolario de las anteriores apreciaciones, el estado salvadoreño no puede ni debe pasar por alto, que el mundo entero se encuentra a las puertas de lo que se ha dado en llamar “la cuarta revolución industrial” que significa hacer transformaciones drásticas y urgentes en la currícula educativa de todos los niveles, incluyendo las carreras universitarias, si queremos prevenir grandes masas de jóvenes con un título que solo les sirva de recomendación personal pero que, en la práctica, se tendrá como un cuadro en la pared o en el álbum familiar. Hay profesiones liberales donde se han acrecentado las cifras de graduados que hoy andan de puerta en puerta, dejando sus hojas de vida, sin recibir la mínima oportunidad laboral que tanto ansían y a este cuadro desolador y deprimente, recordamos que cada día que pasa la población sigue aumentando más y más. Pero si hay buena disposición, medidas inteligentes, economía sostenible y generación constante de empleos, la situación demográfica en vez de alarmarnos, que hasta se llegue al funcionamiento de clínicas y asociaciones herodianas, nos satisfacerá tener un caudal de población suficiente, instruida e inteligente, que nos permitirá recorrer y activar, con decisión e ímpetu, a esa próxima revolución industrial. La base sólida será la educación, tanto formal como informal, porque ambas son fuentes del conocimiento y de la madurez intelectual de toda una nación digna. Por ello, es obligación ineludible de las generaciones presentes, preparar la senda de bienestar que recorrerán aquellas nuevas generaciones que nos sucederán en esta pequeña, pero adorable patria nuestra.

Exhortamos al presidente Bukele a ser más receptivo a las sugerencias, aun si éstas fueran críticas sanas, para que la nave del gobierno no naufrague en el mar agitado de discusiones estériles, y que las gentes dedicadas a lanzar amenazas e insultos por las redes sociales, mejor den a conocer ideas constructivas. Un gobierno inteligente y capaz, debe atender al escrutinio social para mejorar su actividad pública.





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