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Editorial & Opinion

La violencia sexual debe denunciarse

Jaime Ulises Marinero / Periodista

jueves 4, octubre 2018 - 12:00 am

Generalmente los agresores sexuales son conocidos de sus víctimas o personas que se han ganado la confianza de sus victimarios  o se prevalecen de algún poder para engañar o forzar a sus víctimas. Aunque desde luego también hay muchísimos casos de agresores sexuales desconocidos.

Según un informe presentado por la Dirección de  Información y Análisis del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, en 2017 hubo 6,108 casos de denuncia por violencia sexual contra mujeres, lo que implica un aumento de delitos sexuales del 14 % en tres años, tomando en cuenta que en 2015 hubo 5,725 denuncias y en 2016 hubo 5,602. El informe indica que hubo agresiones en perjuicio de niñas de 0 años hasta mujeres de más de 90 años; empero son las adolescentes de 13 a 18 años las más afectadas, seguido de las niñas de cero a 12 años.

El incremento de denuncias es atribuido a la apertura de más oficinas de denuncias y a una campaña mediática para concienciar a la población sobre la necesidad de no quedarse en silencio. Los delitos por violencia sexual hay que denunciarlos y la campaña de denuncia hay que llevarla a las escuelas, iglesias y al seno familiar. El Estado debe orientar de manera sistemática a las potenciales víctimas a través del sistema educativo.

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Esas 6,108 denuncias registradas en el sistema de justicia en 2017, seguramente es un porcentaje mínimo en comparación con los casos que realmente ocurren, pues tal como lo afirma la fiscal Graciela Sagastume, no hay una cultura de denuncia y muchas mujeres han naturalizado las agresiones sexuales. Muchas víctimas no denuncian por temor o por vergüenza, aunque ellas no tienen ninguna responsabilidad de la conducta de sus agresores. El informe señala que en la zona urbana cuatro de cada 10 mujeres han sufrido violencia sexual, mientras que en la zona rural tres de cada 10, lo  que no es del todo cierto, pues en la zona rural es donde más se ha naturalizado este tipo de violencia.

En un juicio celebrado recientemente la madre de la víctima de 14 años que fue  violada y embarazada por un pastor le pidió al juez que no fuera drástico con el violador, porque era “amigo de la familia” y porque les había prometido ayudarles económicamente con la manutención del bebé. El juez desoyó la suplica y lo condenó a 20 años de prisión. Otro violador, padrastro de su víctima, se justificó alegando que la adolescente  de 15 años, a quien embarazó, ya había tenido relaciones sexuales  cuando él la abusó. Su gracia le costó 26 años y seis meses de prisión. Hace un par de años se condenó a una profesora de un colegio católico que violó a un niño de 12 años. Desgraciadamente por la reserva al proceso no se hizo público el hecho que indignó a muchos, incluso al esposo de la violadora.


No hay una conducta estándar de los violadores. Los hay en la zona rural y urbana, en las clases bajas, medias y altas. Igual se conocen violadores que tienen título universitario o que apenas han estudiado primaria. Hay desde obreros hasta personas que ocupan altos cargos públicos o privados. El violador pasa desapercibido en muchas ocasiones, aunque a veces muestran conductas torpes que los delatan. Hay violadores a los que solo les hace falta tener un rótulo en la frente, entiéndase pandilleros, holgazanes, vividores, acosadores y personas que se aprovechan del poder sobre sus probables víctimas.  A las niñas (y niños), a los adolescentes y a las mujeres en general hay que enseñarles a detectar probables violadores y conductas obvias de los posibles victimarios.

A diario, en los juzgados son llevados imputados (y a veces imputadas) acusados de todas formas de agresiones sexuales. Desde padres, padrastros, hermanos, tíos, primos, amigos, compañeros, vecinos, líderes religiosos, profesores, empleados y pandilleros, son llevados a los tribunales acusados de delitos sexuales. Las víctimas son desde quienes fueron engañadas a través de redes sociales, hasta quienes son agredidas por desconocidos en diversos sitios y mayoritariamente por quienes fueron agredidas por conocidos.

El  violador suele, en muchas ocasiones, estar en casa, ser un “amigo”, un pariente o una persona que se ganó la confianza de su futura víctima. Los padres de familia tenemos que orientar a nuestros hijos, el Estado desarrollar políticas efectivas de denuncia y el sistema judicial operar con mucha eficiencia.




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