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Editorial & Opinion

Lo que queremos del papa Francisco

Andrée Cardona / Periodista

miércoles 13, febrero 2019 - 12:00 am

Tal como se ha insistido en diferentes medios internacionales, la diplomacia pontificia debe ser firme, consisten­te y enérgica en condenar como Iglesia y además como un Estado que es, los atropellos que Nicolás Maduro ha come­tido en contra de madres, espo­sas, estudiantes universitarios así como también Daniel Ortega en Nicaragua que ha agredido parroquias, sacerdotes, religiosas y fieles laicos desde abril del año pasado que se intensificaron las protestas de opositores y ciudadanos que quieren un país más justo. En el Catecismo de la Iglesia Católica se habla de los derechos humanos en los numerales 2237, 2238 y 2239 en resumen se habla que los derechos humanos deben estar garantizados por los gobernantes en el mundo, la Iglesia debe ser vigilante para que esto tenga cumplimiento. El Papa Francisco y el clero mundial citan muy seguido a San Oscar Romero y su ferviente lucha por la consecución de la justicia, la libertad y derechos humanos, pero para ello uno debe ser coherente en lo que se dice, piensa y hace.

Dicho lo anterior, es imposible ser seguidor de San Romero y callar frente a las censuras a medios de comunicación o amenazarlos, no se puede ser indiferente de toda la cantidad de mujeres que son madres y ya no tienen a sus hijos con vida por diferentes circunstancias, un católico no puede callar cuando agreden templos parroquiales o peor aun, los profanan los militares y/o policías que son obedientes a las autoridades gubernamentales de dicho territorio.

En la carta encíclica Deus Caritas Est del Papa Benedicto XVI en el numeral 28 él expresa que la Iglesia no puede quedarse indiferente en la lucha por la justicia, esto implica que los Obispos y el Papa deben ser más protagónicos con la sociedad, con su gente, con los fieles que hacen Iglesia diariamente. Es alarmante un informe de Cáritas Venezuela que se presentó el año pasado, en el que señala que la migración ha ido en aumento tomando datos de parroquias en: Miranda que en marzo 2018 tenía un porcentaje de 34 % y en julio del mismo año subió 4 %, así como también el Estado Lara que en marzo 2018 tenía un porcentaje de 46 % y en julio del mismo año subió 10 %. Es también triste que la ayuda humanitaria enviada de buena voluntad a Venezuela no termina de ingresar, cuando Cáritas ha dado a conocer porcentajes de la desnutrición infantil (niños menores de cinco años) los estados consultados fueron: Caracas, Zulia, Lara, Miranda, Carabobo, Sucre, Vargas y se dice: 34 % de niños están en riesgo de desnutrición, 17.8 % tienen desnutrición leve, un 13.5 % tienen una desnutrición moderada y un 34.9 % no tienen un déficit nutricional.

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La Santa Sede debe alzar la voz, para que los católicos venezolanos y también los de Nicaragua no se sientan solitarios sin el acompañamiento de obispos y además del Pontífice, el papa Francisco, porque la Iglesia no se limita a las cuatro paredes de una parroquia, sino que la iglesia son las que le dan vida: sacerdotes, religiosos/as, fieles, grupos parroquiales, catequistas, misioneros y tantos más que hacen que la Iglesia Católica siga firme.

Se debe tener discernimiento y madurez para no ser cizaña queriendo dividir opiniones queriendo poner sellos ideoló­gi­cos al Obispo de Roma en esta situación, la Conferencia Episcopal de Venezuela ha manifestado en diferentes oca­sio­nes el cese de la violencia y represión, estando ellos en obediencia al Papa. Una condena enérgica de la Secretaría de Estado de la Santa Sede además de la condena del Papa Francisco para denunciar estas injusticias devolvería la esperanza a millones de personas para rezar, para vivir la santa misa, para confiar en sus sacerdotes y no dejarlos. La Secretaría de Estado Vaticana, a través del Cardenal Parolin debe ser firme en exigir el cese de represión en Nicaragua y Venezuela, así como debe condenarse cualquier tipo de represión en cualquier país del mundo. La diplomacia pon­ti­ficia debe involucrarse para que se trabaje en un gobierno de transición y se llame a unas nuevas elecciones ver­da­de­ramente democráticas, permitiendo previamente el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela. La diplomacia pontificia ya conoce bien la situación humanitaria de dicho país, hace poco personal de la Cancillería Vaticana recibió a una comitiva del Presidente Guaidó, apelemos a que el Papa pueda razonar y exigir el cese de la represión.





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