Editorial & Opinion

La política y la técnica

Dr. Antonio Martínez Uribe / Democracia Seguridad Desarrollo (DSD), Consultor

martes 28, enero 2020 - 12:00 am

Hemos visto en la historia de país/mundo que los intelectuales, cuando son orgánicos, sirven para defender y argüir en favor de las posiciones de sus líderes o sus propios intereses. Hay que plantearse el problema de cómo identificar aquel pensador, académico, técnico que está ciertamente preocupado por dificultades nacionales/internacionales. Es decir, aquellos que, decepcionados de los partidos, tienen conciencia de cambio, voluntad de nación. Y atención: ellos, hoy quizás más que nunca antes, deben jugar su importantísimo papel: ser agentes de cambio.

Es muy transcendental identificarlos para que sean servidores del país. ¿Y cómo? Quizás sea muy fácil: Habría que indagar quiénes gozan o no de buena notoriedad de fragmentos organizados alrededor de beneficios diversos.

Es significativo definir la relación entre técnica y política. Lo ideal y deseable es que haya no separación sino integración. ¿Una solución es técnicamente buena en la medida de que es políticamente aceptable? Ello implica que la política tenga un valioso dispositivo de juicio tecnológico, científico, académico. Y, que el técnico, el profesional, el académico, responsables del know how, asesorando a niveles de decisión estratégica o táctica, también tengan una adecuada dosis de manejo político. Esto no implica que tengan que convertirse en políticos de partido, sino que políticos en el sentido de tener formación y comportamiento desde la sociología política.

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Esto es así porque nuestra “clase política” -en general- es muy implacable con la politología, con la técnica, el arte de hacer política a partir de lo necesario, con la ciencia de gobierno. Tienen muy poca formación. En consecuencia, es necesario que haya una educación en política teórica y práctica de estas personas.

Igualmente, hay técnicos que son unos ignorantes en política. Y, cuando ellos dicen que sus oficios son técnicos, lo que quieren es salvar su insignificancia profesional presentándose como iletrados de la política. En El Salvador las asociaciones gremiales se definen como apolíticas, lo cual alcanza rango estatutario. No deben de servir para hacer política partidaria o favorable a una tropa, pero sí debería ser imperativo que, a partir de su grupo de interés o presión, inventen y propongan políticas de nación.


Debe haber una integridad, habida cuenta también que el fallo político es atribución de la política y no de tecnócratas/académicos. Pero, estos tienen el compromiso de contribuir a que los estatales hagan una apropiada decisión de nación.

Su papel como agentes de cambio es de suyo importante, en la medida de que tengan ciertas características. Organismos internacionales de seguridad y desarrollo han valorado sus programas de capacitación para los agentes de cambio (The Change Agent) y, al no encontrar grandes resultados, han visto la necesidad de reformularlos y diseñar un perfil muy similar a este:

Ser gente innovadora que ve la necesidad de cambio;

Ser capaces de diseñar posibles soluciones;

Tener las capacidades técnicas para asesorar adecuadamente a los líderes del proceso y,

Tener una consistente formación académica y una permanente capacitación suplementaria, de acuerdo a la naturaleza de los problemas y programas globales y sectoriales.

¿Qué es lo que tenemos planteado los políticos y los profesionales ante los retos e intereses de país? Es sustancial dilucidar el cómo abordamos los problemas, el enfoque y la percepción de la realidad. Y con esto también las opiniones y aptitudes, central en los procesos. El desafío es salvaguardarlo juntos.

Una percepción, opinión y aptitud pesimista de los sujetos políticos o de los intelectuales orgánicos, influirá fuertemente en la toma de decisiones. Existen oficiales que toman decisiones según el estado de humor en que se encuentran. El estado de arrojo del estratega, independiente de que sea de derecha, izquierda o indefinido, cuenta al momento de valorar el universo circundante y decidir operaciones políticas.

Para concluir: una solución técnica para que sea buena tiene que ser políticamente aceptable. Al tiempo que, una propuesta de Estado, para que sea inteligente, históricamente bien situada, tiene que ser técnicamente viable. Este es entonces, el dilema planteado entre política y técnica.




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