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Editorial & Opinion

Las responsabilidades y compromisos de los diputados

Dr. Carlos Alberto Escalante Médico psiquiatra

viernes 2, noviembre 2018 - 12:00 am

Los  compromisos, las  responsabilidades, y la ética deberían de constituirse en  respaldo de todo funcionario que se considere apto para un cargo público y desempeñarse eficientemente respondiéndole al universo elector, y no a la  cúpula que lo propone.

El elector por su parte no debe de conformarse con lo establecido en  la constitución en lo relativo a requisitos. Sebe de exigir  mucho más, pensar  en su   cultura, pero no en lo que representa un título de grado  universitario u otro, sino en conocimientos amplios que lo definan para actuar con criterios de una sabiduría a toda prueba.  Recuerdo  una definición de cultura  expresada por el filósofo francés Jean Paul Sartre,  en el siglo pasado, la cual  reza de la siguiente manera: es “la conciencia en permanente evolución que el hombre extrae de los demás en el mundo en donde  vive trabaja  y lucha”.

El filósofo enfatiza, “en permanente evolución”. En esta perspectiva  el académico, el científico y el político tiene que estar al día con los conocimientos nuevos producto de investigaciones u observaciones de su entorno cercano  y mundo en general.

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Esa capacidad  de  la consciencia del ser humano  de evolucionar debe ir acompañada de  valores personales y sociales. Los valores en sí,  en un momento dado son características que llevan al individuo a actuar de múltiples maneras como  ser honesto, responsable, respetuoso, prudente, sincero y transparente, desprendido de las cosas materiales, practicar la lealtad en todo momento, etc.

Los valores son cualidades que hacen que una realidad sea  estimable o no.  Es decir,  son ideas y prácticas que comparten la mayoría de las culturas y o civilizaciones, y estos,  son los que enaltecen al ser humano, pues se trata realmente de virtudes. Obviamente, tal como dice Sartre, las costumbres  y las conductas cambian con la historia en su evolución; sin embargo algunos valores humanos que  son básicos  deberían de mantenerse inalterables.


Como corolario se desprende  que  en todo  funcionario debería de observársele  practicar  comportamientos que conlleven valores bien definidos. El Salvador ha cambiado en muchos aspectos, su gente igualmente ha cambiado. Las personas, esperan haber elegido y  elegir a  candidatos que estén al día  con la evolución de un país que busca ser más democrático y respetable.

La llamada  “cultura de la corrupción”, tiene que ser rechazada por todos porque lleva inserta  valores tremendamente negativos, que están retardando el  acercarse a un estado de mayor bienestar general a la población.

Estas líneas las escribo movido por una reacción personal    al  observar el accionar de funcionarios de todo nivel de este país. No me  refiero solo a la coyuntura de la  prolongada elección de los miembros de la futura sala de lo constitucional; me  refiero  igualmente a la  campana electoral; también es de esperarse  que  no haya  entrampamiento de las  próximas elecciones de funcionarios de segundo grado en la Asamblea Nacional.

En  tiempos y  situaciones normales, es deseable que los candidatos a  cargos públicos realicen en sí mismos una profunda introyección sobre cubrir los  requisitos ya  establecidos, pero también a partir  de hoy,   como se cataloga en materia de valores y virtudes que no están consignados para optar por un  cargo con amplia solvencia y con esa “cultura” a toda prueba, la  patria, lo agradecerá.




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