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Editorial & Opinion

La salida de Venezuela

Juan José Monsant A. / Exembajador de Venezuela en El Salvador

sábado 23, febrero 2019 - 12:00 am

¿Cómo crees que terminará esto?, preguntó mi interlocutor salvadoreño. No sé, le contesté, pero es inminente la salida; es irreversible la caída estrepitosa de una de las tiranías más peligrosas y largas que haya conocido el continente. La de Pinochet duró 13 años, pero dejó un país próspero, encaminado, moderno, y hoy es una de las economías más solidas del continente que ha podido soportar presidentes de izquierda, extrema izquierda, de derecha y de centro, sin salirse del marco legal democrático.

La tiranía de Chávez y su sucesor lleva 20 años en el poder total, militar e ideológico, y al salir deja un país arruinado, desmembrado, dividido, sin instituciones, ocupado por narcotraficantes, lavadores de dinero, terroristas del Medio Oriente, por guerrilleros del ELN y  las FARC de Colombia, bandas de sicarios, corruptos, hambreados, adoloridos, y una deuda pública que pasa los 140 mil millones de dólares, aparte de un reguero de cadáveres, presos, torturados, violados, expatriados, expropiados y arruinados.

No es sencillo hacer predicciones con cierta credibilidad, agregué; pero con ese cuadro desgarrador, es obvio que la banda criminal organizada a nivel internacional que usurpa el poder en Venezuela, tiene sus días contados, porque sus planes desestabilizadores continentales se vinieron abajo por dos razones: a) no hay divisas para continuar financiando gobiernos y movimientos populistas de izquierda marxista, sujetos a la influencia del régimen cubano y, b) el continente produjo una reacción popular de manera natural, ante los inmensos escándalos de corrupción e ineficiencia administrativa, generada en el mismo seno de los gobiernos de izquierda como el de Brasil, Ecuador, Paraguay, Perú, Argentina, Colombia y ahora El Salvador.

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Así que Venezuela, con su eufemismo del Socialismo del Siglo XXI, su ALBA, Petrocaribe y Unasur se vino abajo estrepitosamente; a lo que hay que agregar la presencia de Nicolás Maduro que, a diferencia de Chávez, no tuvo el talante ni  habilidad para manejar situaciones de conflicto.

Sin embargo, la estrategia de convertir a Venezuela en una base, en puente para la penetración continental del modelo castrista a través del Foro de Sao Paulo, fue obra de Fidel Castro, Inacio, Lula, da Silva y Hugo Chávez Frías. A semejanza de la Primera Tricontinental celebrada en La Habana en 1966, esta nueva modalidad del marxismo intentó apoderarse del continente americano a través de gobiernos de izquierda elegidos por el voto, para luego enraizarse en las instituciones republicanas a través del control y disciplina partidista, y desde allí introducir cambios en el ordenamiento jurídico signados por el estatismo, y la verticalidad gubernamental.


Fue así que ese plan incluía  en Venezuela la presencia activa de terroristas del Medio Oriente, como Hezbollá, Hamas, y los Guardianes de la Revolución de Irán. Así como el accionar del ELN y de las FARC de Colombia, en más de diez departamentos del territorio nacional.

A ello hay que agregar, la presencia del G2 cubano y de  fuerzas especiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba denominadas las Avispas Negras, para adiestrar a las venezolanas. Entonces, como se observa, Venezuela es, literalmente, un país ocupado por fuerzas extranjeras de la peor calaña, a quienes muy poco les importa el sufrimiento de los venezolanos o de la población civil, porque para ellas lo importante en la conquista regional y poseer una base asentada a 1700 millas de la costa caribeña estadounidense, objetivo final de la estrategia anti occidental.

Como puede observarse, cuando se clama por la ayuda militar multinacional, porque los civiles no pueden enfrentar o defenderse de esa fuerza armada y terrorista que ocupa y oprime a Venezuela, no se trata de pedir una invasión sino la presencia de una Fuerza Multinacional de Liberación que recupere la libertad y las instituciones democráticas de Venezuela, y salvaguarde la seguridad y la estabilidad de la región, objetivo de esa estrategia tricontinental que alguna vez se diseñó. Solo que la estructura de sostenimiento se resquebrajó y, los Estados Unidos junto al resto de la región, asumieron que ese régimen delincuencial visualizado en Maduro, constituye un peligro real para sus respectivas seguridades nacionales, y hay que erradicarlo.




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