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Editorial & Opinion

Las entrañas de la corrupción

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 27, octubre 2018 - 12:00 am

No hay duda que cada día, nos sorprende menos como ciudadanos, los niveles de involucramiento que hay de ciertos funcionarios y exfuncionarios con los entretejidos de la corrupcion, y está claro que unos se venden por unos cuantos dólares, otros ponen tarifas mínimas a sus servicios, pero otros son más osados, ya que conocen  el valor que tiene la administración de justicia y las instituciones que representan; por ello saben negociar e intercambiar, la justicia, los favores, los privilegios y las investigaciones en curso, y las utilizan como arma para atacar o para defenderse.

Es así como se puede visualizar la fragilidad del sistema de justicia que tiene El Salvador, tal como lo ha planteado la Fiscalía, donde presuntamente el ex fiscal general Luis Martínez y varios funcionarios y exfuncionarios de todos los colores, están siendo investigados, unos ya condenados y otros con posibles condenas en curso. Es sorprendente el estilo de vida que se han dado estos funcionarios: compras extravagantes, vuelos en jet privados, remodelación de casas con recursos públicos, pago de deudas personales y de sus familiares.

Es decir, que este tipo de funcionarios que despilfarran los recursos públicos, no tienen decencia ni respeto y no digo como si fueran recursos de ellos, porque estoy seguro que no lo dilapidarían de esa forma si ese dinero proviniera de sus bolsillos. No obstante, estos personajes tienen un patrón en común: arribaron quebrados a la política, tienen un pasado de fracaso financiero, carente de éxito profesional y empresarial, traían sendas deudas personales en las que le debían dinero a las once mil almas.

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Pero cuando salieron de ejercer su cargo en el Estado, no solo ahorraron dinero, sino que cancelaron sus deudas, adquirieron vehículos flamantes, construyeron mansiones de lujo y se cambiaron a un mejor domicilio, adquirieron bienes por medio de testaferros, y no bajaron el estilo de vida que les adjudicó la corrupcion y las prebendas del dinero mal habido; por esa razón, el mejor negocio es volverse funcionario público. Ahora bien, creo que sigue habiendo funcionarios probos y rectos que no venden sus principios.

Sin embargo, es imposible costearse un estilo de vida con el salario de funcionario público, como el que se han dado Mauricio Funes, Luis Martínez, Tony Saca, o el de otros funcionarios que están siendo investigados por enriquecimiento ilícito. Ante este destape de corrupcion que está siendo investigado aún por la Fiscalía General, es importante que aquellos malos empleados y funcionarios públicos actuales o pasados, pongan las barbas en remojo y sepan que el brazo de la justicia, tarde o temprano, los va alcanzar y si no los alcanza por las múltiples argucias, lo cierto es que del brazo de la justicia de Dios no se escaparán jamás.


En consecuencia, la participación de la ciudadanía debe de jugar un papel más protagónico y enérgico, en el que presione a los diputados de las diferentes fracciones políticas para que elijan a funcionarios de segundo grado con cualidades intelectivas, probos, de moralidad notoria, rectos en su proceder. Que los diputados sean capaces de investigar el historial financiero de cada postulante, para entender cuáles son sus tendencias de gasto y de ingresos.

Lo anterior daría un parámetro importante para descifrar si el futuro funcionario hará buen uso de los recursos públicos o si es proclive a vender sus principios por salir de las múltiples deudas que posea, de tal suerte que estos filtros permitan elegir a funcionarios de segundo grado, por lo menos medianamente honestos.  Creo que estoy siendo utópico en la exigencia, sobre todo cuando analizo la realidad de cómo han elegido y como lo siguen haciendo,

dado que el país marcha mal, porque ya han pasado más de 90 días y seguimos sin tener Sala de lo Constitucional; las razones por las cuales está acéfala es porque los dados no han caído en las personas ideológicamente correctas de uno y de otro, es decir, que la elección de magistrados sigue siendo un show político; dentro de la lista hay personas probas y capaces que a lo mejor ni los vuelven a ver, porque ciertamente no están alineados a intereses partidarios y por ese pecado les será difícil que los tomen en cuenta.

Pero la razón de mayor peso del porqué están eligiendo cuidadosamente los diputados, es porque estos futuros magistrados pudieran ser los verdugos en los procesos de enriquecimiento ilícito que tienen algunos de ellos, y es ahí donde está el entrampe, porque no quieren volver a repetir la historia con los magistrados salientes, que no los pudieron controlar. Por ello debemos continuar presionando como ciudadanía.




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