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Deportes

La pionera del fútbol femenino y el arbitraje en el país en los 70

Astrid Mejía

viernes 8, marzo 2019 - 12:00 am

Su nombre estaba destinado para grandes cosas. Luego de nueve años acostumbrada a dar la vuelta olímpica en las canchas de softbol, sumado a una lesión en el brazo, Gloria Castillo decidió dar un giro en una cancha distinta, pues si las manos ya no dan aún quedaban las piernas para sacarles provecho.

Para cualquier aficionado de fútbol en el país, hablar de los años 70, sería hablar de la primera participación de la Selecta masculina a un Mundial de la FIFA; pero mientras todas las miradas se centraban en Pipo Rodríguez, Chamba Mariona o Raúl Magaña, Gloria junto a otras softbolistas comenzaban a jugar su propio “mundial” en la colonia Santa Lucía, al no ponerse límites, trasgrediendo y trascendiendo las barreras socioculturales.

“Todo surgió porque yo dije ‘ya no debería jugar softbol’ debido a que me quebré el brazo. Y reuní a algunas muchachas que también se entusiasmaron con la idea del fútbol. De hecho, al periodista Roy Archila le pregunté qué le parecía si hacíamos un equipo de fútbol femenino, y me respondió: ‘¿Y eso de dónde le ha salido?’”, narra la deportista, que también practicó atletismo.

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“Glorita Castillo, conocida estrella de softball y ahora figura cimera en las actividades del balompié femenino, nos remite información de interés para otras damitas que también se dedican a calzar botines con tacos para darle a la número cinco”, se lee en una nota que le hizo dicho periodista el 4 de enero de 1971, donde Gloria proporcionaba datos para las interesadas en jugar al fútbol.

“Fuimos las primeras. No había otros equipos. Después de nosotras se hizo el equipo de las Tigresas de Santa Ana y hasta después se formó el Atlante en San Salvador”, recuerda.


“Jugar era bien difícil porque en ese entonces nunca tuvimos apoyo de nadie. Veían el fútbol femenino como “una locura” y éramos vistas como “marimachos” o lesbianas. Decían, ‘¡ay miren esas! Y quién les ha dicho que el fútbol es de mujeres’. El prejuicio de siempre”, agrega.

Pero gracias a la práctica del balompié fue como obtuvo un empleo en la Federación como secretaria, donde llevaba las inscripciones de los equipos de la Liga Mayor. Ya estando en la Fesfut, aprovechó para sacar un curso de árbitra, impartido por el reconocido réferi italiano Diego Di Leo, en 1971.

“Yo sabía que no había ninguna mujer que tomara un curso de fútbol para árbitro y, cuando vino Diego Di Leo, yo sabía quién era, que venía de parte de FIFA, y dije ‘¿por qué no tomarlo?’”, confiesa.

Tras el curso, Gloria únicamente pitó un partido a Cronistas Deportivos, el cual contó con polémica al no haber claridad en un gol. “Tiraron de lejos y el balón cruzó la línea e indiqué que fue gol. Todos me reclamaban que no había entrado, pero yo vi que sí y lo di como válido”, recuerda.

El arbitraje le sirvió para empaparse con las reglas de juego y dar indicaciones a sus compañeras de lo que se debía y no hacer.

La estancia en la Fesfut, donde laboró por cinco años, también la aprovechó para pedir a los directivos jugar de preliminar un partido amistoso de la preselección olímpica en el estadio Flor Blanca, posteriormente bautizado como “Mágico” González, pero no recuerda contra qué rival.

Según el árbitro Waldo Polío, el partido fue contra el América de México, disputado el 1 de mayo de 1971. “A mí Gloria se me quedó en la retina porque después trabajó con nosotros. Recuerdo que en ese partido participó de portera”, relata el réferi encargado de impartir justicia en el 1-1 de la Azul contra los Millonetas.

Todos los periódicos de la época que cubrieron el encuentro no mencionan nada sobre ese juego preliminar, lo que respalda la versión de Polío que en ese tiempo el fútbol femenino era visto solo como “divierta”.

Luego, Gloria se casó con el futbolista Vinicio Angulo, quien militó en Sonsonate en los 70, y después emigró a Estados Unidos, con cuya partida se cayó un pilar fundamental en el desarrollo del fútbol femenino en el país.




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