Editorial & Opinion

La industria del crimen

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 12, septiembre 2019 - 12:00 am

Mucho se ha dicho de Evelyn Hernández, sobre el parto extra-hospitalario que ocurrió en abril del año 2016, sin embargo,  más allá de lo que puedan alegar las organizaciones feministas,  está la muerte de un recién nacido,  que para la ley  es importante establecer cómo ocurrieron los hechos, en mi opinión la tesis fiscal ha sido acertada puesto que no es posible que Evelyn ignorara su estado de embarazo, por otra parte el recién nacido termino en el fondo de la letrina, y la gran pregunta es como termino ahí, sin  que nadie cortara el cordón umbilical, de lo contrario el menor  hubiese quedado colgando y ese era el momento para pedir ayuda y gritar con todas sus fuerzas, dado que ante el instinto materno, no hay nada que una madre no haga por un hijo.

De la misma manera, cuando Evelyn fue atendida en el hospital debido al parto, nunca manifestó a los doctores que había tenido a su hijo en la letrina, muy al contrario, decidió guardar silencio, hasta que los médicos hicieron la respectiva denuncia, de modo que se concluye que Evelyn mantuvo en secreto su embarazo, por temor a su familia y a lo mejor no sabía cómo resolver el asunto, creo que a cualquier jovencita le puede ocurrir algo similar, sobre todo si se entrega en los brazos de un hombre irresponsable que se aprovecha de su ingenuidad, pero sin importar como sean los hechos, nunca una mujer debería asesinar por medio del aborto a un hijo.

Dado que ni los animales hacen cosas semejantes, sino que defienden a sus crias con su vida, pero es mucho más lamentable que organizaciones feministas y pro-aborto, están ocupando la figura de Evelyn, como caballo de batalla para hacer ver a la comunidad internacional que la Fiscalía en El Salvador, es insensible al querer procesar a una pobre mujer inocente, que desconocía su estado de embarazo y que fue producto de una violación, cuando es sabido que Evelyn mantenía una relación amorosa. Lo cierto de todo esto es que las organizaciones pro-aborto y LGTBI, están aprovechando la coyuntura para impulsar en El Salvador, una legislación a favor del aborto y los matrimonios igualitarios.

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Es decir que la industria crimen no pierde su tiempo, dado que ha continuado enseñando las falacias que un bebé en estado embrionario o fetal no es un humano sino “un tejido” o, aún peor, aseguran que es como “un tumor” por eso hay que extirparlo, entonces, según ellos, no hay razón para respetar sus cuerpos. Pero ¿Qué hacen con los bebes abortados? La lucrativa industria del crimen los vende para ser profanados en diferentes formas, desde cosméticos, hasta productos de consumo humano, así que la maldad del ser humano no tiene límites y todo por la avaricia de acumular riquezas, sin entender que al atentar contra un bebe atentan contra la imagen de Dios.

En una ocasión, una mujer buscó a su ginecólogo y le dijo; tengo un problema muy serio y necesito su ayuda, mi bebé no tiene un año y estoy embarazada de nuevo, y no quiero otro hijo, entonces el médico dijo, en qué exactamente quieres que te ayude, ¡quiero hacer un aborto!, después de pensar por unos instantes, el médico dijo: Mira, tengo una idea que me parece mejor y también es menos arriesgada, la mujer sonrió satisfecha, así que el médico continuó; para que no tengas que cuidar de dos bebés, vamos a matar al que está en tus brazos.


Así podrás descansar hasta que el otro nazca, ya que vamos a matar a uno de sus hijos, no importa cuál de ellos, dicen que los hijos son todos iguales para las madres ¿no es así? y, además, tu vida no correrá riesgo con procedimientos quirúrgicos, si eliges ese para matar, entonces la mujer le respondió qué monstruosidad me está proponiendo ¡matar a un niño es un crimen! el médico le dijo; estoy de acuerdo, pero pensé que eso no era problema para ti, sólo le estoy sugiriendo que elija usted al hijo que será asesinado, por el rostro de la mujer, el médico vio que había podido aclarar su punto de vista. Y él la convenció de que no hay diferencia entre matar a un niño que está en sus brazos o uno que está en el vientre, ya que el crimen es el mismo. Dios es el autor de la vida y solo él puede decidir




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