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Editorial & Opinion

Las elecciones a las puertas

Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 3, diciembre 2018 - 12:00 am

El Salvador, incrustado en una realidad política de nivel mundial, se acerca a un evento trascendental que puede significar el resurgimiento de nuestro país como una verdadera nación de progreso, o por el contrario, sumirse en un caos institucional que nos lleve a extremos de crisis como jamás los ha tenido ninguna república democrática en Latinoamérica.

Se ha fijado para celebrar las elecciones de presidente, febrero de dos mil diecinueve, a manera de que si  no resultase un ganador absoluto en esa ocasión, se pueda celebrar una segunda vuelta, en un mes a mas tardar. Como observadores de la justa electoral, nos sentimos capacitados para hacer enfoques sobre la importancia de dicho evento y lo que podrían significar los resultados de tan importante justa.

A este punto, no podemos dejar de lado la situación que gobiernos que se dicen practicar el llamado socialismo del siglo XXI en países tales como Nicaragua, Venezuela, Bolivia y, si es posible, hasta Cuba. Tal vez el caso mas impactante y dramático sea el de Venezuela, que siendo un país rico en recursos naturales –tienen petróleo, el llamado oro negro– la población padece de las más extremas necesidades en productos de consumo popular, como alimentos, medicinas y otros elementos que han cambiado la forma de vida de la población, y la somete a excesos e ingratitudes jamás imaginables para ese rico país. Nicaragua, nuestro vecino país, muy similar e nuestro querido El Salvador, también sufre una represión brutal por un régimen que no ha tenido ninguna consideración en mantenerse a toda costa en el poder político, pese a las graves y extensas manifestaciones  de los ciudadanos en repudio al régimen orteguista, que a todas luces se ha impuesto contra la voluntad  de la mayoría de los pobladores.

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Contrasta en este hermano país, que el gobierno actual, nació de un movimiento político originado para combatir un régimen absolutista, que al igual que el actual, sometió por la fuerza a todo un pueblo que reclamaba libertad y democracia. En nuestro país, ocurre un fenómeno muy particular, debido a que en 1932, hubo un levantamiento comunista que pretendía llevar al poder a los que podríamos llamar precursores del socialismo actual, pero que fue sometido por la enérgica respuesta de un gobierno que impidió un triunfo revolucionario.

Posteriormente, se mantuvo un sistema republicano, el cual fue combatido nuevamente por las armas y, de alguna manera, se dio por terminado el conflicto por medio de acuerdos de paz, que no dejó vencedores ni vencidos.


Con todo, el desarrollo político nacional arribó a una débil democracia, que permitió, sin violencia excesiva, conformar dos gobiernos de izquierda, que después de diez años, no lograron efectuar los cambios políticos que sus representantes ofrecían en sus campañas políticas y, lejos de ello, se ha desembocado una corrupción como tampoco había sido conocida en nuestro medio.

Ante esa realidad, hoy se disputan el poder tres diferentes grupos que ofrecen cielo y tierra para obtener los votos. A nuestra manera de ver, los gobernantes actuales han sufrido un desgaste enorme, porque el cielo prometido, ha sido solo eso… una  promesa. El bienestar propuesto y la solución a los sufrimientos de la población en el diario vivir siguen castigando al pueblo.

A eso se suma el agravante de la delincuencia que ha llegado a niveles increíbles de parte del crimen organizado (pandillas o maras) que de hecho controlan grandes territorios sin que El Salvador pueda definir un futuro verdadero de bienestar y seguridad.

Dentro de este esquema de inseguridad, un personaje muy habilidoso para presentar los hechos distorsionados, logró penetrar en el partido de gobierno para finalmente abandonarlos y buscar su propia independencia política con el sorprendente resultado de que por alguna razón aparentemente inexplicable a la lógica, obtiene un aparente y relativo respaldo en las nuevas generaciones. Es importante observar quiénes forman su contorno político para determinar si lo que ofrece vale la pena considerarlo.




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