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Editorial & Opinion

Lengua de tierra

Jaime Barba / REGIÓN Centro de Investigaciones

miércoles 19, septiembre 2018 - 12:00 am

Con cada campaña electoral siempre salen a bailotear al centro de la pista los espectros que pretenden intimidar el buen juicio ciudadano, es decir, el pensar con cabeza propia acerca de todo lo que nos aqueja. Ésta que ya comenzó –enfrente de las narices de un indolente Tribunal Supremo Electoral, diligente para cancelar a Cambio Democrático pero lerdo para llamar al orden a todos por el adelanto de la puja electoral–, se presenta idéntica a las anteriores.

Los partidos políticos y sus operadores y sus publicistas y sus titiriteros vienen por nuestros huesitos, quieren que a troche y moche les creamos, una vez más, sus pomposas promesas de pedigrí electoral. Y lo triste, lo lamentable, es que por lo menos cerca del 50 % de los ciudadanos aptos para votar, pues entregan sin remilgos el cacaxtle de su voluntad y los aúpan.

Es maravilloso que una sociedad crucificada por intensas tensiones sociopolíticas tenga como punto cierto de convivencia la práctica electoral. Sin embargo, los procesos electorales que tienen lugar van perdiendo lo esencial de su propósito, que es contribuir a fortalecer la vida en democracia.

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¡Esto se parece más al Club de la pelea, la novela de Chuck Palahniuk!

Si tan solo los candidatos a las posiciones decisivas (presidencia y vicepresidencia) pusieran los pies sobre la tierra y dejaran de ofrecer cosas que hasta el menos letrado sabe que no es posible, pues algo se avanzaría o al menos no retrocederíamos.


Decir que la economía crecerá hasta en un 5 % es un buen propósito, incluso hasta una buena noticia que a todos llenaría de alivio. ¿Pero es eso posible sin hacer modificaciones estructurales? Pues no. Ergo, es un embuste. Un artilugio verbal para quebrar la incredulidad ciudadana. Anunciar que se incrementará la inversión pública de forma relevante, sabiendo que no hay de dónde sacar esos nuevos recursos, de inmediato, y de manera objetiva, ¿cómo se llama eso? Palabras vanas.

¿Qué significa hacer firmar a quien disputará la vicepresidencia un pacto de silencio acerca de los temas del aborto y el matrimonio igualitario? ¿Y en qué mundo viven?

Lo mismo podría decirse de un candidato a la vicepresidencia que al ser cuestionado por el periodismo incisivo se sale de cuadro y acusa a los jóvenes periodistas de seguir una agenda encubierta. ¿Y por qué no se sincera en sus respuestas y habla del crudo pragmatismo de sus posturas políticas?

Y qué decir de las declaraciones de un diputado en campaña afirmando, no obstante que todo está en contra de su partido y los candidatos que postula, que ya cuentan con 800,000 votantes decididos a respaldarlos. ¡Y eso para comenzar! ¿Y cómo hacen para hablar con esa ligereza y no ruborizarse?

Por suerte existen varias opciones: a) votar por cualquiera de los partidos-candidatos que la boleta propone, b) dejar la papeleta en blanco o anularla y c) no asistir a las urnas, opción que sigue siendo la mayoritaria, aunque algunos se nieguen a considerarla como legítima, dándole la espalda al sistema político entumecido que tenemos.

Habrá que esperar cómo se incrementa el desencanto después de este baño de realidad que significan los casos judicializados de los tres expresidentes.

Porque esto seguirá así hasta que el sistema político mude de piel y emerjan prácticas y expresiones políticas que se tomen en serio la responsabilidad cívica, que ahora es solo una mueca forzada que los funcionarios públicos hacen frente a las cámaras.

Todo indica que se está produciendo un acelerado proceso de cambio de preferencias electorales, las encuestas lo reportan, y habrá que ver si esto se concreta en las papeletas de votación.

Quienes antes fueron reyes de la pradera, ahora arrostrarán un difícil resultado; y quienes mucho antes tuvieron cuatro períodos consecutivos, al parecer no les alcanza la cobija.

Está por verse si será posible pasar de los dardos dispersos a la concentración de energías hacia propósitos que impliquen cambiar, en serio, el derrotero nacional. Aunque el anuncio, por parte de quien parece ser el candidato preferido según las encuestas, de un aeropuerto en el oriente del país, de un hospital en el norte no parecen ser grandes augurios.

En todo caso, mientras se siga haciendo bochornosa política local, mentirosa y marrullera, estaremos lejos de ser un pequeño país periférico que se empeña por abrirse paso con dignidad y entereza y seguiremos siendo considerados, cuando mucho, una lengua de tierra donde sus habitantes se agarran a dentelladas, hasta por las malas miradas.




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