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Editorial & Opinion

La integración ambiental también cuenta

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 2, octubre 2018 - 12:00 am

En la última semana de septiembre el Parlacen desarrolló en Ciudad de Guatemala el II Foro Regional de Medio Ambiente, Cambio Climático, Gestión Integral de Riesgo de Desastres y Seguridad Alimentaria y Nutricional; que junto al primero celebrado en junio de 2016 permiten visibilizar que sin la debida atención son muy cuestionables las posibilidades reales de progreso en nuestra región.

Centroamérica y el Caribe es una zona de alto riesgo y aunque no todas las amenazas están relacionadas al cambio climático, es un grave fenómeno estructural en el que mucho tiene que ver la mano del hombre, especialmente la del mundo industrializado; no tocándonos más que soportar las consecuencias de alteraciones que van desde sequías severas hasta cada vez más frecuentes poderosos huracanes, con lluvias torrenciales que provocan graves inundaciones y deslaves con las consecuentes pérdidas humanas y materiales.

En la región el riesgo se multiplica por la insuficiente prevención y recursos asociados a ineludibles y recurrentes fenómenos naturales, productos de la cadena volcánica y de las fallas geológicas de placas tectónicas en constante movimiento, generando terremotos. En Guatemala, por ejemplo, la erupción y el deslave del Volcán de Fuego, con centenares de víctimas el pasado junio, develó la escasa preparación para atender la emergencia.

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El riesgo acrecienta por otros factores como la agricultura extensiva. El prolongado cultivo de caña de azúcar es contaminante -por el incontrolado uso de agroquímicos peligrosos- sin la suficiente vigilancia y regulaciones sobre esta industria, agota los mantos acuíferos por las enormes cantidades de agua que demanda su producción y tiene un efecto empobrecedor de suelos que se desgastan por falta de rotación de cultivos, sin la recuperación de nutrientes. A esto adicionamos los incendios forestales que cada año destruyen miles de hectáreas de suelo forestal y las consecuencias de la extracción de leña no sustentable producto de las condiciones de marginación de abatidas y pobres zonas rurales, que además contemplan impávidas cómo los urbanistas devoran los bosques y otros extraen ilegalmente la madera.

Otro fenómeno en la región es el desordenado crecimiento urbanístico, que sin regulación y planeación adecuada desarmonizan la naturaleza, haciendo de las urbes y zonas populares el panorama de un frenético y tumultuoso enjambre humano en el que la desesperada búsqueda de sobrevivencia aplaza y anula cualquier consideración ambiental, provocando enormes concentraciones de personas sin la esperanza de un hábitat digno y, por ende, sin la suficiente previsión de mitigar los efectos de esta avalancha.


A esto se suman los graves problemas de un desordenado y sofocante transporte público altamente contaminante, en el contexto de un caos vial permanente producto de un modelo económico de improvisada industria que estimula el consumismo y la adoración del dinero y ganancias a cualquier costo, lanzando desechos industriales contaminantes al aire, a los cauces y mantos acuíferos, esparciendo miles de toneladas de empaques y plásticos de difícil digestión urbana.

Este panorama cuestiona la sobrevivencia de futuras generaciones, aunque hoy esto parece insensible por las tribulaciones de una sociedad individualista e inmediatista, asfixiada por los avatares cotidianos, confundida por líderes populistas que viven en la nube, carentes de propuestas concretas sobre problemas de fondo. Mientras, desesperados contingentes humanos viven por debajo de la línea de pobreza sin acceso a la canasta básica alimentos y menos a la esperanza de soberanía alimentaria, con severas dificultades para el acceso y distribución del agua potable y enfrentan la amenaza de su privatización. En consecuencia, un tratamiento superficial a este problema evidente dificulta el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), profundizando la afectación de otros sectores específicos como la agricultura sostenible, la producción energética y el turismo sustentable pero sobre todo, sigue sumiendo en la pobreza a miles de personas.

Si bien en algunas áreas todavía faltan leyes que regulen la protección y recuperación ambiental, en otros falta armonización regional. En general existen suficientes normas, tratados y convenios internacionales que diligentemente aplicados pueden contribuir a frenar la depredación y promover la recuperación ambiental.

En este evento, por un lado, se consideró importante mejorar y fortalecer la coordinación y articulación regional entre las instituciones rectoras y ejecutoras de estas políticas para volver más eficientes los planes de abordaje; y, por otro lado, se propuso canalizar mayores recursos de cada Estado para mejorar los resultados. De manera especial se orientó fortalecer los planes educativos de organización y participación comunitaria para alcanzar mayores niveles de conocimiento y conciencia que vigoricen la comprensión y acción sobre este grave problema, por lo que todos coincidieron que se requiere no solo la decisiva intervención de los Estados sino el empoderamiento social.




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