Editorial & Opinion

La intolerancia nuestra de cada día

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 19, febrero 2019 - 12:00 am

En la década de los 80 y 90 del siglo pasado el actor mexicano Héctor Suárez y otros actores protagonizaba un sketch a través del cual con sentido humorístico criticaban los problemas de la sociedad moderna, especialmente la intolerancia. El programa se llamaba ¿Qué nos pasa?

Aunque el programa reflejaba la realidad mexicana, fácilmente se adaptaba a nuestra propia realidad. Incluso podemos decir que en El Salvador superamos con creces la intolerancia manifiesta que se criticaba en dichos sketch. En nuestro país, especialmente en las grandes concentraciones urbanas, vemos intolerancia por doquier. Desde maneras tan absurdas como pitar fuertemente en un congestionamiento vial o agredir a aficionados rivales, hasta amenazar, odiar con sentido homofóbico y xenofóbico, y amenazar de muerte o discutir por cualquier circunstancia.

La semana pasada en una colonia capitalina, un teniente coronel activo tras discutir con su vecino sacó un arma de fuego y le disparó, por fortuna la víctima no fue lesionada. En los juzgados el militar se comprometió a cumplir ciertas reglas de conducta a efecto de recuperar su libertad.

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Días antes, en una colonia de Soyapango, una doctora molesta porque el perro de su vecino defecó frente a su casa, sacó un arma y le disparó al dueño del animal. Un juzgado de la ciudad le impuso reglas de conducta a la profesional. ¿Qué hubiese pasado si el teniente coronel y la doctora matan a sus víctimas? pues probablemente les esperan entre 20 y 30 años de prisión y con ello dos carreras profesionales truncadas y al menos cuatro familias destruidas.

A los juzgados del país llegan cientos (miles) de casos generados por la intolerancia. Un juez del interior del país me contaba que no pasa semana sin que a su instancia lleguen dos o tres casos de intolerancia. Vecinos que no soportan que frente a sus viviendas se estacionen vehículos ajenos, otros que pelean y amenazan por cualquier motivo fútil. En fin, casos en los que predomina la intolerancia.


La intolerancia se manifiesta en casi todos los ámbitos. En el deporte, en la religión, en la vida cotidiana y hasta en la política. Acabamos de tener meses de campaña propagandística en donde la intolerancia, disfrazada de motivaciones electorales, estuvo a la orden del día. Para nuestra desgracia, se acabaron las elecciones, hubo un ganador, pero la intolerancia política continúa. Los ataques virulentos continúan, la mayoría desde la clandestinidad que permiten las redes sociales. Pareciera que la intolerancia expresada antes, durante y después de la campaña electoral se quedará para siempre en nuestro contexto.

Despotricar contra alguien, inventar falsos testimonios, fomentar el odio ideológico, crear divisiones por las condiciones de edad y sexo, criticar sin fundamento, hacer expresiones de violencia contra hombres y mujeres, difamar, calumniar, aprovecharse de las ventajas circunstanciales, irrespetar la naturaleza, vivir con sentido paranoico, sentirse superior a los demás, creer que siempre tenemos la razón, imaginar falsos contextos, vivir con sentido de valeverguismo y tantas formas conductuales más, son manera de intolerancia que tanto daño nos hacen individual y socialmente.

Hay personas que se molestan por todo y por nada. Si no los atienden rápido, si un vehículo los sobrepasó, si alguien piensa diferente, si su saludo fue ignorado, etc. Lo peor es que no solo se molestan sino que también reaccionan con conductas violentas. Es sabido que violencia genera violencia, por lo que hay que evitarla. Se puede reclamar sin gritar, devolver una indiferencia con una sonrisa, callar para no ofender, guardar silencio cuando se tiene la razón, sonreír ante una adversidad. Debemos usar la inteligencia racional y emotiva de manera correcta para convivir en mejores condiciones.

Desde el seno familiar y desde la institucionalidad del Estado, debemos fomentar la tolerancia, dando el ejemplo y educando con valores. A la niñez y adolescencia hay que enseñarles a respetar a los demás, a convivir de forma pacífica con personas que son diferentes pero que al igual que nosotros tienen pensamientos, conocimientos y sentimientos. Si todos fuéramos iguales este mundo sería aburrido, por eso somos diferentes, para que la convivencia sea amena y respetuosa.

Cada quien desde su posición debe fomentar la tolerancia. Quienes han adoptado la posición de líderes coyunturales están más obligados a dar ejemplos de rechazo a la intolerancia, orientando de manera justa y sistemática a quienes guían. La tolerancia es el principio de la convivencia pacífica y el ideal del ser humano y la colectividad. Tolerar es saber vivir.




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