Editorial & Opinion

La transparencia

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 11, diciembre 2019 - 12:00 am

Si bien ser transparente frente a los demás es una forma de vida, pocos decidimos adoptarla porque nos da temor que los demás conozcan algo más de nosotros, lo cual es válido, ya que podemos definir como personas sociales, el límite de lo que permitimos que otros conozcan de nuestra vida o pensamiento. Sin embargo, en la vida pública o en la administración pública, el ser transparente es o debería ser una norma, una exigencia que no tiene estrictamente que ver con la persona sino con lo que la persona hace administrando los recursos de los ciudadanos, ser transparente se convierte en una obligación ya que se define, decide, utiliza el dinero de los contribuyentes para cada acción de gobierno e inversión pública. Ser transparente es de vital importancia para un gobierno sano, que pretenda conectar con aquellos que ponen los recursos para que el funcionario haga el trabajo; ser transparente entonces facilita y motiva la relación entre ciudadano y gobierno con lo que podemos alcanzar nuevos niveles de democracia y participación. La transparencia además conlleva otro principio, el de máxima publicidad, donde todo lo que un funcionario hace, ordena, cada papel que firma, cada convenio, salario que se paga, etc… se concibe como material para ser expuesto, conocido y publicado frente a terceros, un principio valioso para el funcionario tanto como para el ciudadano. De ahí que nos esforzáramos en El Salvador para lograr la ley de acceso a la información pública con la cual la transparencia alcanza niveles de ley y puede ser exigible aun existiendo funcionarios que se niegan a revelar el día a día de sus decisiones administrativas y ejecutivas en los cargos de la burocracia.

Ser transparente tampoco es un deber único de los máximos niveles, de hecho todos los niveles de la administración pública están en posición de responder al ciudadano, a ser exigidos sobre lo que hacen, la transparencia es el primer nivel con el cual podemos determinar qué tanta voluntad existe para desmontar la corrupción, porque no se puede atacar la impunidad y la corrupción sin un acuerdo y un compromiso básico con la transparencia.

Así desde 2003 las naciones del mundo han procurado sensibilizar y luchar contra la corrupción, levantando interés sobre la transparencia como ese primer gran paso, y es que cada año se pagan más de mil millones de dólares en sobornos y se roban unos dos mil 600 millones en corrupción sumando la corrupción de todos los gobiernos del planeta, eso equivale a un 5 % de toda la producción mundial, siendo en los países desarrollados un valor de pérdida por corrupción 10 veces más grande que el dinero dado en cooperación, entre esos números también está El Salvador, he ahí la importante necesidad de recordarnos el compromiso con la transparencia en la búsqueda de eliminar la corrupción.

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Si bien se habla de Cicies y de castigar la corrupción, poco se ve en términos de transparencia un avance, algo que de oficio nos muestre cambios en esta ruta, de hecho los convenios y acuerdos alrededor de la misma Cicies se han manejado con demasiado sigilo y poca transparencia, igualmente acuerdos con otros países, contratos, licitaciones, viajes, gastos, etc…sigue siendo todo parte de la zona gris frente a los ciudadanos.

Esta es la semana de la transparencia a nivel mundial, hay mucha actividad en la sociedad civil, reivindicando estos derechos y esta lucha, porque no podemos hablar de paz social si no hay transparencia, si no se reconoce que el derecho a saber es punto de quiebre para la calidad de vida, porque los ciudadanos ponemos los recursos y necesitamos que sirvan para mejorar nuestra vida y no para engordar corruptos.


Celebremos la transparencia, exijamos la transparencia y hagamos de ella el mejor aliado contra la corrupción.




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